Publicado el 19 Agosto, 2013 a las 1:34 pm

Docupropaganda: Crítica a unos supuestos 21 días como Fuerza Especial

El siguiente es un aporte enviado a nuestro correo metiendoruido@gmail.com, esperamos nos sigan llegando buenos textos como éste.

facultad del Estado de restringir los derechos de las personas en relación

con los derechos de los demás. Es lo que se llama Poder de Policía

(Sobre la función de la Policía en Manual de doctrina de Carabineros de Chile, 2010. P.77)

Hacia 1982, el estado Israelí se expandió ilegalmente hacia el Líbano y propinó una de las matanzas más terribles que se conocen desde la creación de dicho estado en 1947: La matanza de Sabra y Shatila, en Beirut, Líbano. El Sionismo internacional sufrió una ruptura importante desde ese momento, incluso fomentando lo que Ilán Pappé categoriza como postsionismo, que es una corriente que critica la forma en que el estado israelí se ha expandido, denunciando las limpiezas étnicas y la producción de un verdadero campo de concentración en Palestina y otros sectores. Entre el año 2008 y 2009, las producciones cinematográficas israelíes recogen este período y lo trabajan desde su visión, con filmes como Waltz im Bashir (2008) y Lebanon (2009), en ambos filmes se retrata a los soldados israelíes como víctimas de su propia violencia, y que ellos también sufren (incluso siendo ellos los aniquiladores) las consecuencias de la violencia física y psicológica.

Imagen de “Waltz im bashir, de Ari Folman (2008),En plena masacre de libaneses dentro de la ciudad.

Imagen de “Waltz im bashir, de Ari Folman (2008),En plena masacre de libaneses dentro de la ciudad.

 

Dentro de este mismo formato podemos analizar un capítulo del ya famoso 21 días, programa que ha estado produciendo TVN y que en este capítulo corresponde a la vivencia con Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile. Postulamos que el montaje y mensaje esencial del capítulo es una descarada apología a una sección de la policía que se destaca por la represión indebida, por sus abusos de poder e incluso por la tortura que algunos manifestantes han vivido a manos de las fuerzas policiales. Este sentido manifiesto en el programa es bastante obvio, y lo que haremos en los próximos párrafos es destacar algunos elementos que refuerzan dicha apología; reconozco que no son los únicos y no es la intención establecer una verdad total, pero es necesario que haya una fuerte crítica a estos programas, que, por desgracia, moldean profundamente la opinión pública.

La instrucción

El docureality (desde ahora llamado docupropaganda) parte con la llegada de la periodista que vive los 21 días dentro de las FFEE con una importante muestra de lo que significa la instrucción de las fuerzas especiales: disciplina, verticalidad, unión de camaradas y coraje son los valores que más de destacan en las instrucciones, que van desde el aprendizaje de los movimientos corporales, el acostumbramiento del cuerpo a los gases lacrimógenos y el uso del escudo como elemento de “defensa” en el control de las protestas.

Curioso es que solamente se muestra el uso del escudo, representado como si fuese el único elemento que las Fuerzas especiales utilizan en las protestas. ¿Acaso fuerzas especiales no utiliza lumas largas, lacrimógenas (estas se muestran casi como si salieran de la nada), balas de goma e incluso pistolas reales? Lógicamente en un contexto de docupropaganda, la muestra de tales herramientas represivas no puede entrar. La habilidad con lumas largas no es algo que aparezca de la nada, sino que es rigurosamente entrenada:

Algo más que acotar sobre esto: cuando la periodista no aguanta más la lacrimógena debe ser llevada dentro del bus de FFEE. Cuando logra entrar, alguien pregunta “Está pinchada?” y recibe un rotundo no como respuesta. “Pinchada” ¿de qué? ¿Para qué? Curioso…

Para complementar lo hasta ahora expuesto, resulta vital integrar a la docupropaganda lo que dice el capitán Jaime García sobre los estudiantes, cuando le enseña a posicionarse bien con el escudo a la periodista: se muestra a los estudiantes como provocadores y artífices principales de su propio daño para que en los medios de comunicación se presenten como violencia de Carabineros. Una desfachatez seguida de la otra.

La instrucción, dentro del programa transmitido, es un espacio con muchas frases que sirven de dispositivos para convencer al espectador: uno de ellos es cuando señala que “un carabinero siempre anda identificado, si no es a través de su nombre es a través de su placa de servicio, por lo tanto nunca deje de usarlo” (4:58). Los que acostumbran ir a protestas saben que lo último que un carabinero da a los manifestantes es la identificación propia. Mucho menos la tendrán a la vista de los demás, en caso de posibles abusos de su fuerza.

Otro elemento discursivo que permea la propaganda para convencer de la humanidad y control que los carabineros tienen sobre sí mismos, es cuando antes de la salida a la protesta, el mayor señala que “la mayoría de los que asisten son menores de edad, por lo tanto tiene que haber un cuidado especial”. ¿Ese cuidado especial considera dejar casi inconsciente a estudiantes secundarios? ¿Eso incluye las pateaduras dentro de los buses de carabineros hasta hacer perder dientes? ¿Eso incluye las tocaciones a mujeres en los calabozos?

