Publicado el 5 Enero, 2013 a las 1:06 am

La economía y su control sobre nuestras vidas

economia

Si observamos la historia del ser humano, veremos que fue la economía, y no nuestra voluntad consciente como individuos y como especie, la fuerza determinante en todas nuestras transformaciones sociales. Los avances económicos y tecno-científicos nos dieron la posibilidad de emanciparnos parcialmente de la naturaleza pero debido a su independencia de nuestra voluntad, generaron nuevas cadenas sociales que antes no existían: la división de la sociedad en clases sociales y la creación de la dominación de clase. La opresión que ejercía sobre nosotr@s la naturaleza disminuyó a favor del aumento de la opresión que ejercemos sobre nosotr@s mism@s socialmente.

En el estadio primitivo (el 99% de nuestra existencia) debíamos producir nuestros medios de vida para el consumo inmediato, ya que los medios de producción no estaban desarrollados para la abundancia. Aun así, se destinaba muy pocas horas a la semana en la caza y la recolección y el resto del tiempo se dedicaba a cultivarse, aprender, experimentar, divertirse. O sea: a vivir.

Hoy, a pesar de que los medios de producción están muchísimo más desarrollados (se producen alimentos para el doble de la población mundial), necesitamos desperdiciar en el trabajo 8 horas diarias o más de nuestras vidas para poder tener el dinero que nos permita comprar nuestros medios de vida. Los avances tecnológicos deberían resultar en un aumento del tiempo libre y de nuestra calidad de vida, pero no es así . De hecho, cada avance tecnológico en la industria siempre resultó en el aumento de la pobreza mediante el desempleo y la rebaja de salarios. A medida que aumentaba la riqueza social, ésta se concentraba cada vez más en un polo y la pobreza se extendía más profundamente a cada vez más gente en el otro polo. La paradoja de la economía actual es que, cuanto más riqueza social se produce, más se extiende la pobreza. El hecho conocido de que “l@s ricos se hacen más ric@s y l@s pobres se hacen más pobres” no es una desviación de la economía capitalista, sino su resultado natural.

pobreza 9Es mentira que “pobres siempre hubo”. La pobreza sólo existe cuando la riqueza se concentra en pocas manos, y la concentración de la riqueza en pocas manos es una característica exclusiva de la sociedad de clases, de la civilización. La civilización inventó la pobreza porque la economía se encuentra autonomizada de la voluntad de las personas y domina nuestras vidas. Los animales y las tribus que viven en lugares tan inhóspitos como el desierto o el polo norte no conocen la muerte por desnutrición habiendo los medios para impedirlo. La existencia simultánea de la desnutrición de millares de personas y la superabundancia de alimentos es una de las “maravillas” de la civilización. Antes la muerte de hambre sólo era posible por la carencia de alimentos. En cambio en la civilización actual un ser humano puede morirse de hambre aunque la comida a su alrededor abunde, simplemente por la carencia de un papelito o un pequeño círculo de metal. La pobreza de hoy, entonces, no existe por la falta de riqueza social, sino por su superconcentración, que es resultado de su apropiación privada.

Es mentira que los recursos son siempre escasos para la población. Ese es otro invento del sistema. Claro, si vivimos en una metrópolis es fácil de creerse el cuento de la escasez de los recursos. Con la concentración de gente que hay en una metrópolis, viviendo en edificios de varios pisos para ahorrar superficie, cuando salimos a la calle ya sea para ir al trabajo y vemos a un mundo de gente caminando, apurada, y sabemos que jamás vamos a conocer ni a la centésima parte de las personas con las que nos cruzamos, es fácil pensar en que existe un problema llamado superpoblación. Pero no todo el planeta es como las metrópolis, hay muchas extensiones de tierra donde no vive ni una persona o viven muy pocas. Si agarramos un mapa mundial que indique la densidad de la población lo comprobaremos. Lo que existe, entonces, es superconcentración de la población, no superpoblación. Nuestro planeta puede albergar al doble de la población actual y, como dije antes, hoy se produce alimento para el doble de la población mundial . Lo que falta en un lado es porque sobra en el otro. Sobran extensiones de tierra para que la gente se distribuya mejor, pero aun así la gente se superconcentra en las ciudades. ¿Cuál es la razón de esto? La economía y su control sobre nuestras vidas.

