Publicado el 28 Marzo, 2012 a las 2:40 pm

Hacia una visión integral de la ecología

La crítica

1. El ecologismo que, a esta altura de la historia y de la ciencia social, no critica ni combate la subsunción capitalista de la vida, sólo puede ser llamado ecologismo del capital.

2. La ecología del capital es aquel paradigma que tiene como ideal un capitalismo “verde”. El ecologismo del capital es aquel que se limita a exigir la actualización de la estructura productiva a tecnologías no contaminantes, la actualización de la matriz energética, el cambio de hábitos de consumo en la ciudadanía, y algún control del Estado sobre el accionar de las empresas sobre el medio ambiente. Objetivos que en esta situación de desmadre son progresivos y que debemos apoyar, pero que dejan a un lado la cuestión del sistema social en el que vivimos y su naturaleza esencialmente anti-ecológica. Esto último, por supuesto, es funcional a la agenda del nuevo sector capitalista que está surgiendo en torno a las tecnologías verdes (que ya tiene su propia corte de políticos, comunicadores e intelectuales, como Al Gore).

3. El ecologismo del capital podemos detectarlo en aquel discurso que no hace distinción entre la huella ecológica del ciudadano común y el verdadero ecocidio cometido por las grandes industrias; aquel donde la “toma de conciencia” se reduce a cambiar hábitos personales (y sólo en el terreno de lo cuantitativo: usar menos papel, menos agua, menos combustible, reciclaje) y no llega a la toma de conciencia socio-política sobre la actual forma de organización social, siendo que la organización social es el medio por el cual la humanidad se relaciona con la naturaleza[1].

4. El ecologismo del capital, en resumen, oculta el problema del modo de producción y sobredimensiona el problema tecnológico, reduce los problemas sociales a problemas personales, mete a toda la población humana en la misma bolsa[2], transforma los problemas prácticos a problemas de conciencia.

La renovación

6. El ecologismo entendido de manera integral defiende simultáneamente a la naturaleza exterior y a la naturaleza humana. Los derechos de la naturaleza son los derechos humanos como parte que somos de la naturaleza. Los derechos humanos son los derechos de la naturaleza humanizada.

7. La subsunción capitalista de la actividad humana comprende a la subsunción capitalista de la actividad científica. La ciencia de la vida, la biología, está dominada por un paradigma parido por el sistema social alienante en que vivimos: me refiero al darwinismo. No podemos defender consecuentemente una relación armónica entre humanidad y ecosistema dentro de un paradigma que legitima el exterminio o la dominación de una especie (o de una población) por otra, la competencia y el intercambio como única relación entre los seres vivos. Debemos conocer, apoyar y –por qué no- nutrir aquellos paradigmas alternativos que, marginados y hasta reprimidos dentro del ámbito académico, se orientan a la unión del conocimiento científico de la vida con la defensa de la misma.[3] No se trata de una lucha entre partidarios de distintas teorías, sino de una lucha por abrirse paso entre la ideología y llegar a la verdad.

8. La renovación programática del ecologismo inevitablemente significa renovación en la estrategia y en la praxis cotidiana de los colectivos ecologistas independientes y de las organizaciones sociales que luchan en defensa de la salud y el medio ambiente. Esta renovación consiste en:

* Enfoque global y transdisciplinario. La parte siempre en relación con el todo, el todo mayor que la suma de las partes. La complejidad de la vida no es reductible. Cada unidad es un sistema, cada sistema es un subsistema. Todas las disciplinas miran un aspecto de la realidad, estas distintas miradas deben ser integradas armónicamente para lograr una mirada integral.

* El “medio ambiente” no es sólo natural, también es social y cultural. Llevando consecuentemente a la práctica el conocimiento de la influencia de cada parte en el todo y viceversa, no podemos ser mudos ante temas económicos, tecnológicos, políticos, científicos y culturales que tengan su repercusión en nuestro estilo de vida, en la actividad productiva, y en nuestra salud no sólo física sino también psíquica.

* ¿Es casualidad que en toda lucha ecológica importante de un lado veamos a un colectivo de gente común y del otro a grandes empresas apañadas por el Estado? No, no lo es. La primacía de los intereses capitalistas por sobre los de la mayoría de la población no podrían mantenerse sin el monopolio de la fuerza pública y de la legalidad por esa minoría explotadora (no otra cosa es el Estado). EL ESTADO NO ESTÁ AUSENTE, ESTÁ PRESENTE PERO DE PARTE DE LAS CORPORACIONES CAPITALISTAS.

* Toda lucha ecológica es una lucha política pero no en el sentido político-partidario, sino en el sentido amplio de luchar por el poder de decisión sobre lo que afecta a nuestras vidas. Defender el medio ambiente significa defender la posibilidad de una vida digna para nosotros y para las siguientes generaciones.

* El planteo de un nuevo sistema social basado en una relación armónica de la humanidad consigo misma y con el ecosistema siempre debe estar en la mira, mientras tanto se trata de modificar la correlación de fuerzas en el presente sistema. Esto significa pugnar por intervenir en la planificación urbana de nuestras comunas/ciudades/regiones y en las grandes decisiones nacionales y mundiales de manera independiente. La lucha va de menor a mayor: resistir al actual modelo, presionar a sus gerentes para que reviertan las medidas más dañinas; luchar por el control popular de la planificación urbana y de las grandes medidas económicas; luchar por la co-gestión; y por último, luchar por la autogestión.

* La ecología no se termina cuando termina la asamblea. Modificar hábitos anti-ecológicos (no sólo para el medio ambiente, como es derrochar el agua, sino para el propio cuerpo, como es la comida chatarra) es el complemento necesario de luchar contra emprendimientos dañinos al medio ambiente (por ejemplo: la minería a cielo abierto, un maldito campo de golf en una zona semi-árida). Así como no debemos dejar que nos chantajeen con los malos hábitos de “la gente” para no luchar por lo que hace una empresa o un gobierno, tampoco debemos dormirnos en los laureles de tener la suficiente conciencia para luchar contra esos males y no tener ni una pizca de autocrítica y de voluntad de autosuperación en nuestra propia vida personal, en lo que comemos, en lo que consumimos, en nuestro trabajo. El movimiento no necesita de mesías ni de especialistas en la lucha social, necesita de gente común que lleve el estándar de la gente común a un nivel superior de autonomía.

Ricardo Fuego (CAI)


[1] Incluso personas y organizaciones que están lejos de pertenecer al sector capitalista “verde” pueden ser funcionales al ecologismo del capital cuando su visión y sus propuestas no superan este horizonte.

[2] Vivimos en una sociedad donde las decisiones más importantes sobre el destino de millones de seres humanos y del ecosistema en que viven son tomadas por un puñado de corporaciones que no son precisamente elegidas por voto popular. Así como diferenciamos las responsabilidades cuando se trata de nuestros gobernantes comunales, provinciales o nacionales, lo mismo debemos hacer a nivel global.

[3] La hipótesis de Gaia, el evolucionismo lamarckiano, el principio de la autopoiesis y la aplicación de la teoría de los sistemas complejos son algunos de estos paradigmas alternativos al darwinismo. Pueden encontrar resúmenes y referencias en www.somosbacteriasyvirus.com

Escrito por Ricardo Fuego

Extraido de Comunistas por la Autoliberación Integral (CAI)

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Publicado el Miércoles 28 Marzo 2012 a las 2:40 pm
1 Comentario todo cagón

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