Publicado el 3 Noviembre, 2012 a las 3:43 pm

Recuperando la cultura obrera y la autonomía como estrategia [+ Libro Raul Zibechi]

A continuación un resumen de las principales ideas de Raul Zibechi en lo relativo al movimiento social y la importancia de la autonomía. Este resumen se titula "La idea de Autonomía en Raul Zibechi" y es anonimo, fue encontrado en la biblioteca de el periodico El Libertario. Es un resumen introductorio para el libro que dejamos para descargar abajo en donde se argumentan de forma amplia estos mismos planteamientos.

Para Raul Zibechi -uruguayo, colaborador de la revista Brecha- los estudios sobre el movimiento obrero en Latinoamérica se han concentrado en el papel de los sindicatos, obviando la red de asociaciones como las mutualidades, cooperativas, cajas de ahorro y las diversas instituciones creadas para el desarrollo intelectual y la sociabilidad de los trabajadores. La focalización de los historiadores se ha concentrado en la organización derivada del lugar que ocupan los proletarios en la producción, soslayando la multiplicidad de espacios en donde se forjaba y reproducía su identidad como oprimidos.

Reincidentemente este interés margina el hecho de que la contradicción entre obreros y capitalistas atraviesa toda la sociedad y que la conciencia de clase no se deriva mecánicamente de las relaciones de producción. En consecuencia, los análisis han postergado las organizaciones fuera del centro de trabajo, las formas y estilos de sociabilidad y comunicación, e inclusive, las consideraciones sobre los sindicatos como espacios de reproducción y afirmación de una cultura obrera.

Este enfoque reduccionista, que ha primado en los acercamientos al tema, tienen básicamente dos causas: el economicismo y el positivismo de signo marxista, “desconsiderando el papel de la cultura en la sociedad, y de la cultura obrera, en particular, en la formación de la clase”.

La clase no es un dato de la realidad sino un proceso de formación en el que intervienen múltiples factores, los cuales atraviesan toda la sociedad y que no pueden encerrarse dentro de los muros de la fábrica. La clase no es una cosas dada sino una formación concreta, no sujeta a leyes sino dependiente de la experiencia viva.

 

Dos fenómenos han realzado el creciente interés por el estudio de la “cultura obrera”:

1) La crisis del paradigma marxista, lo que enfatiza menos una visión meramente economicista

2) El surgimiento de nuevos actores, los cuales no podían ser abordados con el arsenal teórico dominante.

 

La conformación de una cultura obrera también enfrenta nuevos desafíos: el que sus saberes profesionales –un sesgo estructural que antaño era la base de su independencia y autonomía- hayan sido expropiados por el fordismo y el taylorismo.

Por esto, es labor imperativa el rescate del pasado y la reescritura de la historia desde otro lugar, a la vez que injertar en esas tradiciones los valores e ideas que promueven los sujetos formados al calor de las revueltas de los años sesenta. Si bien en la cultura obrera aparecen elementos contradictorios, no hay que eludir la complejidad ni las contradicciones internas que la acompañan. Por lo tanto, la tarea de reconstruir una nueva cultura de los oprimidos debe eludir la repetición de los viejos errores.

 

Autonomía, emancipación

Para Zibechi, autonomía y emancipación son dos conceptos interdependientes. Básicamente entiende la emancipación como la capacidad de los sujetos sociales de liberarse de cualquier clase de dependencia; y la autonomia la acción de estos sujetos de determinarse por si mismos, estableciendo sus propias leyes.

Hubo un tiempo en que estos dos conceptos se encontraban hermanados. El primer movimiento obreo se asentaba en multitud de organizaciones autónomas –del Estado y de los partidos-, desde los cuales trabajaban por su emancipación. La AIT, fundada en 1864, lo recogía en su consigna “la emancipación de la clase trabajadora será obra de los trabajadores mismos”.

