Publicado el 28 Marzo, 2012 a las 7:24 pm

¿Quién asesinó a Daniel Zamudio?


El asesinato de Daniel Zamudio no es un hecho aislado, es el fruto de la educación autoritaria que nos inculcan desde pequeños en el hogar y en las escuelas, inundada de excesos nacionalistas, sexistas y homofóbicos, donde se promociona la competencia, el ganar a toda costa sin importar las consecuencias; nos invaden con el miedo a lo diferente, a lo desconocido, donde hablar de sexo abiertamente se considera inmoral, donde el amor a falsos valores como la sumisión, la humildad y la obediencia deforman nuestro espíritu tierno y crítico, que el hombre del saco, que el jugar con muñecas es de mariquitas, que llorar es de poco hombre, y así, poco a poco y violentamente nos condimentan con la suficiente maldad, que conscientes o no, provoca que lleguemos a los extremos de actuar brutalmente contra inocentes, la excusa muchas veces es lo de menos, esta vez ha sido supuestamente porque Daniel era homosexual, lo pongo en duda, la perversidad del ser humano después de tanta manipulación no necesita excusas para actuar de esta forma, la próxima vez será por el color de la camiseta de un club, antes fue por ser negro, o peruano, o mapuche, o por simplemente ser persona.

Hay que acabar con la raíz de todo este círculo de violencia, que no viene solo desde hijos de familias “disfuncionales” si no que dichas familias o hijos no hacen otra cosa que reproducir lo que sufren ellos y nosotros cada día desde las estructuras sociales de dominación, a través de una cultura militarista y misógina, donde el prejuicio crónico a lo diferente se considera una virtud, y en donde el más fuerte escribe con sangre la historia.

Es hora de que nos sinceremos como sociedad y no simplemente exigir condenas para los culpables de este horroroso crimen, es hora de que cambiemos nuestra forma de relacionarnos y mirar con otros ojos la vida: con los mismos ojos de nuestra infancia, cuando sonreíamos sin importarnos la preferencia sexual de quien nos miraba, de cuando corríamos sin importar caernos, de dormir y llorar sin preocuparnos de recibir un castigo por ello; no somos inmortales, no organicemos nuestra vida como si lo fuésemos, acumular, consumir y aparentar no nos hará libres ni felices.

No son los hijos de las familias disfuncionales, no, esa es la excusa fácil, el culpable es el Capitalismo y el Estado, la ambición y el garrote, militares, jueces y curas, hasta que no nos rebelemos contra las estructuras jerárquicas de poder, lamentablemente estas conductas que hoy nos entristecen se seguirán reproduciendo por mucho tiempo, solo depende de nosotros seguir estirando la cuerda o no, hablar claro es un buen comienzo, para que algún día las Cruces sean solo una playa cerca de Cartagena, y el Estado sea solo un mal recuerdo escrito en libros de la historia, de aquella maldita época.

Propagalo!

Publicado el Miércoles 28 Marzo 2012 a las 7:24 pm
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Comentarios