Las ciudades en las que vivimos están construidas según la voluntad de la economía, no la nuestra. Sus calles están diseñadas para el tránsito de automóviles. La economía divide a las ciudades en áreas residenciales, áreas de consumo y áreas de producción. A su vez el campo está subordinado a la ciudad, el campo se ha convertido en otra rama de la industria. Las corporaciones capitalistas tienden a monopolizar la tierra y lo que se cultiva en ella, el pequeño campesino ha sido desplazado por la industrialización de la agricultura y la ganadería, y cuando ya no puede mantener su campo debido a la competencia debe ir a las ciudades a trabajar de proletario. La industrialización del campo revolucionó la producción agropecuaria, pero en vez de aportar más alimento para tod@s con menor esfuerzo, favoreció la concentración de la tierra y de sus productos en pocas manos y explusó a miles de campesinos o pueblerinos a las grandes ciudades. La formación de las villas miserias en las ciudades es producto de esta tendencia económica. Aquell@s ignorantes (o malintencionad@s) que explican la pobreza como culpa de l@s pobres y dicen “¿por qué l@s viller@s no se van al campo a cultivar la tierra, en vez de pedir?” no tienen en cuenta que l@s viller@s no vinieron a las ciudades por gusto, y que además la tierra del país está en manos de corporaciones económicas o magnates.

dinero 4En fin. ¿Puede considerarse a la civilización como un avance en todo sentido? No, solamente en algunos aspectos. En otros, tales como la relación con la naturaleza e incluso con nosotr@s mism@s, se ha retrocedido mucho. Se avanzó tremendamente en la producción de los medios de vida, pero la propiedad privada condena a millones al hambre y a la miseria como nunca pasó antes en la historia, ni en las peores épocas de hambruna. La población creció muchísimo, pero en vez de distribuirse libremente se superconcentró en ciudades donde vivimos como sardinas. La expectativa de vida, la cantidad media de duración de la vida, ha crecido en cantidad, pero la vida decreció en calidad, porque si antes se vivía 40 años trabajando 10 horas por semana, hoy se vive 70 años trabajando 10 horas por día y con un montón de stress.

Es hora de acabar con la civilización, de superarla, de tomar de ella lo que nos puede servir para una existencia libre y digna y de destruir lo que la obstaculiza. La civilización ha sido algo muy pero muy reciente en la historia de la humanidad, apenas unos miles de años. Pero ya es suficiente. Su mismo desarrollo superacelerado independiente de nuestra voluntad, destruyendo al planeta y convirtiéndolo en un infierno, es el que nos empuja como individuos y como especie a tomar el control de nuestras vidas y construir una sociedad que supere a la civilizada.05.

Para ser libres, no podemos seguir bajo la esclavitud de la economía autonomizada.

La eliminación de la independencia de la economía y su dominación sobre nuestras vidas es una reforma social necesaria para ser libres. La economía es independiente de nuestras vidas porque las productoras y los productores estamos separad@s de los medios sociales de producción mediante la propiedad privada de los mismos. El producto de nuestro trabajo y nuestro trabajo mismo se nos presenta como algo ajeno a nosotros por su carácter alienado de nuestra voluntad y necesidades. Esto se debe a las relaciones sociales en las que producimos estos bienes. En el capitalismo la producción de los bienes es un acto social, pero su apropiación es un acto privado. Como asalariad@s, el producto de nuestro trabajo no nos sirve a nosotr@s, lo único que nos interesa es la mejor venta posible de nuestra fuerza de trabajo para poder costear nuestros medios de vida y consumir. Estamos metid@s en una eterna trampa de producción y consumo alienados, porque aparte de obligarnos a trabajar un montón de horas para poder comer nos bombardean psicológicamente todo el tiempo para que consumamos bienes que no necesitamos. El consumo por el consumo mismo se convierte en otra motivación (de índole totalmente egoísta) para el trabajo y de paso nos sume en la mediocridad intelectual, emocional y espiritual de la cual el sistema se alimenta. Tanto explotadores/as como explotad@s están en este juego.

