Publicado el 3 Febrero, 2012 a las 12:20 am

El creacionismo y la dominación, vigencia de Kropotkin

“Caminante, no hay camino
se hace camino al andar…
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.”
A. Machado

Si bien las primeras sociedades esclavistas justificaron la dominación y la jerarquía con la existencia de seres celestiales creadores de todo cuanto existe sobre la Tierra, que dictaban el orden social, a partir de un momento dado la esclavitud y la jerarquía se empezaron a justificar también por la propia naturaleza.  Aristóteles ya afirmó que la superioridad del hombre sobre la mujer, sobre l@s niñ@s o sobre los extranjeros eran cosas naturales, y durante veintitantos siglos el pensamiento humano ha mantenido la inferioridad social de la mujer por la naturaleza ‘inferior’ del sexo femenino, etc. etc.

intentando ilustrar al creacionismo

Así no es de extrañar que cuando las teorías sobre la evolución de las especies irrumpieron en el mundo científico en el siglo XIX, enseguida estuvieron mediatizadas por su aplicación al orden social, para tratar de justificar la dominación y la jerarquía social. Dos escuelas de pensamiento sobre la evolución se enfrentaron entonces, la que representaba Darwin y la que representaba Kropotkin. En el capítulo 1 de El Asalto al Hades traté de explicar la vigencia de la teoría de Kropotkin en línea con la teoría actual de la simbiogénesis (Lynn Margulis), la autopoyésis y la autorregulación (Maturana y Varela).

Los  darwinistas  argumentan  su  teoría  con  la  evidencia  visible de  la  depredación  entre especies y la supervivencia del más fuerte o del más apto;  y postulan contra las supersticiones y creencias en entes sobrenaturales todopoderosos.  Los creacionistas por su parte, se apoyan también en esa aparente violencia de la naturaleza abandonada a sí misma, para proclamar la necesidad   de un gran diseñador (dios, ser supremo, universo consciente, gobierno mundial totalitario, etc.) que es quien en realidad supuestamente pone orden entre los seres vivos;  por eso los creacionistas son los más que nos bombardean con documentales sobre la depredación entre especies, para que la gente vea en la naturaleza violencia, desconfíe de ella y busque amparo en dios o en la inteligencia artificial.
Sin embargo, la depredación entre especies es una fenomenología secundaria, con respecto a la fenomenología básica de la vida.  Voy a tratar de explicar lo que quiero decir.

Los chilenos Varela y Maturana

Como explicaron Maturana y Varela, los seres vivos somos sistemas ‘cerrados’ y al mismo tiempo ‘abiertos’.  Por ‘sistema cerrado’ se entiende la capacidad de autorregulación de cada ser vivo,  y de cada órgano, célula, orgánulo, etc.,  que constituye un ser vivo.  Pero ese ‘sistema cerrado’ al mismo tiempo es un sistema in-formacionalmente ‘abierto’, es decir, que se formó y se fijó en la cadena evolutiva interactuando e intercambiando materia y energía con los sistemas de su entorno inmediato, incluyéndose así en la cadena de los seres vivos.  Sin esta dinámica in- formacional,   sin este modo de formarse en interacción permanente solidaria con otros seres vivos, ningún ser vivo hubiera podido fijarse en el ecosistema, ni podría hoy mantenerse vivo. La interacción solidaria entre los seres vivos es pues una cualidad in-formacional, un fenómeno masivo,  básico,  general,  inherente  a  cualquier  forma  de  vida, con  respecto  al  cual,  la depredación  resulta  secundaria.   Lo  grandioso  de  la  vida  y  de  su  dinámica  evolutiva, es precisamente la armonía entre el ‘cierre’ de un ser vivo y el tipo de ‘apertura’ que no solo no impide  sino que favorece su  ‘cierre’, su autorregulación.  La evolución es la historia de ese encaje  armonioso entre la  autorregulación  de  cada ser  vivo  y  su  relación  con  los  demás, una evolución que necesariamente fue de lo simple a lo complejo y sin diseño previo, sin caminos predeterminados; de los encadenamientos más simples a los más complejos, lo que de paso nos sirve para entender la organizáción sinérgica y no jerárquica de los seres vivos, por grande que sea su complejidad.

