Publicado el 13 Octubre, 2013 a las 9:13 pm

La armonia del ecosistema: equilibrio dinámico v/s disrupción capitalista

Interesante texto que nos interpela sobre la necesidad de un cambio civilizatorio, más allá de las categorías políticas clásicas de "izquierda y derecha". Cada vez se hace más evidente lo obsoletas que se están tornando muchas de las categorías ideológicas implantadas desde la modernidad occidental, lo cual nos obliga a replantearnos radicalmente en nuestros postulados, para así construir una respuesta radical y global a un sistema de dominación que también se ha tornado radical (por su ímpetu destructor) y global (por su ímpetu totalizador).

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De acuerdo a Carl Sagan de no mantenerse el equilibrio en nuestra atmosfera, nuestro futuro planeta podría ser un desierto desolado.

Asistimos a una de las transformaciones más extraordinarias y terribles en la historia del planeta y sin embargo, a pesar de estar frente a nuestros ojos, nos resulta bastante difícil verla en toda su magnitud. Estamos alcanzando una nueva era geológica denominada “Antropoceno” producto del sistema urbano-agro-industrial mundial.  Fernández Duran describe con gran detalle en uno de sus textos (1) este proceso sin precedentes, en que la especie humana ha conseguido alterar el sistema ecológico y geomorfológico local, no solo en términos de clima o biodiversidad sino la apariencia del paisaje a una escala impresionante,  todo lo cual ha sido posible gracias a la disponibilidad de combustibles fósiles, como petróleo y carbón, que han permitido generar un proceso gigantesco de acumulación de capital que, a pesar de todo, ha sufrido una merma desde los años setenta.

El posible futuro de ciertas zonas del planeta

El posible futuro de ciertas zonas del planeta

La especie humana, o mejor dicho la clase dominante dentro del sistema capitalista, valiéndose de la producción ideológica de consenso o la coerción, se las ha arreglado para mantener un sistema que ha consumido solo en el siglo xx más energía y recursos que en toda la historia de la humanidad. Una sola especie ha logrado desestabilizar de tal manera el equilibrio ecosistémico que sectores claves para el mantenimiento de la vida están gravemente amenazados, todo gracias a las industrias energéticas, pesqueras, forestales y agrícolas, entre otras.

La ideología capitalista basada en el crecimiento infinito se está estrellando fuertemente frente a la evidente realidad de que los “recursos” de la biosfera tienen límites finitos. Estos “inputs biofísicos” constituidos por materiales y energía de todo tipo, al ser extraídos por el aparato tecno-industrial, generan fuertes externalidades negativas, todo con el objetivo final de ser transformados en capital, dinero, poder. El argumento para mantener esta irrisoria destrucción del medio y esta obscena acumulación de “riquezas” suele ser que a la larga traerá mayores beneficios para la totalidad de la población mundial, bajo la idea de que esta impresionante “producción de riqueza” llegará, por un efecto de “chorreo”, a las capas empobrecidas del planeta. Sin embargo, este argumento choca con la realidad de una parte considerable de la población mundial, la cual sigue (al igual que en los comienzos del capitalismo industrial del siglo XIX) sometida a largas jornadas de trabajo asalariado y a otras formas de esclavitud que aún subsisten en muchas partes del globo. El argumento que deposita su fe en el progreso capitalista y la supuesta eliminación futura de la pobreza que éste conllevará, olvida el hecho de que dicho progreso necesita de la sociedad de clases y el trabajo asalariado para sobrevivir. Lo que queremos decir es que el despojo de la fuerza de trabajo de millones de seres humanos es condición necesaria para que esta maquina siga funcionando (se debe recordar también que así como es necesaria esta división en clases para que el sistema siga funcionando, igualmente son necesarias las divisiones más antiguas, pero aún latentes en el planeta, de carácter sexual y racial).

Uno de los resultados de estos procesos de producción capitalista son las estructuras materiales que conforman las ciudades e industrias, así como las millones de mercancías que se ponen en circulación día a día para el consumo de la especie humana. Todo este proceso de consumo vuelve a tener fuertes externalidades negativas que se suman al proceso extractivo, esto es lo que se define como “outputs biofísicos”, lo que sumado a los combustibles fósiles ha permitido la explosiva expansión de todo el metabolismo urbano-agro-industrial del capitalismo, gracias a la enorme capacidad motorizada de desplazamiento “horizontal”, los cuales generalmente en la naturaleza son sucesos esporádicos de grandes migraciones. La naturaleza funciona la mayoría del tiempo con desplazamientos “verticales” en que hay transferencia entre el reino vegetal, atmósfera y suelo.

