Publicado el 26 Septiembre, 2013 a las 12:46 pm

Camuflaje [Columna de Opinión]

La siguiente columna evidencia cómo los medios de comunicación grandes (burgueses) tratan de ocultar su postura con tintes de pluralidad, de cómo utilizan rostros progresistas, artículos, comentarios que a la larga no son siquiera meras irrupciones en su constante discursivo, tan solo les ayuda a sobrevivir en un mercado donde sus consumidores se vuelven más activos.

A Carlos Peña, Rafael Gumucio y Yerko Puchento

Que hoy los medios de comunicación tradicionales han perdido relevancia no solo es totalmente cierto, sino que es uno de los hechos más importantes para nuestra sociedad en el último tiempo, sobre todo considerando que la información hoy es comentada, filtrada, cuestionada y muchas veces producida por la misma ciudadanía.

Dicho lo anterior, aún no tenemos un diario respetable en Chile. En lugar de ello tenemos El Mercurio, y cuando digo El Mercurio aclaro que también se trata de LUN -su versión popular-, Emol -su versión digital-, y por supuesto su amplia red de Estrellas a lo largo de todo el país -su red local-. No hay duda, este medio lidera el mercado. Muchos periódicos han muerto en el intento de destronarlo y no hay caso.

La Tercera le hace collera, pero su pasado la condena; es del mismo corte del diario de Agustín, también del mismo estilo y, de hecho, pelea la torta porque es capaz de obtener financiamiento de los mismos que publicitan o publicitaron en el Mercurio. Pero en el fondo el financiamiento no es la clave que les otorga la ventaja a estos medios, si no fueran los más leídos no los financiarían. La clave de su éxito es algo más sofisticado: el camuflaje.

Los diarios acostumbran a destacar que son pluralistas por un efecto de mercado. No recuerdo alguno que lo fuera de verdad… bueno, recuerdo uno. Pero otra cosa distinta es el camuflaje, el no decir quién y qué se es en verdad y engañar con ello al lector. Con la llegada de la democracia El Mercurio tenía que dejar atrás las campañas del terror, el “Exterminados como ratones”, la instigación al odio entre clases y todo aquello que no era disfraz, sino que les salía del estómago. Y entonces el Mercurio usó el camuflaje, una vieja técnica. Un arma clásica de la política, cómo no. En Chile el rey fue Alessandri Palma, gran amigo de los Edwards, quien se disfrazó de demócrata para contener a las masas: la democracia como camuflaje del patrón.

Y entonces El Mercurio se mimetizó con Concertación.

{El diario de Agustín es como la Constitución: La Concertación lo asumió como su diario oficial (y comercial), le hizo una que otra crítica, sin embargo le dio su bendición, lo camufló con su participación; pero el Mercurio sigue siendo un medio ilegítimo… Y ya no estamos para Mercurios}.

 

Hoy el camuflaje de El Mercurio es aún más avanzado, ahora también se viste de quienes critican a la misma Concertación, aunque son de izquierda. Esto porque el poder está pasando verdaderamente a la ciudadanía y esta sociedad chilena es mayoritariamente independiente de izquierda, como diría Germán Marín.

¿Cuál es el problema de este camuflaje?

El menos importante -dada esta actualidad- es esa forma disimulada de imponer su pensamiento económico y político, esa forma subliminal de desacreditar a quienes están en contra de su pensamiento (El Mercurio miente… o menos notorio: El Mercurio es tendencioso). Ejemplos de esto hay muchos, sin ir más lejos las distintas notas maliciosamente contrarias al movimiento estudiantil y sus líderes que se dieron en su momento. Un efecto que en otras épocas dio cuantiosos dividendos -El Mercurio fue el editor de la realidad de este país-, aunque hoy sólo hace creer y caer a fanáticos y superficiales.

Pero el problema más grave es quién está detrás de El Mercurio.

Por un lado es clara la culpa de este grupo editorial en el periodo post-golpe. El documental El Diario de Agustín fue el primero en mostrar el comportamiento cómplice con la Dictadura, en mostrar al decano falseando noticias, protegiendo al régimen y denigrando a personas contrarias a él. Está demostrado lo clave que son los medios de comunicación para los gobiernos autoritarios. Lo lamentable es la falta de conocimiento masivo de esta verdad que, como muchas, solo se trata a nivel de círculos limitados de conocimiento; de ahí la importancia de la transmisión del documental en medios televisivos abiertos como TVN, canal que en la práctica lo ha censurado temporalmente.

{Me pregunto: ¿Se espera la muerte de Agustín Edwards? ¿Se le quiere evitar una vergüenza? ¿Luego de su muerte vendrá un mea culpa de su familia? ¿Por qué la Concertación se presta para esto? Intuyo las respuestas…}

Sin embargo, lo peor está en el período pre-golpe. Se han construido mitos que explican el quiebre de la democracia y aún cuando en algunos círculos se sabe que todo ello se trata de una farsa, masivamente se sigue estando lejos de la verdad. Para muestra un botón: la reciente encuesta Cerc mostró que solo un 2% de los chilenos cree que el golpe fue producido por la derecha… y como se sabe ¡fue la derecha! En mi opinión la derecha económica bajo la orquestación del mismo dueño de El Mercurio, Agustín Edwards Eastman, el instigador original del golpe de estado de 1973.