Carlos Marx fue uno de los promotores del antagonismo entre ambos valores. Si bien el tema de la emancipación era un asunto recurrente en sus escritos, la autonomía no tuvo un peso significativo. Los análisis de la base económica emprendidos por Marx supusieron dejar de lado todo lo relativo a “superestructura” –lo político y lo jurídico-, pero también la ideología y la cultura: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual” (Contribución a la crítica de la economía política). Marx no atina a explicar como un sujeto social puede escapar a esas rigurosas determinaciones para promover un desarrollo no capitalista. Es decir, los sujetos que combaten al capitalismo no tendrían autonomía como para escapar a las “leyes de hierro” del sistema. ¿Cuáles serían las bases de la necesaria autonomía de la clase obrera, si no puede escapar a los condicionamientos económicos y al monopolio de la producción mental –alienación- por parte de la burguesía?

Marx da una explicación mecanicista de la resistencia: el progreso de la industria sustituye el aislamiento y promueve la unión revolucionaria mediante la asociación.

El número y la concentración de obreros pueden ser elementos que faciliten su autonomía pero son condiciones insuficientes para producir por sí solas la constitución de un sujeto social autónomo. Un sujeto así no puede constituirse sin transitar por espacios relativamente libres de las determinaciones de la economía capitalista, de los valores y la ideología burguesa. En la conformación de esos espacios y, sobre todo, en su desarrollo independiente y autónomo en el sentido de la emancipación, entran a tallar cuestiones que no pueden reducirse a las relaciones económicas. Elementos que le permiten a la clase escapar, o ir mas allá, de la ideología dominante, pese a que Marx haya sostenido, en una de sus frases menos felices, que la ideología dominante en una sociedad es siempre la ideología de la clase dominante.

Los múltiples profetas e intérpretes del marxismo profundizaron el abismo. Lenin en su libro “¿Qué hacer?” afirma que “la conciencia de clase sólo puede ser introducida desde fuera de la clase”. El comunismo por tanto es aportado por intelectuales que llegan a comprender la teoría científica, ya que la conciencia obrera no puede, por sí sola, sobrepasar el estadio reivindicativo. Lenin imposibilita en consecuencia la autoemancipación.

La cultura obrera nunca aparece en estado puro, Marx y Engels tendieron a extremar y simplificar la cuestión. En algunos pasajes se afirma que la clase obrera tiende irremediablemente hacia la revolución; en otros se hace hincapié, con la misma unilateralidad, en la subordinación, humillación y alienación que sufre la clase.

 

II

Confusión entre la idea de ganar el poder y la de la emancipación

El primer Marx relativizó el papel de la emancipación política y enfatizó la emancipación social-humana, esto antes de su economismo. Desconfiar del Estado, y por lo tanto de la política como instrumento de liberación, suponía –en la mejor tradición emancipatoria- apostar a los recursos propios de los trabajadores.

Con el triunfo del economicismo llegó a identificarse emancipación con lucha contra la explotación, dejando de lado todo lo relativo a la alienación, o sea, nada menos que el tema de la opresión.

En este primer Marx la noción de conquista del poder y de la centralización de los medios de producción en el Estado coexistía con el crear formas de vida y de producción al margen del sistema.

Luego de la Comuna de París se produce una inflexión. Su caida aceleró el desplazamiento del movimiento obrero hacia la política. En 1872 Engels defiende la tesis de “la conquista del poder político por la clase obrera como medio de lograr su emancipación social: la emancipación se realizará por medio del Estado… y su lógica.

Como consecuencia las redes de instituciones obreras como el mutualismo comenzaron a decaer. Y surge una nueva temática: la del partido. La Comuna de París se convirtió en un contraejemplo.