Kropotkin anotando alguna weá

Lo que Kropotkin observó en las estepas rusas en el siglo XIX a nivel macroscópico, fue lo mismo que observó Margulis en la vida microscópica de las bacterias, y que llamó simbiogénesis.  Quizá yo no sea capaz de explicar esto bien, en sus términos correctos, y quizá sea necesario que lo hagan otras personas con más conocimientos de los que yo tengo;   pero es imprescindible que se entienda lo que es la vida, para centrar el debate y situar la depredación como una fenomenología secundaria con respecto a la fenomenología básica de la vida.

La simbiogénesis de Márgulis   (que aunque ninguneada, hoy está académicamente reconocida) explica la génesis de una forma orgánica por la simbiosis de dos formas orgánicas más simples.  La célula eucariota fue el resultado de la simbiosis de una célula sin núcleo con una bacteria.   La célula eucariota resultante de la simbiosis integró y fijó la interacción cooperativa entre dos formas orgánicas autónomas (la célula sin núcleo y la bacteria). Al principio esta teoría fue rechazada, pero cuando se encontró una bacteria fósil con la misma estructura que la del ADN mitocondrial (o  de los plastidios del mundo vegetal), se consideró demostrada la simbiogénesis, la teoría evolutiva desarrollada por Márgulis.

Y sin embargo yo creo que la prueba más evidente del mecanismo simbiogenético de la evolución, es la propia forma sinérgica de organización de los conjuntos de sistemas que forman todos los organismos vivos, desde los más simples hasta los más complejos.     La sinergia, a diferencia del tipo de organización jerárquico que sustenta las relaciones de dominación que va de arriba abajo, se construye desde lo simple a lo complejo y con el impulso de las formas más simples de vida.

El  sorprendente  funcionamiento  de  los  conjuntos  hipercomplejos  de  sistemas,  órganos, células, moléculas, etc., con millones de relaciones simultáneas, en todas las direcciones y en todos los sentidos, en todos los niveles de organización (molecular, celular, etc.), de un modo unísono y armónico, se explica por el mecanismo simbio-genético de integración de lo simple en lo complejo, según el cual el desarrollo de la forma simple es quien hace la unión para constituir una forma más compleja.
La sinergia se hace desde lo simple y con el impulso de la forma de vida más simple, cuya autorregulación y dinámica propia no se anula sino que pasa a formar parte de lo más complejo. Por eso cada parte que integra un organismo complejo ‘sabe’ lo que tiene que hacer y lo hace sin que nadie se lo diga, sin línea de mandos ni jerarquía. La vida y su diversidad es una filo-génesis de 3 ó 4 mil millones de años; es así, funciona así y no tiene parangón con diseño artificial alguno.  La ayuda mutua explicada por Kropotkin se ha confirmado en la vida microscópica, explicando la evolución de todas las formas de vida como un proceso de asentamiento de la interacción cooperativa.

La simbiogénesis nos permite también entender la autopoyesis, la capacidad de la vida de hacerse a sí misma.  La dinámica de la simbiogénesis muestra la ausencia de predeterminación, de modelo o camino establecido; que en la evolución no ha habido ni hay nada predeterminado, sino que son los fenómenos los que se suceden unos a otros (como también explicó Kropotkin) y que dan lugar a la diversidad de las formas y ecosistemas, (necesariamente interrelacionados); una variedad y una diversidad de formas cuya panorámica de conjunto nos muestra el camino y el mecanismo de su formación.