Para que la economía sea manejada por nosotr@s y no al revés, es necesario terminar con esa separación entre productores y medios de producción, acabar con la propiedad privada de los medios de producción y la explotación y alienación del trabajo que ella significa. Los productores debemos autogestionar los medios sociales de producción. O sea, las tierras, las unidades de producción y las herramientas que sirvan para producir nuestros medios de vida . Debemos eliminar todos los sectores de la economía destinados únicamente a reproducir la dominación de unas personas sobre otras. La apropiación y gestión por la comunidad de una granja, una editorial o una fábrica de pantalones es socialmente progresiva, la apropiación y gestión por la comunidad de una fábrica de misiles o de una empresa de publicidad no.

trabajo 6Sólo emancipando al trabajo de las actuales relaciones sociales de explotación, el producto de nuestro trabajo y el trabajo mismo dejarán de estar alienados, la actividad productiva será una parte de nuestra vida y no una negación de ellas; una forma de expresión y de contribución a la comunidad, y no una forma de asegurar nuestra supervivencia individual/familiar y de hacer rico a otro. Produciremos para vivir, en vez de vivir para producir. Consumiremos para vivir, en vez de vivir para consumir.

Para ser libres, no podemos seguir bajo la opresión del poder político autonomizado.

Junto con la civilización, vino el Estado. El Estado es una relación social mediada por instituciones que aseguran el monopolio del poder político (la fuerza y la legitimación de esa fuerza) en manos de una minoría. El Estado aparece junto con las clases sociales y sirve como herramienta de dominación de una clase sobre las otras. Generalmente quienes tienen el poder económico, tienen el poder político. La dominación estatal sirve para asegurar la explotación económica. Si la independencia de la economía de nuestras vidas es perjudicial para nuestra libertad, la independencia del poder político y su monopolio por una minoría también. Por lo tanto, así como tenemos que acabar con la propiedad privada de los medios de producción, tenemos que acabar con el Estado. Esto significa la destrucción de todas las instituciones estatales (parlamento, poder ejecutivo y judicial, policía, servicios de inteligencia, ejército permanente) y la simultánea construcción de nuevas instituciones de democracia directa en las que participe toda la comunidad mediante un sistema de delegados rotativos, revocables en todo momento, y con mandato de base . Obviamente esto no es viable en las grandes ciudades de millones de personas, sino en subdivisiones más pequeñas, del orden de miles de personas. La democracia directa implica el fin de toda delegación permanente y por lo tanto de la división del trabajo y los roles tales como lo conocemos. Significa la reapropiación de los asuntos públicos por parte de la comunidad.

La existencia de roles especializados en la función pública se debe a la actual división social del trabajo y no es para nada un “hecho natural”. Mientras existan estos roles especializados, existirá el Estado. La policía existe no sólo porque el status quo necesita que un cuerpo de personas armadas defienda sus intereses por sobre los de la mayoría, sino porque como sociedad delegamos en ese cuerpo la seguridad de nuestras personas. Lo mismo pasa con l@s polític@s, existen porque delegamos en ell@s los asuntos públicos. Delegamos, delegamos, y delegamos. Para eso pagamos impuestos, ¿no? Delegamos porque trabajamos tantas horas al día que ya no nos quedan ganas de nada, sólo de descansar y tratar de “pasar el tiempo” hasta que tengamos que volver al trabajo.

Pero si gestionáramos la economía de tal manera en que trabajemos sólo el tiempo necesario para producir nuestros medios de vida, si tuviéramos realmente el control de nuestras vidas, todos esos roles tan enaltecidos por la ideología dominante no tendrían razón de ser, pues su función social, despojada de los aspectos únicamente útiles a la dominación de clase, sería reapropiada por la comunidad en su conjunto. Si tod@s nos ocupamos de la seguridad, ¿para qué necesitamos policías? Si tod@s nos ocupamos de la defensa de la comunidad, ¿para qué necesitamos ejército permanente? Si tod@s nos ocupamos de los asuntos públicos, ¿para qué necesitamos polític@s y funcionari@s? Si nos autoorganizáramos como comunidad y nos dividiéramos el trabajo libre y conscientemente, los roles especializados desaparecerían, con un aumento de la responsabilidad del individuo hacia la comunidad pero también con un aumento de su libertad.