Frente a estos procesos nos encontramos con una grave ruptura, ya que en la naturaleza no hay “desechos” todo es (re)utilizable por otros factores del ecosistema, este hecho nos debería empujar a orientar todos nuestros esfuerzos científicos como civilización, más que a la expansión de este mismo metabolismo urbano-agro-industrial a formas y ritmos de producción armónicas con los ciclos particulares del planeta. El capitalismo funciona como un recién llegado a una fiesta que lo precede en millones de años, en donde este nuevo visitante entra cambiando sin consentimiento la música y lanzando escupos al resto de los participantes mientras se sienta sobre ellos, todo esto debido a que la economía capitalista jamás contempló la finitud de los recursos o que lo producido muchas veces no puede ser “reutilizado” por el ecosistema convirtiéndose en imperecedera basura, situación no muy diferente a la que sucede con los “socialismos” latinoamericanos y sus políticas extractivistas (caso emblemático el gobierno bolivariano de Venezuela que sustenta gran parte de sus políticas en la extracción de petroleo con todas las consecuencias que tiene este proceso).

El sistema mundo capitalista hasta ahora irradia estos impactos desde su centro económico-cultural, mientras la catástrofe se recrudece en espacios periféricos y semiperifericos. El mundo entero y todos los territorios urbanos se fragmentan en clases, en donde unas regiones acumulan capital, atraen más población y sobre consumen energía como es el caso de los polos industriales en China, Alemania o Estados Unidos, mientras otras regiones alimentan a estos gigantescos monstruos con cada vez impactos mas fuertes, como puede ser desde el Congo, Venezuela hasta Chile, por nombrar algunos, en que se deterioran los ecosistemas, ya sea por la extracción de minerales, petróleo e industrias forestales y pesqueras, entre otras, afectando directamente a la población, al punto de que hasta los recursos hídricos se ven gravemente comprometidos en el mundo entero. La mayoría de los conflictos socioambientales actualmente en Chile son fruto de esta organización del mundo, que a su vez se replica dentro de cada estado.

desarrollismo 2.jpg4De esta forma el alto consumo de minerales, energía, agua, la destrucción de bosques, de la fauna marina ,etc. que provoca todo el metabolismo urbano-agro-industrial del capitalismo, basado en el supuestamente tan deseable “crecimiento económico”, nos termina por empujar a una situación límite, en que el solo hecho de pensar en un sistema capitalista “sustentable o verde” raya en la más absoluta irracionalidad, en donde debates como energías “limpias vs contaminantes”, o industrias que administran “responsablemente” sus emanaciones y que son “socialmente responsables” se convierten en superficiales, ya que la única salida responsable es una transición que nos lleve a desmantelar y sustituir por completo este complejo urbano-agro-industrial del capitalismo, por una organización racional, en que desde las formas y ritmos de extracción de recursos, así como su posterior procesamiento y su output final, sean concordantes con los ciclos del ecosistema y no con los pseudo-ciclos de la economía capitalista. El sistema capitalista es por antonomasia destructivo y está indisolublemente unido al fin último de acumular capital, alejándose así del equilibrio dinámico que mantiene al planeta funcionando armónicamente.

Para la bióloga Lynn Margulis el planeta tiene un cuerpo mantenido por procesos fisiológicos complejos (2), lo que pone de manifiesto que la pérdida de biodiversidad no es solo nostalgia o hippismo, sino que cada vez que se pierde biodiversidad, por ejemplo cuando un bosque es sustituido por grandes plantaciones de monocultivo, es equivalente a que a alguien le amputaran un riñón o un ojo para luego decir que todo está muy bien ya que es en nombre del progreso. El planeta se comporta como este cuerpo “vivo”, no en un sentido antropomórfico como una “diosa” o un “espíritu”, sino como un sistema auto-organizado que requiere mantener una homeostasis para lo cual crea las condiciones necesarias (equilibrio térmico planetario, regulación atmosférica, dinamismo biológico, flujos marinos, etc). Hay que tener claro que si estas condiciones son rotas no arrasaran con la totalidad de la vida del planeta, ya que ésta ha subsistido en peores condiciones ambientales, por ejemplo en forma de microorganismos que son capaces de poner en marcha la evolución. Los que sucumbiremos, sin duda llevándonos grandes cantidades de otras formas de vida, seremos nosotros, ya que cuando una especie crece en forma desmedida simplemente colapsa en un punto, tal como las células cancerosas terminan matando a un ser humano.