Creo que es importante decir que la no predeterminación no quiere decir azar. El camino no está definido, pero tampoco se hace al azar, porque es el fenómeno que precede el que hace el siguiente, la pulsión como diría Reich de cada corpúsculo de vida que hace la pulsión sinérgica del conjunto; es el movimiento el que abre el camino. Tampoco son los límites lo que hace el camino, sino la pulsión interna la que determina, dentro del abanico de posibilidades de un ecosistema, por donde ir (como tampoco son los límites los que determinan la naturaleza de una relación entre dos personas; la vitalidad de un niño de una aldea del Atlas, puesta en evidencia por el brillo de sus ojos, no está determinada por los límites en los que vive, sino por el libre desarrollo de sus pulsiones).

A veces también he escuchado el argumento de que la similitud de las formas, como la de las espirales o las estructuras helicoidales, es una prueba de que responden a un diseño predeterminado.  Una vez más aquí se invierte la relación causa-efecto: la espiral o la estructura helicoidal lo que muestran es el movimiento pulsátil de la vida, la huella de la pulsación de todo corpúsculo de vida, que fija ese tipo de formas.  Lo mismo que el movimiento de todas las partículas de materia producen a menudo ondas.   Machado lo explicaba muy bien con sus versos:  no hay camino, se hace camino al andar/ caminante, no hay camino sino estelas en la mar.  Las espirales y las estructuras helicoidales son las estelas que deja la vida en el caminar de su evolución.

Aunque no tengamos conocimientos de la vida microscópica o de lo que sucede en los espacios interestalares, desde mi punto de vista, creo que la experiencia sensible directa es suficiente para entender cómo funciona la vida.   Lo que nos impide entenderla es el distanciamiento de la naturaleza que esta civilización ha acarreado, un distanciamiento físico y conceptual: son muchos siglos de pensamiento humano creyendo en la superioridad de nuestra especie y en su destino de dominar al resto de las especies (como dice la Biblia), creyendo en una naturaleza superior del hombre con respecto a la mujer y sobre l@s niñ@s,  o de unas razas sobre  otras,     etc.;  muchos  siglos  pensando  la  diversidad  en  términos  de  jerarquía  y jerarquizando las diferencias, estableciendo jerarquías entre las diversas funciones.

Muchos siglos anulando la capacidad de complacencia y de confusión con la carne de mi carne, destruyendo los sistemas y los mecanismos diseñados por la filogénesis para la interacción cooperativa; en   definitiva, muchos siglos con la noción de la dominación destruyendo la noción de la vida.   Las cosas de la vida antes no producían perplejidad a la mente humana (ni que de las ramas brotaran tallos, ni que de un capullo naciera una flor de vivos colores y luego un sabroso fruto, ni que una hembra mamífera gestara, pariera y criara un nuevo ser),  ni como decía Bachofen causaba extrañeza el realce de la madre,   porque la vida se explica y se entiende por sí misma.

La autorregulación es una cualidad de la vida, y la autopoyésis, como explicó Humberto Maturana, es esta misma cualidad de la vida de hacerse a sí misma, sin diseñador ni creador. La necesidad de un creador o de un diseño predeterminado es una necesidad de la mente humana que se ha distanciado de la vida, necesidad elaborada y conculcada con fines perversos por las élites dominantes.

También, como decía antes, sigue vigente Kropotkin en este aspecto: sin llegar a acuñar un nuevo concepto, también habló de la autopoyesis y de la indeterminación de los fenómenos:

Lo que se llamaba ‘Ley natural’ no es más que una cierta relación entre fenómenos que vemos confusamente… es decir, si un fenómeno determinado se produce en determinadas condiciones, seguiríase otro fenómeno determinado. No hay ley alguna aparte de los fenómenos: es cada fenómeno el que gobierna lo que le sigue, no la ley. No hay nada preconcebido en lo que llamamos armonía de lo natural. (…) Este fenómeno perdurará siglos porque la adaptación, el equilibrio que representa, ha tardado siglos en asentarlo.