  • Mazursky

    El mundo les pertenece a los heteros y alardean esa libertad en nuestras caras. ¿Por qué tienen que venir a nuestros cumpleaños, nuestras fiestas, nuestros rituales, nuestras marchas, nuestras ceremonias? No queremos tolerarlos, ni deseamos su asquerosa dádiva gay-friendly llamada “apoyo”, “integración”, “respeto”, “diversidad”…
    No queremos sus leyes anti-discriminación.
    El mundo les pertenece a los heteros, y estamos en guerra contra su régimen. Se acabó el buen rollo, el diálogo y la buena onda.
    El mundo les pertenece a los heteros y no lo cederán voluntariamente. Habremos de tomarlo por la fuerza. Habremos de forzarles el culo para que lo hagan y lo abran.
    Comprende, es bueno que los heteros y sus amigos nos teman.
    No nos cansaremos de decirlo: los heteros son nuestros enemigos. Que el matrimonio igualitario, las leyes de unión civil e identidad de género, y todas esas limosnas de aceptación trivial no te convenzan de lo contrario. Con estas migajas heteronormales que nos arrojan a la cara intentan disciplinar nuestra desobediencia, intentan docilizar y conyugalizar nuestros anos, y volverlos monógamos, aceptables, desafectados, ausentes, bienpensantes y progresistas. ¿Hetero-anos o anos de fuego?
    Todas las conchas, pijas, culos, dildos, tetas, clítoris, puños, pieles son un mundo de placer que espera que lo exploremos.
    Lesbianas-maricas-estupendas, un ejército de anos no puede perder.
    Metete en el culo todo lo que en él quepa. Y para afuera, en sus caras de heterosexuales consternados: mierda y pedos.
    Una carcajada negra que suena diabólica y alegre brota de nuestros culos promiscuos.
    Odiamos a los heteros que se aparecen en nuestras fiestas prepotentemente con su capa protectora de monogamia, buenos deseos, pacifismo, tolerancia, integración y asquerosa heterosexualidad.
    No hay diálogo con el régimen déspota. No hay diálogo posible con los heteros porque no hablaremos en sus mismos términos. Si quieren conversar con nosotras, tendrán que abrir sus putos culos.
    Odiamos a los heteros porque creen que sus historias y su sexualidad, sus formas-de-vida son universales, y que las nuestras son una desviación a ser corregida, o bien una alternativa a ser tolerada y aceptada.
    No hemos olvidado ni una sola de las veces que nos atormentaron siendo niñitas mariconas o adolescentes marimachas. Ahora hemos crecido e iremos a buscarlos a sus casas de ser necesario. Hemos hecho de cada vez que algún hetero-niñito nos humilló un escudo empoderante para partirles la mandíbula de un golpe.
    No hemos olvidado ni una sola de nuestras maricaslesbianas muertas por su régimen heterosexual. Ni las suicidadas ni las asesinadas. Todas nosotras somos ellas, envalentonadas contra su régimen de odio, que no tiene más sotén que la fuerza.
    La heterosexualidad, un arma que el mundo empuña contra nosotras penetrándonos sin que nos guste. Todas nuestras asesinadas y suicidadas no nos permiten olvidar esta violencia.
    Nos piden que no llamemos demasiado la atención, nos llaman al orden cuando vomitamos y gritamos y escupimos contra el régimen heterosexual. Como si sus egos no tuvieran bastantes caricias y protección en este arrogante mundo heterosexista, algunos heteros creen no ser como los demás. ¿Por qué nuestra ira, causada por su jodida sociedad, debe preocuparse de que no se sientan mal? Dicen “no todos los heteros son/somos malos”. Frasecilla que muchos gays y lesbianas progres citan acríticamente, incapaces de alzarse y violentarse contra aquellos que, en condiciones apenas diferentes, no dudarían en ser sus verdugos. ¿En el fondo, les importa acaso que ese régimen nos joda la vida a las mariconas-lesbianas-estupendas? Cuando nos arriesgamos y funciona, todas se alegran, pero cuando no sale bien, ustedes, travestis integracionistas y gays heterofriendly, se alejan como si tuviéramos sarna.
    ¡Andate a la mierda, hijo de yuta, colaboracionista! ¿Cómo no alzarse contra los atacantes si somos la inmensa minoría tirada al fuego? Están luchando por su servidumbre como si fuera su salvación. Y pretenden que nosotras hagamos lo mismo.
    Los heterosexuales llevan su heterosexualidad como una señal de  “Prohibido el Paso” o como un certificado de propiedad y autenticidad. ¿Por qué les toleramos cuando invaden nuestros espacios ocupando ostentosamente nuestras pistas de baile con sus parejas? ¿Por qué permitimos que dirijan hasta festivales Posporno cuando todas sabemos que la pornografía que se consigue en el kiosko de revistas forma parte del régimen heterosexual que nos reduce al estatuto de especie en extinción, a la que miran embobados en la vitrina de la diversidad, vidrio blindado de por medio, no vaya a ser que les ataquemos o les contagiemos algo (cosas que estamos muy dispuestas a hacer en cuanto podamos)?
    Los heterosexuales nos escuchan como si nuestras vidas fueran irrelevantes, a medias, como si fuéramos un apéndice de un mundo mucho mayor, del cual ellos son dueños por ley natural, un mundo de poder y privilegios, de leyes de pertenencia, de identidades y exclusión que seduce a algunas de las que se venden al patrón. Hay una certeza en la política del poder: los que están fuera ruegan por ser incluidos, los que están dentro afirman que ya están allí.
    Devolvamos el ataque, aunque nos hayan enseñados que los buenos no se enfadan. De todos modos, no nos interesa ser buenos. Vampiras, monstruos, loberías… Eso somos.
    La próxima vez que alguien te diga “no te enojes, no seas agresiva, no todos los heterosexuales somos así”, escupile en la cara, contestale que hasta que las cosas no cambien radicalmente, no necesitás más pruebas de que el mundo funciona bajo el Imperio Heterosexual que nos asesina y nos mutila.
    El mundo les pertenece a los heteros y odiamos a los heterosexuales y su régimen fascista.
     