Francisco Varela decía que una célula cancerígena era una célula “psicótica”, en el sentido de que era incapaz de “comunicarse” en forma adecuada con el resto del organismo, nuestra especie mediante el metabolismo urbano-agrícola-industrial del capitalismo se comporta en esa misma forma al ser incapaz de “dialogar” con los ritmos del ecosistema, ni siquiera los percibe, ya que como menciona Fernández Duran esta época de las tecnologías de la imagen y la información nos producen la ilusión de que cada vez penetramos en un mundo aparentemente inmaterial, pero cuyo sustento es material, consumiendo una gran cantidad de energía y recursos para poder sostenerse.

El colapso está frente a nuestros ojos a diario solo basta observar las podredumbres que son las ciudades en las que vivimos, las zonas a nuestro alrededor destruidas por una forma de economía que no conoce de racionalidad ni de límites, en que se chantajea emocionalmente con empleos miserables omitiendo que si la gente “mendiga” empleos es porque se le ha arrebatado la posibilidad de vivir de su propio trabajo, desde el momento en que el capitalismo acapara en una minoría la propiedad de los bienes, recursos y medios de producción existentes.

El sistema capitalista basado en el progreso continuo y la acumulación infinita se sostiene además en otros dualismos como mente-cuerpo , razón-emoción, naturaleza-cultura frutos de la ilusión del “yo”, que comienza a generarse desde el neolítico, como hemos visto en otros textos que he trabajado, lo que no solo nos demanda orientar todos los esfuerzos científicos para desplegar una forma de vida racional, sino el de toda una forma de conocimiento experiencial que nos permita ver y comprender los ciclos del ecosistema fuera de nuestros condicionamientos sociales anclados en la mentalidad capitalista, con el fin de lograr un acoplamiento estructural armónico con el ecosistema.

Varela definía la evolución como esa deriva natural de cooperación entre las especies de un ecosistema, por ejemplo la interdependencia entre una abeja y una flor, como el eje primordial de la evolución, frente a la competencia que la definía como un fenómeno de “borde”. Una parte importante de la propuesta de investigación científica de la consciencia, usando metodologías en primera persona conocidas como neurofenomenologia (3), es la empatía.

El fenómeno de la empatía tal vez no sólo está circunscrito a un nivel  intra-especie, de esto se desprende que, en virtud de nuestra supervivencia, los procesos de empatía tengan que ser extendidos a la totalidad de la biosfera, para así comprender en profundidad el lenguaje del ecosistema en que estamos insertos. Al realizar este ejercicio será evidente la incompatibilidad de la vida con el sistema inter-estado organizado económicamente a través del capitalismo. Claramente, esfuerzos individuales son importantes para ir generando una relación armonica con la biosfera, sin embargo estos esfuerzos carecen de la relevancia necesaria, si no se pone en cuestión de forma estructural y colectiva el sistema que reproduce este complejo urbano-agro-industrial y las relaciones de poder que lo sostienen.

Hace algunos siglos el matemático y astrónomo Johanes Kepler en su obra “La Armonía del mundo” mediante complejos cálculos y observaciones, definió las leyes sobre los movimientos de las órbitas de los planetas alrededor del sol, inspirándose en los sólidos platónicos (4), si bien las leyes de Kepler aún están vigentes, claramente los planetas no siguen la armonía de los sólidos platónicos, pero en esa necesidad de comprender toda la complejidad de las armonías y delicados equilibrios de la realidad, tal vez este el primer paso para entender y armonizar nuestra existencia en relación con los ciclos del ecosistema, al mismo tiempo que desplegamos nuestra vida como especie.

 

NOTAS

 

(1) El antropoceno: La crisis ecologica se hace mundial http://www.rebelion.org/docs/104656.pdf 
(2) Libro “Planeta Simbiotico” de Lynn Margulis http://www.nakido.com/A80540ABB614B9C4D487238ECA568AAF4A82DD75?uid=sethariel
(3) Libro “El fenomeno de la vida” de Francisco Varela  http://www.nakido.com/3274DE9CB38F51052B72D162516416900C8FFFA6?uid=sethariel

(4) Los 5 sólidos platónicos son polígonos regulares cuyas caras son iguales entre si y en sus vértices se unen el mismo número de caras. Generando estructuras armonicas

 

Escrito por @de_humanizer

Extraido de http://elvirusdelasubversion.blogspot.com/

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Publicado el Domingo 13 Octubre 2013 a las 9:13 pm
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