Para ser libres, no podemos seguir separando el pensamiento de la acción.

La divisón social del trabajo manual e intelectual de la civilización esclavista emancipó a parte de la población de la actividad física. De esta manera aparecen la filosofía, la ciencia, y las disciplinas del intelecto. Los antiguos griegos son un ejemplo de esto.

El pensamiento abstracto creó nuevas formas de interpretar al mundo y expandió nuestra capacidad de pensar, pero a cambio de separar nuestra mente de la vida (que es siempre concreta), muchas veces con el fin de legitimar lo actual como el devenir natural de nuestra esencia humana. La especialización nos hizo capaces de profundizar en ciertos aspectos de la realidad pero a costa de perder una visión integral de la misma. Nos sumerjimos en la parte y nos olvidamos de la totalidad, nos elevamos a lo abstracto y no volvemos a lo concreto.

La integración consciente del pensamiento con la acción también es necesaria si queremos que las herramientas creadas por nosotr@s se sometan a nuestra voluntad y no al revés. La ciencia y la razón deben ser utilizadas para iluminar la vida, no para gobernarla. No deben ser patrimonios de especialistas ni pueden ser consideradas como sujetos. Son creaciones de la humanidad y deben servir a los fines de la humanidad, no a fines propios. La reapropiación de la ciencia y la razón por las personas eliminará toda independencia de la ciencia y la razón sobre la voluntad de las personas, juntamente con su monopolio autoritario por parte de castas (comunidad científica, intelectualidad, intelligentsia).

disturbiosOtro motivo para contrarrestar la división social del trabajo manual e intelectual es el autoritarismo que se genera con la división entre l@s que piensan y l@s que ejecutan lo pensado por otr@s. La actual producción, que separa a l@s productores de los medios de producción, también separa a quienes producen de la dirección de la producción, siendo esta última tarea la ejecutada por los propietarios o personal especializado (supervisores, gerentes, burócratas, etc.). No podemos ser individuos plenos si nos dedicamos a actuar sin pensar o a pensar sin actuar.

Para ser libres, no podemos seguir bajo la mutilación de nuestro espíritu por las religiones.

El animismo y las religiones primitivas que idolatraban a la naturaleza tenían su base en el desconocimiento científico de los fenómenos naturales, pero no eran incompatibles con una existencia sana. En cambio las religiones civilizadas han introducido el pecado, el miedo y la culpa que mutilan nuestras vidas.

La religión actual establece un dualismo falso del mundo entre lo terrenal y lo divino, emancipa lo divino de lo terrenal, lo trascendental de lo cotidiano, y subordina lo último a lo primero, nuestra existencia material a nuestra existencia espiritual, resultando en la mutilación de nuestro ser, material y espiritual a la vez. En la religión civilizada, debemos adaptar nuestras vidas a las reglas de una divinidad exterior y superior a cada un@ de nosotr@s. Los “representantes terrenales” de la divinidad nos dicen cómo interpretar de acuerdo a sus intereses (bien materiales, por cierto) a las reglas divinas, de manera que resulte en una existencia autoflagelada, antinatural, y, sobre todo, temerosa y enemiga de todo lo que signifique libertad y placer.

Si el Universo, como hemos comprobado científicamente, está formado de materia, eso implica que cada cosa está indisolublemente relacionada con las demás, cada parte está relacionada con la totalidad. Cada un@ de nosotr@s es parte del Universo, del Todo. Por lo tanto no puede existir una divinidad apartada de nosotr@s, no podemos concebir a lo divino como algo que está afuera o encima nuestro, sino como algo que está alrededor y adentro nuestro. La idea de Dios como un ser sobrenatural, omnisciente y eterno es falsa, o todos somos Dios o nadie lo es. Una espiritualidad no alienada no puede basarse en un culto de lo divino separado de lo terrenal, cuando en realidad lo terrenal y lo divino forman una unidad indivisible. Una espiritualidad no alienada no puede estar en conflicto permanente con los demás aspectos de la vida.

Escrito por Ricardo Fuego

Extraido de Libro "Por qué estoy a favor de la anarquía"

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Publicado el Sábado 5 Enero 2013 a las 1:06 am
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