    La sexualidad contra el género y la identidad
     
    En una conferencia publicada en 1989 Judith Butler aborda críticamente la problemática de las identidades, a las cuales caracteriza como instrumentos de regímenes regulatorios, que operan a la vez de manera normativa y excluyente, en tanto que categorías normalizadoras a partir de estructuras opresivas, o bien como lugares de reunión para la liberación de dicha opresión. La especificidad identitaria, según este planteo, solo puede ser demarcada por exclusiones que desbaratan su declaración de coherencia. Dicha coherencia aparece definida por el ideal de género, matriz privilegiada de construcción de las identidades mediante una serie de tecnologías y dispositivos sociales, semióticos y biomédicos que inscriben su productividad dentro de los parámetros regulatorios y los márgenes de inteligibilidad trazados por la heterosexualidad como régimen político.
    En palabras de Teresa de Lauretis, el sistema sexo / género, en su relación de causalidad definitiva y necesaria, es tanto una construcción socio-cultural como un aparato semiótico, es un sistema de representación que confiere significado (identidad, valor, prestigio, posición en el sistema de parentesco, status en la jerarquía social, etc.) a los individuos de una sociedad dada. El género constituye una compleja tecnología que involucra una ajustada mecánica de poder, un orden normativo y regulatorio que produce material y simbólicamente los cuerpos como “varones” o “mujeres” y que fija una determinada matriz de inteligibilidad para pensar las identidades y las corporeidades que se consideran legímitas, habitables o susceptibles de ser vividas, de las cuales, luego se desprenderá todo un sistema de afectos.
    Por otro lado Michel Foucault nos muestra que la tarea fundamental no sería  de ningún modo descubrir lo que somos (una identidad estable y definitiva que está reprimida y debemos liberar) sino construir un uso reflexivo de los placeres, en sentido amplio, que incluya una ars o tekné erótica (mucho más que una scientia sexualis), tanto como culinaria y psicotrópica, que apunte e involucre nuevos procesos de subjetivación y la producción de nuevas formas de vida, de nuevos deseos que no pueden ser definidos a priori, aún insondables.
    Si bien la sexualidad está atada al orden heterosexual dominante y mayoritario, en su práctica, desborda cualquier narrativa definitiva, y nunca puede ser expresada por completo dentro de una determinada actuación que se pretenda coherente y acabada. De allí la importancia de movilizar contra-placeres, o el uso reflexivo de la sexualidad, susceptibles de atacar ese régimen heterosexual pretendidamente estable, y potenciar formas de vida sexo-afectivas y devenires del deseo fuera de los enclaves disciplinarios  de las identidades (sexo / género) normalizadas.
    Por su parte, Gilles Deleuze y Félix Guattari oponen a las líneas duras del ser trazadas por las identidades, en tanto que sitio estratégico de reterritorialización de la norma social del Hetero Capitalismo Mundial Integrado (para decirlo en términos ludditas sexxxuales), las líneas de fuga desterritorializantes potenciadas por la activación de devenires minoritarios. El devenir no constituye un punto de llegada, ni una evolución ni algo en lo que hay que transformarse. Tampoco se trataría de una identidad disidente o una mera alteridad opuesta a la norma. No es algo que se produzca al nivel de la imaginación o del sueño. Un devenir no es ni imitación ni responde al orden de la identificación, ni al de la