Y también:

Tras fijar toda su atención en el sol y los grandes planetas, los astrónomos están empezando a estudiar ahora los cuerpos infinitamente pequeños que pueblan el universo. Y descubren que los  espacios  interplanetarios  e  interestelares  se  hallan  poblados  y  cruzados  en  todas direcciones   imaginables   por   pequeños   enjambres  de  materia,  invisibles,  infinitamente pequeños cuando se consideran los corpúsculos por separado, pero omnipotentes por su número.

Son estos cuerpos infinitamente pequeños… los que analizan hoy los astrónomos buscando explicación… a los movimientos que animan sus partes, y la armonía del conjunto. Otro paso más, y pronto la gravitación universal misma no será más que el resultado de todos los  movimientos  desordenados e incoherentes de esos cuerpos infinitamente pequeños: de oscilaciones de átomos que actúan en todas las direcciones posibles. Así, el centro, el orígen de la fuerza, antiguamente trasladado de la tierra al sol, vuelve a estar hoy desparramado y diseminado.  Está  en  todas  partes  y  en  ninguna.  Como  el  astrónomo,  percibimos  que  los sistemas solares son obra de cuerpos infinitamente pequeños; que el poder que se suponía gobernaba el sistema es él mismo sólo resultado de la colisión de estos racimos infinitamente pequeños de materia; que la armonía de los sistemas estelares sólo lo es por consecuencia y resultante de todos esos innumerables movimientos que se unen, completan y equilibran recíprocamente.  Con esta nueva concepción, cambia la visión general del universo. La idea de que una fuerza gobernaba el mundo, de una ley preestablecida, de una armonía preconcebida, desaparece y deja paso a la armonía que vislumbró Fourier: la que resulta de los movimientos incoherentes y desordenados de innumerables agrupaciones de materia, cada una siguiendo su propio curso y manteniéndose todas en equilibrio mutuo.

Parecía imposible una regresión del pensamiento científico al creacionismo, pero es lo que está sucediendo, y hoy ni siquiera existe el rescoldo del enfrentamiento entre Darwin y Kropotkin, una vez invisibilizado, arrinconado y desprestigiado el funcionamiento propio de la vida (el apoyo mutuo, la simbiogénesis). Ahora la polémica se establece entre el darwinismo y el creacionismo, para seguir sustentando la dominación,  allanando el camino de la dominación totalitaria fascista.

Desde  mi  punto  de  vista  y  de  mis  escasos  conocimientos,  ni  el  darwinismo  ni  el creacionismo  explican  cómo  es  la  vida,  cómo  funciona  y  como  ha  evolucionado;     y precisamente por eso sirven para justificar la dominación y la jerarquía social.  Y con esto no quiero decir que todos los darwinistas o todos los creyentes en un creador del universo, estén a favor de la esclavitud.  Pero sí que dichas teorías sirven para justificarla o para encubrirla.  El darwinismo sirve para justificar una jerarquía y una dominación que quedaría al arbitrio de las aptitudes o la capacidad de  un@s para imponerse sobre l@s demás. Las creacionistas intentan justificar una dominación más absoluta, en la que cada cual tendría su misión definida por el creador (llámese Ser Supremo, Dios, Universo consciente, etc.etc.):  pues en un orden cósmico establecido y predeterminado, también está predeterminada la función y la misión que cada cual debe cumplir y que se transmite por la línea de mandos, en cuya cúspide estaría el creador y en el grado inmediato inferior sus mensajeros y sus intérpretes, y luego toda una variedad de funcionarios encargados de vigilar que cada cual cumpla su misión, por las buenas o por las malas.