Las pruebas vienen desde los años 50’s, cuando aparece el fantasma de Allende como posible ganador de una elección presidencial. Los Edwards y la suma de todos sus miedos; ellos lo dijeron anticipadamente: un camino que Chile había comenzado en los años 30’s hacia la estatización de algunos sectores productivos podía terminar instaurando el socialismo en el país. Los Edwards eran defensores asérrimos del derecho de propiedad y anticomunistas. La única solución al problema, desde su punto de vista, era terminar con aquella inercia hacia la estatización y resetear la institucionalidad para comenzar una nueva economía, capitalista. Ello solo se lograba con un gobierno de derecha o con un golpe de estado. El presidente Jorge Alessandri falló en el intento, y en su segunda oportunidad se veía más débil aún… Si ganaba Allende sólo quedaba el Golpe.

Esto que digo no es antojadizo, Edwards creó, en 1968, una organización para ello; no solo tuvo que ver con el Tacnazo en 1969, en la primera aparición del general Viaux, también estuvo con los americanos y los militares traidores tras la muerte de Schneider; y por supuesto operó el golpe a través de su mano derecha, José Toribio Merino, el verdadero comandante del asalto de las fuerzas armadas en 1973. Y, para redondear, fue el articulador del equipo económico de la Junta, a cargo del mismo Merino, y formado ya cinco años antes por Edwards, el mismo equipo que sentaría las bases de la Constitución de 1980, una constitución que se funda en el derecho de propiedad y que asegura las condiciones para que un tercio de la política partidaria impida cualquier cambio de fondo de esa misma constitución.

El que quiera salir de dudas, investigue. Todo está disponible para conocer esta verdad.

 

Es así que cuesta imaginar cómo alguien como Carlos Peña que prologó La Conjura de Mónica González, que seguramente conoce libros como Testimonio de un soldado, de Carlos Prats, que sabe de los archivos desclasificados de la CIA, etc., no note que el dueño del diario en que escribe es el responsable directo del quiebre de la institucionalidad en Chile a costa de muerte, tortura, destierro y sufrimiento de miles de chilenos; a costa de división odiosa entre coterráneos.

Por lo mismo el mejor columnista de este país es Yerko Puchento, y no Carlos Peña como todos dicen. Ciertamente el rector es uno de los columnistas más respetados y por lo mismo la vara para medirlo debe ser alta. Pero Peña adolece de lo que a Yerko le sobra, la capacidad para trabajar en un canal que aún cuando tiene un pasado oscuro –aunque no del tipo El Mercurio- y un presente enrarecido por una adquisición entre amigos, es capaz de decir a la cámara que va a dar al dormitorio de sus dueños, ustedes, Luksic, son aquí y son allá, ustedes, Luksic, hicieron esto o lo otro, ustedes son los dueños, pero no me pueden cooptar; no sólo una, sino cada vez que puede, incluyendo al nuevo director de prensa, Cristian Bofill, que tiene que soportarlo a regañadientes.

Ahora, que Yerko sirve de camuflaje al canal del angelito, le sirve. Eyzaguirre, su ex director, fue parte de ese camuflaje también, así como alguna vez lo fue Fernando Paulsen para el diario La Tercera, cuando ejerció de director a fines de los 90’s; y como lo son todos aquellos columnistas de izquierda que sin necesidad le prestan ropa a los medios de comunicación de derecha. No solo los usan de camuflaje, muchas veces hasta de francotiradores (la edición es el arte de hacer que alguien que cree hablar por su cuenta, en realidad hable por quien lo escoje para hablar). Me viene a la memoria Patricia Espinosa, a quien veo sufrir por las víctimas de derechos humanos, rajar vestiduras, y sin embargo escribe en LUN. Ella incluso cree ser parte de un “nuevo estilo de crítica”, cuando ha recibido atención solo por escribir un medio de comunicación masivo. Sin LUN no sabríamos de ella ni le interesaría a nadie.

Y mi querido Rafael Gumucio, columnista del Mercurio; en ocasiones hablando de la valentía de los escritores. Recientemente escribió en The Clinic la columna “Nada de eso fue un error”; dado lo que escribiste y nuestras conversaciones anteriores creo tener derecho a preguntarte, si tu abuelo era como Allende, ¿verdaderamente estas conectado con sus anhelos para Chile? ¿Existe ese puente histórico entre tú y él? ¿Qué crees que te diría hoy, ahora, si estuviera vivo?

El Mercurio es un medio de comunicación que no merece seguir existiendo. Eso se lograría de una forma que en realidad no es difícil: renunciando a ser parte del camuflaje que esconde un pasado oscuro y un presente cobarde.

Escrito por Luis Molina

Extraido de http://elitedesconocida.blogspot.com/

Propagalo!

Publicado el Jueves 26 Septiembre 2013 a las 12:46 pm
1 Comentario todo cagón

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Comentarios

  • Dialéctico

    Buena y lúcida idea pero pésimo desarrollo teórico, por no decir que está poco dialéctico el articulo culeao.

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