asimilación. Deleuze y Guattari sostienen que el devenir no tiene que ver ni con ser, ni parecer, ni producir, ni equivaler. Por el contrario, el devenir es una expresión relativa a la economía del deseo, cuyos flujos proceden mediante afectos y devenires. El devenir es el contenido propio del deseo, ya que desear es pasar por devenires. Todo devenir forma un bloque que supone el encuentro o relación de dos términos heterogéneos que se desterritorializan mutuamente. Es molecular, minoritario, nómade, y opera mediante la disolución del orden molar de las identidades. El devenir pertenece al orden de la alianza (no de la filiación) y del rizoma (distinto de un árbol genealógico). El devenir siempre es una multiplicidad (a diferencia de las  identidades que suponen individuos que las encarnan) y tiene que ver con una micro-política del contagio y de la afectación (la epidemia es anti-herencia: no heredamos la disidencia del movimiento LGTB), entendiendo los afectos no como sentimientos personales sino como potencias de manadas que hacen vacilar el yo. 
    Siguiendo los argumentos de Deleuze y Guattari, Néstor Perlongher sostiene que una política minoritaria no debería pasar por la afirmación enghettizante de las identidades acompañada por invocaciones ritualizadas a la solidaridad con otros grupos minoritarios ni por la reserva de un lugar -usualmente secundario- en el teatro de la representación política. Por el contrario, debería apuntar al estallido de los modos de subjetivación dominantes y a la activación, fuera de los regímenes normalizadores y reguladores del heterocapitalismo, de devenires del deseo que potencien nuevas subjetividades políticas disidentes y desquicien los cercos disciplinarios de las identidades. Éstas amarran el desarrollo de las potencias de vida propias a un cierto ideal regulatorio que no permite que prolifere nada que no sea acorde a dicha identidad. La identidad, dice Deleuze, aprisiona la vida, prescribe cómo debería ser un individuo, nos dice cómo actuar, por eso pertenece al orden de la moral.
    Frente a esto, es menester la producción de una ética que no suponga al deseo como algo natural o espontáneo, mera pulsión primaria incontenible, sino, por el contrario, como una materia resignificable, hasta incluso re-programable. La idea corriente del deseo como energía indiferenciada o como flujo de desorden que debe ser disciplinado, corresponde al deseo tal y como es construido por el Hetero Capitalismo Mundial Integrado. Un deseo tampoco entendido en términos de movimiento hacia algo de lo que carecemos, la tensión de un sujeto hacia un objeto, algo que se manifieste en torno a su falta, a su ausencia, y cuya satisfacción resida en su “posesión”. Para Deleuze y Guattari el deseo está muy lejos de la concepción del psicoanálisis desde Freud, que lo entiende en términos de carencia y representación y clausura, en esta misma operación, su multiplicidad.  Por el contrario, ellos hablan de “máquinas deseantes”, que se definen por un acoplamiento, por un sistema de “corte-flujo” que va de afecto en afecto, ya que el deseo produce todo el tiempo, no cesa de producir sus objetos y los modos de subjetivación que les corresponden. El deseo no es la representación de un objeto ausente o faltante, sino una actividad de producción y exploración incesantes, que moviliza a los cuerpos y las cosas no por ellos mismos, sino por las singularidades que ellos emiten y el deseo toma.
    Desear implicaría la construcción misma del deseo: formular qué disposición se desea, qué mundo se desea. Reprogramar.
     