No es lo mismo la toma del poder para continuar desarrollando la contrasociedad proletaria que hacerlo para empezar a construir una sociedad desde el vértice del poder estatal hacia abajo y sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. La clase obrera focalizó en consecuencia su acción en dirección al poder estatal. Diluido el mundo propio de los obreros, el conjunto de la clase quedó en relación de dependencia de los aparatos partidarios y, mas tarde, de los funcionarios del Estado. En las revoluciones triunfantes, unos y otros terminaron siendo los mismos. En la medida que sucedía esta subordinación, o enajenación de los poderes propios, la idea de emancipación se difuminaba hasta entrar en un largo eclipse del que sólo emergió –revitalizada y ampliada- en 1968.

III

La crisis de la modernidad y del concepto de progreso, no podían dejar de influir en el marxismo. No lo invalidan totalmente, pero ponen al descubierto sus límites.

Podemos imaginar una transición a una sociedad mejor cuya fuerza motriz sea la contrasociedad de los oprimidos, con sus cooperativas y mutuales autónomas y democráticas, redes de producción y distribución asentadas en la participación y en valores contrahegemónicos.

 

Capítulo 2

En el caso del largo eclipse del movimiento social uruguayo, Zibechi apunta a que tal derrota fue producto de la domesticación y subordinación de las luchas sociales a los intereses políticos-partidarios. Las derrotas locales se sumaron al desconcierto producido a escala internacional tras la caida del Muro de Berlín.

En virtud de evitar confrontaciones globales, se sometió la acumulación del movimiento social a la lógica del crecimiento electoral. El movimiento popular no tuvo ni el tiempo ni la profundidad ni la pujanza como para abrir brechas en la cultura política hegemónica y dar paso a nuevas formas de hacer política.

En el país austral se asistió a la descomposición de la clase trabajadora por la coincidencia de varios fenómenos que afectaron profundamente su identidad comoc lase: La destrucción y precarización del empleo, la desterritorialización de la clase obrera y la crisis de la familia.

Hasta épocas crecientes, la cultura obrera pivotó sobre dos ejes:

1) Una serie de saberes profesionales y una cosmovisión del mundo que conformaban su identidad

2) Un conjunto de espacios y mecanismos de transición y reproducción de dicha cultura.

 

Nuevas maneras de hacer política se han visto limitados por el peso de la cultura política dominante, convirtiéndose en traba para el desarrollo de movimientos alternativos que, para su consolidación, necesitarían un “medio ambiente” menos partidizado y una “neutralidad” de las fuerzas políticas que les permita experimentar y consolidarse. El peso de la cultura política mayoritaria opera socavando los nuevos movimientos, buscando hegemonizarlos o partidizarlos para que sirvan a sus objetivos de acumulación político-electoral.

Otro recurrente error es la obsesión por el Estado . El mismo es un referente esencial para el movimiento popular, que sigue pretendiendo que resuelva los problemas acuciantes de la gente. Esto dificulta que los movimientos se concentren en la autoayuda en los niveles de base, única forma de recrear las redes de solidaridad entre los de abajo.

La izquierda lleva más de un siglo obstinado en la conquista del poder, vía electoral o insurreccional. En vez de mirar hacia arriba, hacia el Estado, las fuerzas del cambio deberían mirar en horizontal, hacia el interior de sus propias filas, buscando dentro del campo popular los medios para resolver los problemas y, de esa forma, ir creando –y recreando- el mundo propio de los oprimidos.

 

Recuperando una cultura obrera

Hay que recuperar la cultura obrera perdida. No se trata de una recuperación mecánica, literal, sino de un rescate de las mejores tradiciones, que a la vez sea crítico y permita descartar los errores, las partes opresivas de la tradición, las que hacen daño o sentaron las bases para derrotas posteriores.

Recuperaciones necesarias para avanzar en el camino de la emancipación:

1) Estudio y formación, autodidactismo. “No hay ninguna excusa, ningun impedimento para hacerlo. Se trata sólo de voluntad, interés y de pasión por la causa de la formación autónoma.