El creacionismo es la justificación de un tipo de sociedad esclavista como la antigua hinduista (Código de Manú, etc.), en la que además, o en lugar, de prohibir tal o cual cosa, se encomienda  una misión que cumplir. Mientras que los códigos de prohibiciones de cosas concretas deja un margen de maniobra para lo demás, la misión esclaviza la vida de un modo absoluto, por más que a cambio te ofrezcan ‘la paz de los muertos’, la tranquilidad de la protección del Poder: ‘el Sol de la tranquilidad’ que está detrás de todos tus actos y que te acompaña, como dice el anuncio publicitario.   La misión que captura y somete la vida entera de  una  persona  es  peor  para l@s  esclav@s  que  la  retahila  de  órdenes  concretas,  porque esclaviza más, pero es mejor para el Poder porque es más eficaz en términos de extorsión y saqueo de la vida. Y da lo mismo que no se emplee la palabra ‘esclavo’, las cosas son lo que son aunque se las cambie de nombre.

Cuando el totalitarismo se pretende un reflejo de la armonía de la naturaleza (el estado nacional-sindicalista  de  Franco,  cuya  base,  según  decían,  eran  los  sindicatos  ‘verticales’, también se llamaba a sí mismo ‘democracia orgánica’), tiende a justificar la eliminación de todo lo que se sustraiga a   su ‘armonía’, de todo lo que pretenda moverse por sí mismo al margen de la línea de mandos vertical.  Todo lo que se sustraiga del pensamiento y del mando único se convierte en basura a eliminar:  por eso el exterminio  ha sido inherente al fascismo y por eso el fascismo como filosofía es intrínsecamente perverso para la humanidad.

Al definir desde arriba lo que cada vida humana debe realizar, se tiene que bloquear la dinámica interna de esa vida; por eso el Tabú del Sexo está históricamente asociado a la esclavitud, y por eso ahora se recrudece dicho Tabú con nuevas estrategias y se impulsa la congelación del sistema libidinal humano, para una mayor represión de los sentimientos y de los mecanismos del funcionamiento sinérgico de la vida; estrategias que presentan las pulsiones sexuales como lo contrario de lo que son, como algo perverso y como generadoras de conflictos y de violencia, por lo cual estamos obligad@s a someterles a un control llamado eufemísticamente ‘inteligencia’ o ‘control emocional.

El creacionismo claro está, no tiene en cuenta la autopoyésis ni la simbiogénesis ni la sinergia como organización resultante del proceso evolutivo, una sinergia que se construye con el movimiento pulsátil, propio e interno y autorregulado de cada ser vivo (por eso convierte el deseo materno en un método). Por el contrario, tiene un especial interés en mostrar a los seres vivos sin dinámica propia y la jerarquía como algo natural, porque detrás del creacionismo en todas sus variantes, hoy como ayer, está la justificación de la dominación.

Un importante aspecto de la cuestión es, como siempre, la confusión semántica de las cosas.   El creacionismo moderno sostiene que Dios no es otra cosa que la energía del universo, la energía de los seres orgánicos, la energía sexual, etc.  Esta confusión semántica en realidad sirve para meternos un gazapo:  la predeterminación. Asociar la noción de energía a un diseño predeterminado resulta un poco difícil, en cambio es muy fácil asociarlo a la noción de Dios, que es justamente la noción del diseñador o creador de todo cuanto existe.  Este es el gazapo, porque cuando se identifican Dios y energía,   se traslada la predeterminación de las cosas implícita en la idea de Dios a la materia/energía del universo, y nos dicen que el Universo es un ser consciente.  En realidad, la deificación de la energía lo que hace es pervertir la noción de la energía, lo mismo que la deificación de la mujer neolítica pervierte la noción que su imagen nos transmite.  La deificación es una estrategia para interceptar la percepción de las cosas, de las mujeres prepatriarcales o de la energía que de pronto adquiere la insólita cualidad de promover un diseño totalitario y predeterminado.

Y una vez  establecida la idea del Creador y la predeterminación de las cosas, ya solo tenemos que reconocer a sus nuevos sacerdotes, a las élites dominantes que actualizan los diseños, la inteligencia artificial, con sus guerreros y sus economistas,   que establecen   el régimen de creencias concretas (publicidad, sistema de enseñanza, pecado, karma, etc.), dictan lo que nos toca hacer (el darma, el modo de vida, el trabajo y el consumo) con todos sus rituales para que la ciudadanía acepte voluntariamente la rendición de sus vidas.