    Soltar el odio
     
    En los años 80, cuando gays, lesbianas y trans habíamos inventado otras formas de vida sexo-afectiva y política cuya radicalidad ponía en crisis el orden dominante heterosexual, el Sida cayó como “un regalo del cielo” para proteger la integridad de dicho régimen de poder y “poner en su lugar” a los cuerpos disidentes. El venenoso AZT (una droga ya entonces prohibida en los enfermos de cáncer) fue el arma utilizada para diezmarnos y aniquilar esas potencias de vida radicales.
    Hoy en día, el Hetero Capitalismo Mundial Integrado descubrió que, en lugar de reprimir a l*s díscol*s, es mucho más rentable pacificar la disidencia mediante la producción de subjetividad, haciendo deseables determinadas formas de vida que compramos a diario, presurosas, para no quedarnos afuera de la maravillosa normalidad y sus promesas de integración y felicidad. Producción del deseo, entonces, unida a procesos de subjetivación que apuntan a docilizar las fugas-de-la-norma de todo pensamiento que se pretenda radical (o siquiera se atreva a cuestionar el orden dominante), a encausar los descalces críticos de aquellas prácticas y formas de acción que representen algún tipo de peligro para la estabilidad de la straight mind.
    Y para aquellas que no se dejan domesticar fácilmente, se tratará de hacerles sus vidas inhabitables, invivibles, invisibles, ninguneadas, apartadas, aplacadas bajo el rumor de “Dejala, es una loca agresiva”. El Hetero Capitalismo Mundial Integrado también ha producido algo así como una “subjetividad policía” en cada un* de nosotr*s, autovigilante y vigilante de l*s otr*s, dispuesta a llamarnos al orden cada vez que nos salimos del sitio que la fila de la hetenormalidad tiene reservado para nuestras identidades. Y si nos portamos bien, quizás hasta nos premie con algo de la mierda desafectada y ulcerante que la cotidianidad de sus vidas mediocres soportan en la cinta de embalaje y producción del heterocapitalismo: casa, perro, maternidad, trabajo, vacaciones, familia.
    La producción de subjetividades desafectadas constituye el gran logro del Hetero Capitalismo Mundial Integrado, mediante la producción de un deseo que sostiene y lubrica la ajustada maquinaria del régimen de poder dominante, de cuerpos-zombies desafectados, docilizados y desempoderados políticamente, incapaces de responder con beligerancia a una agresión, porque se les ha gravado en la carne y en los huesos que “no se combate el odio con más odio”. 
     
    Esto es un llamamiento, está dirigido a quienes aún pueden oír:
    Soltá tu odio. Golpeales con él.
     
     
    Los buen*s chic*s queer frecuentan las muestras de “arte postpornográfico”, l*s mal*s frecuentan el culo de anormales como nosotr*s
     
    En los últimos años la disidencia sexual queer postpornográfica asiste a una suerte de llamado al orden de la revulsividad de sus devenires monstruosos post-identitarios, que exige credenciales de autenticidad y carta de ciudadanía. Resulta por lo menos curioso la manera en que ciertos cuerpos que se auto-inscriben dentro de la disidencia sexual, reculan a la hora, precisamente, de poner el cuerpo.
    Si la heterosexualidad constituye un régimen político disciplinario, de producción y normalización de los cuerpos y de las subjetividades según un ideal regulatorio que invisibiliza su propia condición contingente, algunos cuerpos que se auto-proclaman queer o que auspician a viva voz la disidencia sexual son hoy,  paradójicamente, quienes dejan en atroz evidencia la eficacia del orden disciplinario heteronormativo en su hacerse carne.
    Este fenómeno de (hetero)normalización conduce finalmente a la tolerancia hetero-friendly: la nueva integración al grito de “Straight is Beautiful” y la cesión sin conflicto de las plataformas políticas de la disidencia sexo-afectiva al orden mayoritario heterosexual. “Go straight to the queer”: un juego de mesa que toda la familia puede jugar.
    Siguiendo a David Halperin, no deja de asombrarnos la rapidez con la que la teoría queer se institucionalizó y fue aceptada por la academia, dispositivo que, como sabemos por Monique Wittig, pertenece fundamentalmente al régimen político heterosexual. Se torna sospechosamente extraña esta rapidez si pensamos que la teoría queer sostenía una política radical derivada de su postura anti-asimilacionista, de su abrazo de choque con lo anormal y lo marginal que ahora parece ser canonizado y absorbido mayormente por instituciones de conocimiento heterosexuales, como nunca lo fueron antes de los “estudios gay-lésbicos”. Aparentemente, la teoría prevaleció sobre lo queer, y “si es teoría, razonaron los académicos, es una mera extensión de  lo que gente importante ya venía haciendo”.
    Se tratará, entonces, de escapar de estos enclaves identitarios que la llamada al orden de lo queer reclama, algo así como movilizar un devenir queer de lo queer. ¿Cómo? no se nos ocurre otra forma que inventando contra-placeres, contra-sexualidades. Esto supone, claro, coger con todo tipo de cuerpos, no solo con aquellos que la hetero o la homonorma territorializan como “cuerpos deseables”. Y coger de las maneras diversas, desgenitalizantes, y abyectas. Exije un cómo, una ética sexo-afectiva de desprogramación, cuestión de activar, desde la invención de nuevas prácticas contra-sexuales, derivas deseantes que fisuren, micropolíticamente, el orden molar de las identidades que la heterosexualidad como régimen político nos bioasignó.

