Publicado el 3 Junio, 2013 a las 3:06 am

Reflexiones para comprender la violencia y el espectáculo en los mass de media

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Es fácil ver hasta qué punto está vinculado a la alienación del viejo mundo el principio mismo del espectáculo: la no intervención”

Internacional Situacionista (1957)

 

Las figuras de autoridad en Chile y en muchos otros países, siempre se han configurado como seres a los cuales se les debe máximo respeto y un trato tan cordial que hay que aguantarse hasta los peos. De esta manera, hay toda una lógica de exaltación de los hechos en los medios de comunicación cuando una figura de autoridad – concebida como tal por los discursos pasados a caca de la televisión – es “pasada a llevar” o agredida tanto física como verbalmente.

Ahora bien, el ejército de simios que cuida y protege los cuerpos, posesiones e intereses de estas personas, se conciben igualmente como una autoridad a la que se le debe respeto. Himnos, uniformes, armamento, muy largo y bien duro entrenamiento, desfiles para que la gente encuentre todo muy adorable, discursos de un patriotismo que implica lamer escudos y pajearse con banderas, además de un odio extremo a todo ser humano que pertenezca a nacionalidades que desprendan olor a fronteras. ¿Hermoso cierto? Nadie viene con estas características programadas de nacimiento, sino que son inculcadas y socializadas por aparatos de dominación, empezando por las escuelas, en donde también se sostiene este discurso, un poco más maquillado, claro, pero el mismo al fin y al cabo.

¿Qué es lo que resulta de todo esto? Que se reprima toda queja contra la autoridad y sus mascotas. Hay un status quo que debe permanecer intacto e indiscutible. Aparece entonces todo un parámetro de visualizarnos como seres por debajo de un cúmulo de personitas que ostentan su poder, su dinero y sus ideas inmutables, que por cierto, estamos casi obligados a obedecer. Y cuando no seguimos estas ideas somos condenados por el resto del rebaño y apedreados, cuando hacemos público que no seguimos estas ideas, las mascotas del poder arremeten contra nuestras ganas de expresar descontento y nos dan con lumas en el culo.

Este cuento se conoce, es contado y difundido, todas y todos tenemos claro que si protestamos – no diré de forma pacífica o violenta porque ninguna manifestación es pacífica, hippies – seremos reprimidos de forma más o menos fuerte, dependiendo del ánimo de los mandriles de verde y de las condiciones políticas que están en medio. Aquí es donde la concepción de violencia entra a jugar un papel importante. ¿Qué es realmente lo violento dentro de una manifestación? ¿Cuál es la autoridad a la que le debemos respeto si, es la autoridad misma la que nos violenta?

Muchas veces los discursos sobre violencia sostenidos en los medios de comunicación tienden a concebirse sólo desde un lado de los hechos, obviando causas, obviando las frustraciones, obviando las razones que muchas personas tienen para enfrentar una violencia, en palabras de Johan Galtung, estructural y cultural. La única forma de poder definir la violencia física y visible es a través de un trabajo reflexivo sobre el origen de ésta, entendiendo que existe una estructura que violenta por acción u omisión, y una cultura predominante en las sociedades patriarcales que discrimina, minusvalora e impone de forma autoritaria.

¿Cómo visualizar la violencia de esta manera si los medios de comunicación, a través de sus noticieros, abusan de imágenes inconclusas y definiciones incompletas de la violencia? La curiosidad me condujo a revisar los reportajes televisivos del movimiento estudiantil emitidos durante Julio y Agosto del 2011 por los canales MEGA y Chilevisión y pude concluir que el abuso informativo que cometen ambos canales para dar a conocer información sobre las movilizaciones estudiantiles, se caracteriza por un interés claro en apelar al sensacionalismo como herramienta de dominación, así como también la constante exacerbación de los hechos que alimentan el morbo de la audiencia y dan cabida a interpretaciones criminales de los hechos acontecidos al interior de las manifestaciones estudiantiles, sin dejar espacio a un ejercicio reflexivo para comprender las causas que conllevan a los sujetos involucrados a participar de estos hechos.