Las organizaciones autónomas no pueden estar conformadas por individuos dependientes. La organización debe fomentar la independencia de quienes la integran. Sólo individuos autónomos pueden crear órganos de comunicación independientes de las modas, de las órdenes de los jefes, de las ideas dominantes. Ser autónomo equivale a ser crítico y autocrítico, equivale a ir contracorriente de las ideas y de las prácticas dominantes.

2) Apertura de espacios propios fuera del alcance y de la lógica del mercado, donde construir poderes locales democráticos y autónomos. Suerte de “laboratorios culturales” en los que hombres y mujeres sean capaces de tejer vínculos cara a cara, directos y sin intermediarios. Espacios que sean lo suficientemente libres y abiertos como para permitir experimentar sin temor a los errores y fracasos, única forma de crear las condiciones para que se inviertan, o subviertan, los valores dominantes. Una larga práctica en espacios no contaminados, o escasamente contaminados, por la lógica dominante (incluso por el mercadeo político) puede dar pie a que se practiquen y reflexionen nuevas formas de vida, códigos propios, que vayan dando origen a una cultura política diferente, basada en la autonomía.

3) Debes ser espacios horizontales, no jerárquicos. En forma de red para que no se concentre el poder sino para que se difumine. Mi identidad sólo puede desarrollarse y mantenerse si cuido y aliento la identidad y la diferencia del otro: La diferencia me enriquece.

4) De la práctica común de las diferencias nace una nueva forma de democracia que consiste en el hermanamiento, lo cual nos lleva directamente a la concepción de comunidad. El fin no será la toma del poder ni la victoria final, el fin es la propia gente que integra el espacio.

5) Espacios construidos al margen del mercado: que supongan la apropiación de las condiciones de vida y no su delegación y enajenación en relaciones dinerarias y mercantiles.

6) Construcción de espacios integrales, que reúnen todos los aspectos del ser humano.

 

La Autonomía: un proyecto estratégico

La autonomía tiene varias puntas: democratiza la sociedad, difumina el poder central haciéndolo menos dañino, relaciona diversos sujetos en pie de igualdad y habilita la democratización de los sujetos sociales que participan en el sujeto autónomico.

¿Quiénes tienen derecho a la autonomía? Todos los sujetos sociales que la demanden, la clave es la construcción del sujeto autonómico. Para la construcción de un sujeto social que luche por la emancipación, una de las claves es la recuperación y el afianzamiento de una cultura propia, diferenciada, reconstruyendo la identidad de los oprimidos.

¿En qué sentido la autonomía revoluciona sirve para la teoría de la revolución? En que rompe la tradición de la necesidad de un Estado centralizado y fuerte para promover los cambios y, por lo tanto, de organizaciones jerarquizadas y centralizadas para conquistar el poder.

La autonomía social no puede ir separada de la autonomía individual. “Una revolución comienza cuando la población forma sus propios órganos autónomos, cuando entra en actividad para procurarse ella misma sus normas y sus formas de organización. Y por lo tanto, la revolución termina o degenera cuando esos órganos son domesticados, avasallados o reducidos a un papel decorativo”.

Debemos trabajar por crear instituciones que, interiorizadas por los individuos, faciliten lo más posible el acceso a su autonomía individual y su posibilidad de participación, como individuos libres e iguales, en todo poder explícito existente en la comunidad.

 

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Descargar libro “La mirada horizontal, movimientos sociales y emancipación”

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Escrito por Anonimo

Extraido de El Libertario

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Publicado el Sábado 3 Noviembre 2012 a las 3:43 pm
1 Comentario todo cagón

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Comentarios

  1. Por El mundo en tus manos

    El 4 de Noviembre de 2012 a las 7:34 am

    [...] Recuperando la cultura obrera y la autonomía como estrategia [+ Libro Raul Zibechi] [...]

1 Comentario a “Recuperando la cultura obrera y la autonomía como estrategia [+ Libro Raul Zibechi]”



 

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