    • Penelope

      Violencia contra violencia, lo único que genera es violencia, aunque suene cliché… es verdad.

      Porfavor no incites a las demás personas a transgredir a los demás, más.
      Que pasaría si después de un tiempo, los homosexuales fuésemos los que agredimos a los heterosexuales por haber sido incomprensivos? pasaría lo mismo que ahora, un eterno ciclo hasta que uno de los dos comienze por no seguir violentando, hasta que uno de los dos perdone y empieze a concentrarse en construir.
      Violencia no, defenderse si, no dejarnos transgredir, incluso físicamente.

    • Victoria Valeriana

       El odio no es la manera…yo soy hetero…se que desde los tiempos antiguos existia diversidad en las preferencias…todos somos iguales…porque somos iguales?…porque independientemente de que a ti te guste una persona del genero que sea, eso no implica que dejes de comer, de ir al baño, dormir, tomar agua…etc….debes tambien respetar a los demas…que ellos no entiendan tus necesidades es que son simplemente ignorantes de la historia y de que todos somos seres individuales con infinitas necesidades y gustos diversificados… es probable que hayas pasado situaciones de desprecio porque la gente vive en circulos sociales cuadrados de pensamiento y golpes de pecho con doble moral…no te ofendas….tampoco tiene sentido…desde aqui te digo que tu y yo somos iguales…ambos somos individuos que debemos respetar y ser respetados…y te mando un abrazo fraternal y la mejor de las vibras donde quiera que te encuentres y quien quiera que seas ….bonito dia 🙂

  • mujer-anónima

    Si el mundo le perteneciera a alguien o a algo, no seria al ser humano, hasta la palabra humano esta entre dicho.  Aquellos arrogantes poco audaces y faltos de humildad que tienen sus cerebros en cajas herméticas de erróneas  y limitadas creencias con limitadas y débiles posturas de otros, ademas mal interpretadas. no entienden que antes de ser o pertenecer a algún tipo de religión, tribu, inclinación sexual   o creencia,  somos una misma raza. y si tanto odian y desprecian sera `por algo que temen ser y no aceptan. 

  • Elgato

    deja vivir en paz, ese es el mensaje corto 😉

  • Victoria Valeriana

    Felicidades por la nota…creo que no hubiera sido mejor dicho por nadie….quiero copiar de tu nota la siguiente frase para mi faceb(  no somos inmortales, no organicemos nuestra vida como si lo fuésemos,
    acumular, consumir y aparentar no nos hará libres ni felices.) si no te parece mal porque me gusto muchisimo y de verdad apoyo lo que dices….cada dia vivo pensando como ayudar a los demas…no creas que ha sido facil para mi aceptar cambios…pero la felicidad de los demas es importante…y en la medida de que mas gente sea feliz menos broncas y problemas o hechos lamentables pasaran…espero que me toque ver un dia con mis propios ojos que el mundo que le dejo a mis hijos todavia no concebidos sea uno donde yo pueda morir tranquila y en paz….

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