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Esquema visual del lenguaje y los conceptos utilizados por los noticiarios al referirse a manifestaciones

La imagen presentada anteriormente fue el resultado de una transcripción de las noticias seleccionadas de MEGA y Chilevisión, en relación a la descripción que hacían de los manifestantes, las palabras más grandes son las más utilizadas, más de 50 veces algunas. En términos más profundos, la descripción que los noticieros hacen de las personas que participan de las manifestaciones estudiantiles y sus acciones, nace desde una clara intención de convertir en ajeno todo lo que los sujetos sean o hagan. De esta manera, el parámetro desde el que los noticieros observan a los encapuchados, se entiende desde una reducción de estos y una caracterización de sus acciones como propias de ellos, dándole a entender a la audiencia que los encapuchados conforman un grupo aparte, y que se encuentran en calidad de disociados tanto del “movimiento estudiantil” como de la sociedad en sí, pues son desentendidos del movimiento, son infiltrados al interior de las marchas y se posicionan como “delincuentes” dentro de los relatos periodísticos.

Por otro lado, la violencia aparece descrita en los noticieros de Chilevisión y MEGA, como visible, palpable e inmediata, de manera tal que la audiencia se haga una idea rápida de los hechos, desde la interpretación de las líneas editoriales de cada canal. Los relatos de cada uno de estos hechos considerados violentos desde los noticieros analizados, apelan a la dramatización y extrema exageración, de tal forma que el proceso de dominación a través de estos discursos periodísticos se basa en el temor, el pánico e inseguridad que generan sobre la audiencia. Enfrentamientos, incidentes, actos delictuales, escaramuzas, disturbios y desórdenes colman los titulares de cada una de las noticias revisadas, el rechazo a estos hechos, finalmente, es uno de los resultados esperados por los noticieros, para que las personas de ninguna manera simpaticen con esto.

disturbiosNo obstante, la manipulación ejercida desde los discursos emitidos por ambos noticieros, se acrecienta en esta tendencia al hacer hincapié en el daño a la propiedad pública y privada acontecida durante las manifestaciones sociales. El discurso invita, sutilmente, a que la audiencia se posicione desde el rechazo a verse involucrada en estas manifestaciones, así como también a adquirir un sentimiento de empatía hacia quienes se ven afectados, de manera tal que quien está causando el daño es el culpable. Lo que intenta el discurso periodístico, a fin de cuentas, es demostrar sus posturas ideológicas contrarias a las de quienes se manifiestan, a través de hechos concretos y visibles para la audiencia, que muy pocas veces son comprobables, y tampoco dejan espacio para una reflexión profunda al respecto: esta ya viene envasada en las líneas editoriales de ambos canales.
Por otro lado, vemos que las cámaras de los noticiarios siempre se posicionan espacialmente desde la perspectiva de las fuerzas del orden, ya que los periodistas de los mass medias suelen protegerse tras de ellos para realizar sus reportajes sobre los disturbios. Esto conlleva a que las imágenes casi siempre muestren al encapuchados atacando hacia la dirección de la cámara de televisión, generando con ello una sensación de agresión en el tele-vidente.

¿Qué decir frente a todo este conjunto de elementos manipulativos en los medios de comunicación? Que es una obviedad, sabido es que los medios de comunicación hegemónicos desde tiempos históricos han utilizado sus discursos para silenciar y mantener las ideas e intereses de las autoridades. Sin embargo, podemos hacer esfuerzos por comprender las formas en que actúan los mass medias para de esta forma generar respuestas tendientes a destruir sus estrategias de manipulación mediática.

En este sentido conviene entender el concepto de espectáculo. El mundo actual es una “inmensa acumulación de espectaculos” decía hace muchos años Guy Debord. Pero ¿Qué es el espectáculo? De manera sencilla podríamos responder que el espectáculo es toda representación de la realidad que no requiere de interventores, sino simplemente de espectadores. Los mass media necesitan televidentes que solo descansan en su sillón; el sistema democrático necesita ciudadanos que manden cartas al congreso solicitando cambios más democráticos a la democracia (plop!); El partido necesita militantes obedientes y no personas pensantes; la iglesia necesita creyentes que escuchen tranquilos en sus puestos la palabra del cura del barrio. En todos los casos se necesitan espectadores pasivos, en ningún caso agentes que intercedan en la realidad.