Esto no es una nueva estrategia, pues siempre se ha hecho misticismo de las producciones libidinales, las técnicas sublimatorias las han desarrollado todas las religiones del mundo, tal era su cometido.
En la arqueología por ejemplo, hay una avalancha interpretativa que afirma que la expresión de la sexualidad es la expresión de una creencia religiosa, estableciendo una relación automática entre ambas, lo que sirve por ejemplo para convertir de  un plumazo las antiguas venuses y damas  en diosas.  Este automatismo que encierra una descomunal falacia. Por ejemplo, Mircea Eliade (Histoire des croyences religieuses, Payot, 1975, pag. 45) refiriéndose a un yacimiento mesolítico, afirma sin ningún empacho:    ‘….el simbolismo sexual de los pilares en forma de falo es tan evidente que no se puede dudar de su significación mágico-religiosa.

Casila, la escritora de este texto

Por ello habría que pedir a la gente que sostiene creencias religiosas que aclaren lo que entienden y se desmarquen de las estrategias del Poder; pues de otro modo serán cómplices de las mismas. Ya va siendo hora de que los cristianos de base rompan con la Iglesia Católica, alineada históricamente con el fascismo, sobre todo en España, y que dejen de bautizarse, de hacer la primera comunión, de casarse y de enterrarse en su seno. También quienes reivindican el holismo de la vida y del universo, tendrían que desmarcarse de quienes identifican ‘holismo’ con  totalitarismo,  y utilizan  la  noción  de  ‘holismo’  como  un  eufemismo  del  totalitarismo fascista.
Yo, al menos hasta hoy, había entendido que holismo se refería a la interrelación sinérgica y armónica de todas las cosas de la naturaleza;    pero si  ‘holismo’ significa diseño predeterminado y/o  una la realidad hecha de estructuras jerárquicas piramidales y de relaciones de dominación, entonces habrá que denunciarlo como un nombre de guerra del totalitarismo fascista, que esconde su rostro lo mejor que puede.

La Mimosa, marzo 2010,  corregido en La Granja, 6 de enero 2011

 

Escrito por Casilda Rodrigáñez Bustos

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Publicado el Viernes 3 Febrero 2012 a las 12:20 am
1 Comentario todo cagón

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Comentarios

  • Alfredo Antonio Rivas Vergara

    Me gusto su texto, pero como en cualquier lectura, estoy de acuerdo en algunas cosas y otras que no, de las cuales mencionaré las que “no”, porque tiene más sentido hacerlo: Colocar a la  “interrelación sinérgica”   como primaria ante la “depredación” no es algo que yo me atrevería hacer por muchas razones, puesto que es cierto que existen muchas relaciones cooperativas en la naturaleza, las hay más en la competencia: no observaríamos a “un leopardo corriendo detrás de un desesperado ciervo”, sino observaríamos a  “un ciervo dejándose comer una pierna por el leopardo”, porque hipotéticamente ese es el “puesto” que tiene el leopardo y el ciervo en la naturaleza. También me parece inoportuno que usted mencione al “darwinismo” y al “creacionismo” como “justificadoras”, toda corriente de índole científica no nacen para justificar los comportamiento, sino para explicar los comportamientos, lo cual tiene una gran diferencia, porque el primero involucra intrínsecamente términos morales, el segundo es básicamente lo que hace la ciencia: buscar la verdad, y en eso es lo que creo. Ahora si otros sujetos fuera de todo interés científico utilizan las teorías para justificarse o hacer de las suyas, no encuentro que sea culpa de los buscadores de verdades. De la misma forma como los mencionados sujetos podrían utilizar las enseñanzas de Sidarta o Jesús para dominar el mundo, podrían ocupar sus creencias sobre sinérgica para dominar el mundo. Soy de la opinión que no son las ideologías o las teorías las que hacen el mal, sino los intereses del hombres. 

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