La represión disfrazada de humanidad

Gran parte del protagonismo de la docupropaganda se la lleva el capitán Jaime García. En él está condensado todo lo que el poder quisiera mostrar—desde su ideología represora—para ensalzar una “leyenda rosa” de las fuerzas especiales. En él se encuentran los dos elementos básicos para mostrar: la dureza, disciplina y el trabajo para “resistir” los embates de una protesta; y en otro plano la humanidad, la ternura y la sensibilidad de un hombre común y corriente con familia. Ese segundo elemento es de especial atención y preocupación, ya que envuelve de sensibilidad la práctica más asquerosa que corresponde a fuerzas especiales, que es la imposición del poder sobre la gente.

Sobre esto, el mismo capitán declara lo siguiente: “La gente se imagina que somos todos alterados de la cabeza. Yo creo que la gente se debe imaginar que uno es violento y que todo el día está practicando, no sé, artes marciales pa’ ser violento, o pa’ tratar de no, al contrario: te diste cuenta, nosotros estamos orientados todo nuestro trabajo a contenerlo no más, sí… tenemos que tratar de poner la cuota de cordura dentro del tema. Y tenemos esa capacidad que, terminando nuestro servicio uno se desenchufa”. Desde ese momento comienza la clásica apelación a la humanidad, componente que intenta hacer conexión con la sensibilidad del telespectador, que intenta modificar la visión del carabinero opresor: “ya no es tan malo, porque tiene familia” sería la idea central

Reforzando ese aspecto, surgen dos actos: según la esposa, “ella es la que manda” en la casa (mostrando un carabinero sumiso, comprensivo) y también es muy condescendiente con su hijo, al cual no reprime cuando éste prefiere ir a jugar Xbox antes de tomar once en familia. ¡Hasta permisivo se muestra!

Otro elemento de humanidad es cuando la periodista, en plena guardia de la moneda, llora con su compañero cuando él recuerda a su familia; dice este que ser carabinero es un “orgullo para su familia”. En este caso la periodista hace las veces de interlocutor emocional, en el sentido de que ella llora cuando el otro da su testimonio. La idea es que el telespectador también se identifique con las lágrimas y, por lo tanto, con la sensibilidad del testimonio.

Las apologías descaradas

A pesar de que el capítulo entero sea una burda propaganda, hay un par de citas que merecen ser analizadas, que serán revisadas a modo de conclusión de este pequeño examen.

En la protesta misma, vestida de fuerza especial, la periodista señala que “De acuerdo a lo que yo he visto, y de acuerdo a lo que mi experiencia vestida de esta forma, por lo menos en esta marcha y los otros procedimientos que hemos realizado, lo que hacemos es recibir y aguantar”. Acto siguiente, después de que detienen a menores de edad (de los cuales, en promedio, nisiquiera alcanzan a formalizar al 1% de ellos por no tener ningún tipo de evidencia) la periodista sale junto a ellos en la comisaría señalando: “De todo lo que he visto hoydia: una cosa es educación y tener el derecho a manifestarse y protestar… a luchar por sus derechos. Otra cosa es esto, otra cosa es lo que con lo que está terminando la marcha de hoy”. Parece necesario recalcar que la violencia política popular no es más que una reacción a un sistema impuesto del cual comienzan a verse las primeras fisuras, y que las demandas educacionales, salariales, laborales, de salud y otras más son inseparables a las explosiones de rabia que mantienen las manifestaciones.

Ya como cierre final de la apología, la periodista señala que “Yo nunca me he sentido tan agredida en mi vida. He sentido insultos, piedras, palos, empujones y humillación”. Me parece que es bastante obvio que nunca se había sentido tan humillada, porque quienes nos manifestamos contantemente sentimos la humillación de la estigmatización por donde uno vive, por como uno habla; sufrimos los “piedrazos” que nos da el sistema capitalista, en el cual si no estudiaste en buenos colegios tienes tu vida condenada a un fracaso y tener una vida precaria; sufrimos los “palos” que nos da el sistema de salud cuando tenemos una urgencia y tenemos que esperar 5, 6 u 8 horas para que nos atiendan y sufrimos los literales empujones de los otros trabajadores y pobladores cuando tenemos que entrar a un bus del transantiago o del metro en horario punta ¡y lo peor de todo es que quienes reprimen nuestros deseos de tener una vida mejor se muestran como víctimas! ¿Quién es realmente la víctima de quién?

El pequeño extracto de 21 días viviendo de fuerzas especiales intenta mostrar un caso particular como bueno para generalizarlo a todos los aspectos de la vida policial. Como señala un estudio de FLACSO Chile, sólo entre 1990 a 2004 (en plena postdictadura) ha habido más de 6 mil denuncias de abuso policial, y esto sólo es en la IV, V, VI región y RM. No se puede hablar de violencia aislada cuando es una tendencia universal que ha ido en aumento. Sino, pregúntenles a los familiares de Juan Pablo Jimenez, Manuel Gutierrez, Mendoza Collio, Alex Lemún o ahora Rodrigo Melinao.

Estar 21 días viviendo con fuerzas especiales jamás será argumento de autoridad frente a quienes llevamos muchos años viviendo en carne propia la represión de quienes ahora se muestran como víctimas.

Escrito por Ismael Nédito

Propagalo!

Publicado el Lunes 19 Agosto 2013 a las 1:34 pm
1 Comentario todo cagón

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Comentarios

  • ELcarenatre

    bastate buena e interesante el analisis respecto de la docupropaganda, solo queria agregar que en la prate de que dice “¿esta pinchada o no?” me prece mucho que se refieren a la mascara, de hecho se ve al paco revisandola…

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