Para generar esto el espectáculo resalta solo un aspecto de la realidad. El espectáculo es una exageración, exalta lo irrelevante para tapar las raíces de los problemas, así como los sutiles mecanismo de dominación. Es por eso que cuando los medios, los políticos o cualquier ciudadano-policía hablan de los disturbios, no se refieren a las razones que causan esa acción (rabia por la segregación, desigualdad, etc), sino que reparan en el numero exacto de detenidos, así como el detalle minucioso del mobiliario publico y privado dañado: semáforos, señaleticas, multitiendas, etc, solo se refieren a lo exterior, a las imágenes que impactan, a la superficie. Cuando hablan del último femicidio que cometió un joven en una población, no enuncian las razones profundas de la acción (sociedad patriarcal, pobreza estructural, frustración por una vida indigna), sino que se enumeraran los golpes que recibió la fallecida, las armas utilizadas en el asesinato y se entrevista a la madre de la victima preguntando estupideces morbosas del tipo ¿como se siente usted después de lo ocurrido?. En el fondo el espectáculo solo mostrara la fachada del problema, pero nunca su raíz.

medios 2Es por eso que nuestra critica no puede ser también de fachada, tiene que ser una critica de raíz, o sea radical. Que una critica sea radical no tiene que ver con que nuestras exigencias sean cada vez más. Hoy exigimos educación gratis, mañana exigimos educacion + salud + vivienda + asamblea constituyente gratis. Tampoco tiene que ver con que nuestras acciones sean más numerosas, hoy salimos 1000 a la calle y hacemos 12 barricadas, mañana salimos 10.000.000 a la calle y hacemos 100 barricadas. No, una critica radical, no tiene que ver con pedir más o ser más en la calle, sino con empezar a reivindicar y avanzar en las cualidades de nuestra critica. A diferencia de pedir que es solicitar “más de lo mismo”, reivindicar significa un doble movimiento que supone negar lo impuesto y construir aquello que anhelamos. Es cierto que queremos salud, pero ¿queremos esa salud que combate con químicos cualquier enfermedad que se cruza por nuestra cuerpo? Es cierto que queremos educación, pero ¿queremos esa educación que enseña a adoctrinar en la escuela y a ser funcionales al sistema como es el caso de la impartida en la universidad? Reivindicar supone salir de la lógica del numero, del “pedir más”, para  empezar a cuestionar el para qué pedimos, y desde  esta pregunta comenzar a generar acciones que desborden el peticionismo y construyan una nueva realidad en el discurso y en las acciones.

Esta es la actitud que puede destruir el espectáculo, aquella que no repara en la superficie de los problemas, sino que ataca las causas profundas del modelo. Solo una critica unitaria y que tenga la doble función de abolir lo existente junto con crear lo nuevo que queremos puede sortear la manipulación mediática, y no solo esa, sino que la de cualquiera que se autoproclame como el nuevo líder-jefe-patriarca de los futuros cambios, lo cual seguramente sera la excusa para sofocar la revolución. En definitiva, una critica a la raíz de los problemas, o sea una critica radical, evitaría cualquier manipulación externa, para de esa manera generar un movimiento consciente verdaderamente autónomo, o sea radical, porque sería un movimiento que no se dedicaría a ser un espectador más, sino un protagonista colectivo de una nueva comunidad basada en la reivindicación como negación/creación de la realidad.

Es por eso que debemos dejar de exigir “más de lo mismo”, para así empezar a reivindicar “más, claro, pero radicalmente distinto”. Solo esto podría dar como resultado una nueva realidad, la cual ya se se encuentra inserta en todo aquello que estamos construyendo en cada acción y pensamiento antagónicos a las lógicas capitalistas y patriarcales del sistema de dominación actual.

Escrito por Catrala y Magnicidio

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Publicado el Lunes 3 Junio 2013 a las 3:06 am
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