Publicado el 5 Junio, 2010 a las 3:53 am

Ingreso Ético Familiar de Piñera: Una propuesta que agudiza la pobreza

Por Marcel Claude
Economista

La desigualdad y la pobreza son una característica muy propia del modelo económico chileno que impera desde los tiempos de la dictadura militar y que su fundamento básico es la acumu­lación de capital y la concentración del ingreso en un reducido número de chilenos que nos permite, como país pobre, exhibir a cuatro chilenos dentro de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes, entre los cuales está nada menos que el Presidente de Chile, Sebastián Piñera.

La base de este mecanismo de empo­brecimiento de muchos y la concentra­ción de la riqueza en manos de unos pocos, es la explotación indiscrimina­da de nuestros recursos naturales y las pésimas condiciones laborales que incluyen salarios realmente inadecua­dos, en relación con las verdaderas necesidades que tienen los chilenos. El cobre, los bosques los recursos pes­queros se extraen en grandes volúme­nes, mientras el aire y el agua se recar­gan de químicos altamente peligrosos, para mantener condiciones de privile­gio de compañías nacionales y multi­nacionales, mientras más del 80% de los chilenos se las tienen que arreglar con escuálidos y reducidos ingresos para en­frentar sus necesidades básicas y vitales.

Ante esta situación, el país escuchó el dis­curso presidencial del presidente Piñera -el 21 de mayo pasado- y, necesariamen­te debemos reconocer que su propues­ta no da cuenta de una administración política que quiera dar el gran salto al desarrollo para el 2020. No sólo propuso un Ingreso Ético Familiar –que no es ni ético ni estético- totalmente insuficiente, sino que también, estableció condiciones extremadamente difíciles para quie­nes logren alcanzar ese mínimo ético.

El Ingreso Ético Familiar, propuesto por Piñera, es menor al 30% de lo que necesita una familia chilena para satisfacer en un grado mínimo inferior sus necesidades básicas, sin con¬siderar la educación y la salud dentro de esas necesidades.

El presidente planteó que, además, esto tomará tiempo, como si las necesidades mínimas del diario vivir puedan esperar el tiempo que el presidente se tome para implementarlas. En la breve referencia que hace sobre este tema él planteó “… hemos puesto en marcha un completo plan para atenuar las consecuencias de la pobreza, cuya principal medida es la implementación del Ingreso Ético Familiar que, a través de diversas transferencias gubernamentales, su­plementará el ingreso autónomo de las fami­lias más pobres y de clase media vulnerable, de manera que puedan superar o evitar caer en la pobreza. Este Ingreso Ético Familiar lo hemos estimado en 250 mil pesos para una familia promedio de 5 personas. Esta inicia­tiva va a requerir una completa revisión y perfeccionamiento de la Ficha de Protección Social, de manera de no castigar a aque­llas familias que se esfuerzan y progresan”.

Más adelante expresa “Porque no que­remos transformar a los más pobres en sujetos pasivos y dependientes del Estado, el otorgamiento del Ingreso Ético Fami­liar estará condicionado al cumplimiento de requisitos básicos, como que los niños tengan sus exámenes y controles de salud al día y que asistan regularmente a la es­cuela o que quienes tengan edad para tra­bajar estén trabajando, capacitándose o buscando trabajo. Porque ninguna ayuda estatal puede reemplazar el esfuerzo que la propia familia haga para salir adelante”.

Evidentemente, dadas las precarias con­diciones que los más pobres de entre los pobres viven, lo más probable es que sean muy pocos los pobres que puedan alcanzar a tan generoso Ingreso Ético Familiar, pues si de algo sufren esos sec­tores es de la falta de permanencia de sus hijos en el sistema escolar, muchos no buscan trabajo por falta de estudios o expectativas de encontrarlo y de la salud ni hablar pues es muy dudoso que es­tos sectores le den prioridad a la salud.

Resulta extraordinariamente curioso que Chile estime la pobreza en un 13,7%, mientras en un país como Canadá, cuyo estándar de desarrollo es considerado uno de los más altos del mundo y que ocupa el primer lugar entre todos los países de acuerdo al Informe del Desarrollo Humano de 1997, el 17,4 % de la población se encuentra por debajo del umbral oficial de la pobreza elaborado por Canadá.

Pero no sólo eso, si consideramos que la línea de pobreza establecida por MI­DEPLAN en el año 2006 para estimar el número de personas que sufrían dicho flagelo, era de 47 mil pesos mensuales aproximadamente, hoy en día esa cifra, dado el incremento de los precios (el IPC), debería estar –más o menos- en 54 mil pesos por persona. En consecuencia, 250 mil pesos mensuales como ingreso familiar no cubrirían las necesidades que supuestamente –de acuerdo a la línea de pobreza- se requerirían para que una familia y sus miembros no sean considerados pobres, puesto que, dicho Ingreso Ético Familiar, si le creemos a la línea de pobreza, debería ser de 270 mil pesos aproximadamente. Obviamen­te, la propuesta del gobierno no cubriría las necesidades para que una familia salga de la pobreza y sólo contribuiría a mantener o agudizar dicha condición.

Ahora bien, si nos ponemos un poco más exigentes y pensamos en los costos reales mínimos que una persona requiere para satisfacer en grado menor sus necesida­des, incluyendo energía, alimentación, vestuario, habitación, un mínimo de recreación y partimos de un supuesto –algo heroico- de que la educación y la salud pública cubren eficazmente esa necesidad, la propuesta del presidente Piñera ya tendríamos que considerar­la dentro de las propuestas indecentes que tantas veces hace la clase políti­ca cuando gobierna, más no cuando postula a los altos cargos del Estado.

En el 2002, la Fundación Terram publi­có un estudio (Determinación del nuevo umbral de la pobreza para Chile) que daba precisamente cuenta de esas ne­cesidades mínimas, llegando a una cifra mensual de ingreso mínimo por perso­na que hoy en día, ajustado por el au­mento de los precios, llegaría a 185 mil pesos mensuales aproximadamente. Es decir, un Ingreso Ético Familiar, no de­bería ser inferior a 950 mil pesos men­suales para una familia de 5 personas.

Queda más o menos claro que la pro­puesta de Piñera y sus economistas expertos en pobreza que –dicho sea de paso- deben tener un salario muy supe­rior a ese mínimo de 950 mil pesos, es francamente insatisfactoria, indudable­mente mezquina y no se hace cargo de las necesidades reales de los chilenos. Y que la pobreza real en Chile, es decir, el número de personas que no pueden sa­tisfacer ni en el mínimo sus necesidades seguirá estando por sobre el 70%, pues­to que dudosamente en Chile existe más de un 30% de chilenos que logren un ingreso mensual por sobre los 185 mil pesos. De hecho, para ingresar al grupo mejor remunerado del 70% de chilenos que podemos calificar como pobres o in­suficientemente satisfechos en sus nece­sidades, es necesario tener un ingreso mensual de 190 mil pesos aproximada­mente, tomando como base las cifras de MIDEPLAN ajustadas por el IPC.

Aplicando la misma metodología que se utiliza en EE.UU. para medir la pobreza, el nivel de pobres en Chile ascendería a casi el 30%, es decir, casi tres veces más. La pregunta es ¿Por qué se utiliza la misma metodología para medir la macroeconomía en Chile y en EE.UU. y no la misma metodo¬logía para medir la pobreza?
Extraido de Diario Uno

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Publicado el Sábado 5 Junio 2010 a las 3:53 am
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