Publicado el 6 Agosto, 2012 a las 8:51 pm

Revolución burguesa y revolución proletaria

   Entre el proceso de la revolución burguesa y el de revolución proletaria existe una diferencia fundamental: mientras que la burguesía ha conquistado una base económica en el interior de la sociedad feudal, esto no será posible para el proletariado en el interior de la sociedad capitalista.

  De hecho, el modo de producción feudal no implica la expropiación de todas las clases que no forman parte de la aristocracia feudal. En ciertos límites, verdaderamente muy restringidos, tolera el desarrollo de la pequeña producción mercantil y también la acumulación del capital comercial, financiero e incluso industrial. La futura clase capitalista puede, por lo tanto, enmarcar las relaciones de producción que le son propias en los pliegues de la sociedad feudal y acrecentar progresivamente su peso económico hasta llegar a ser tan fuerte como para poder superar por la violencia los obstáculos que impiden su desarrollo.

   Por el contrario, las relaciones comunistas de producción no pueden aparecer, ni incluso bajo forma embrional, en la sociedad capitalista1. El comunismo implica la apropiación colectiva por parte de los productores del conjunto de los medios de producción. Ahora, dichos medios, en la sociedad capitalista, se los apropia (individual o colectivamente) la clase capitalista y toda la sociedad está basada sobre la separación radical entre productores y medios de producción. Al producir mercancías, el capitalismo no deja ningún espacio, ni aun limitado, a ningún tipo de control por parte de los trabajadores sobre los medios o sobre los resultados de la producción, porque la ley del valor no permite otras iniciativas más que las que tienden a reducir el coste de la producción. Es también verdad que dicha ley puede ser infringida de forma temporal o localizada (gracias por ejemplo, a una situación o también a la intervención del Estado): pero en este caso no puede decir que cambie la masa de la plusvalía social. Dicho con otras palabras, cualquier intento de autogestión de la producción se resuelve o en una autoexplotación o en una participación en la explotación de los demás (o juntas las dos cosas).

   No existen tampoco, en el interior de la sociedad capitalista, resquicios en los que se pueda superar el modo de producción existente. El comunismo es producción de valores de uso y no de valores de cambio, pero esto a un nivel de desarrollo de las fuerzas productivas tal que implica la utilización de todos los recursos del planeta. No podrá empezar a existir de forma parcial o local, ni en un sistema autárquico que mantenga relaciones con un sector capitalista. Todos los intentos de instaurar comunidades limitadas de un cierto número de individuos (ni capitalistas, ni proletarias, en otras palabras pequeñoburguesas), lejos de abrir el paso hacia el comunismo, constituyen una capitulación ante una mitología reaccionaria: la resurrección de la pequeña producción mercantil, definitivamente condenada por la expansión misma del capitalismo.

  El comunismo implica, por lo tanto, en último análisis, la capacidad del proletariado, hoy clase dominada y explotada, para que se apropie de los medios de producción, para que destruya el conjunto de las instituciones de la sociedad capitalista (y sobre todo su Estado) y para dirigir colectiva y conscientemente la producción y toda la vida social. Es suficiente plantear el problema en estos términos para acabar con una contradicción notable: está claro, de hecho, que el capitalismo no prepara para nada al proletariado para que desarrolle un rol de este tipo, al contrario, no le enseña más que obedecer y trabajar.

  Esto no importa, respondiendo a los teóricos que se llaman marxistas. Nosotros hemos leído en las Sagradas Escrituras que la contradicción insalvable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas llevará inevitablemente a una crisis en la que el régimen se destruirá. Empujado por la misma gravedad de la crisis a sustituir a los capitalismos caídos, el proletariado (ayudado, estimulado, aconsejado o dirigido, según las preferencias de los teóricos, del partido revolucionario) estará obligado a tomar el poder y, así caminando, a adquirir la experiencia que le falta para implantar el comunismo.

Es verdaderamente un bonito esquema, que tiene por su parte el fallo de atribuir a categorías filosóficas (fuerzas productivas, relaciones de producción) una realidad material que no poseen. Tomar al pie de la letra las célebres fórmulas en las que entran dichas abstracciones quiere decir condenarse a no comprender nada del desarrollo concreto del proceso histórico. Para no caer en el fetichismo es indispensable desarrollar los pasos intermedios del análisis que, en su formulación final, da solamente una expresión sistemática. Se ve, entonces, que detrás del choque entre fuerzas productivas y relaciones de producción se esconde la acción del proletariado contra la explotación, acción sin la que no habría ni crisis ni, mucho menos, caída de la sociedad capitalista. Saber precisar las condiciones de desarrollo de esta acción de clase es, por lo tanto, la primera condición de cualquier teoría revolucionaria.

    Incluso queriendo por fuerza suponer una crisis del capitalismo que no debe nada a la acción del proletariado, la contradicción anterior no se resolvería para nada. Toda la historia de la humanidad hasta ahora testimonia que una clase incapaz de ejercer realmente el poder es también incapaz de tomarlo y más tarde de mantener su viabilidad, sea cual fuere la situación. La miseria y la opresión pueden generar revueltas, pero no serán nunca el comienzo de la revolución. Todo lo más podrán llevar a sus víctimas a sostener un nuevo estrato social que intenta apoderarse del poder: nos encontramos entonces reconducidos al esquema de la revolución rusa y a otras proezas de los caballeros del capitalismo de Estado.

Texto revisado y digitalizado por el Circulo Internacional de Comunistas AntiBolcheviques

1  La versión de Campo Abierto decía aquí: “E incluso, lo contrario, que las relaciones de producción comunistas pueden aparecer, incluso bajo forma embrional, en la sociedad capitalista.” Esto no tiene ni pizca de sentido en el texto, con lo que he propuesto una solución más probable. (Nota de Roi Ferreiro).

Escrito por Groupe de Liaison pour l'action des Traballieurs

Extraido de Boletín Lutte de Clase

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Publicado el Lunes 6 Agosto 2012 a las 8:51 pm
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