Publicado el 22 Octubre, 2013 a las 9:14 am

Unas cuantas verdades sobre la “Ley Monsanto” (compilación de noticias)

Dejamos con ustedes 3 noticias sobre la amenaza de Monsanto. 2 referidas a la actualidad del avance de Monsanto en la región chilena y en lo que va la aprobación de la ley de obtentores vegetales que es la que le daría libre desarrollo al biopoder transnacional de la empresa transgenica en nuestro territorio. La última noticia es de raul Zibechi y analiza sucintamente en lo que va la oposición a Monsanto a nivel Latinoamericano.

monsanto conce

ANPROS, el gremio de los productores de semillas híbridas y transgénicas, nos acusa de propalar “mitos” sobre la Ley de Obtentores Vegetales, rebautizada por nosotros como “Ley Monsanto–von Baer”. Pero ellos se están quedando solos con sus mentiras. La ley no se votará hasta después de las elecciones y ya 21 senadores han expresado su rechazo. La ex Presidenta Bachelet presentó el proyecto en 2010, en un país desinformado. Hoy, cada vez más chilenos conocen la semilla de maldad de Monsanto.

Este proyecto despoja de sus derechos a la agricultura familiarcampesina, que abastece a las ferias libres. Según esta ley, los productores no pueden vender, intercambiar ni sembrar más semilla de su cosecha que el equivalente de lo sembrado. El artículo 48 de la “Ley Monsanto” da derecho a guardar semillas de sólo algunas especies, como las papas, y permite la requisa judicial de cosechas en caso de denuncia de infracciones.

Esta es una ley innecesaria. La actual da enormes ganancias por royalties a los obtentores. Los pequeños productores rurales dependen del mercado y organismos públicos como Indap, Prodesal y los PDTI (Programas de Desarrollo Territorial Indígena), que les entregan con créditos y subsidios semilla “mejorada”. Sin embargo, las empresas no toleran que haya campesinos que aún guarden la semilla.

Todavía en Chile se usan variedades que no figuran en listados ni registros nacionales. Los precios de las variedades mejoradas son escandalosos: entre un 2.000% y un 7.000% más caros que los de las corrientes o estándar. Las variedades cuyo registro vence, desaparecen.

Hoy en el registro SAG no hay plantas medicinales. Pero este proyecto permite registrar cualquier variedad de planta “creada o descubierta” por el obtentor, siempre que sea nueva, distinta, homogénea, estable. Fácil, porque “nueva” es que no esté en el comercio, y las variedades locales son homogéneas y estables.

La quinoa está presente en Chile desde tiempos precolombinos. A fines de los años 80, comunidades mapuche comenzaron a sembrar una variedad de quinoa de la Sexta Región recuperada por un promotor de ese cultivo, Pablo Jara, homenajeado en Italia por Slow Food y FAO. A partir de dicha variedad, Erik von Baer registró a su nombre una variedad “nueva” de quinoa, a la que introdujo una modificación cosmética.

Los agricultores podrán ser demandados si sus semillas no parecen “distintas” a una privatizada. En Colombia, toneladas de semilla de arroz fueron confiscadas por ello. Uno de los principales logros del reciente paro campesino colombiano fue derogar el decreto ley que los obligaba a usar semilla certificada.

El mensaje de Michele Bachelet sostenía que la aprobación de esta ley haría posible contar con variedades “biorreactoras generadoras de vacunas, proteínas de interés terapéutico y biomateriales”. Omitió el nombre de este tipo de variedades: farmacultivos transgénicos.

Monsanto ha perdido juicios entablados contra agricultores brasileños por no pago de royaltiesde semilla transgénica. La ley de Brasil los protege. Las transnacionales tienen que asegurarse de que Chile garantice el pago de más royalty. Y nosotros, como campaña, nos proponemos detener su avance y lograr el rechazo de la Ley de Obtentores, dejándolos sin piso para su proyecto transgénico: la Ley de Bioseguridad

Lucia Sepulveda

Camilo Escalona, Monsanto y los campesinos

transgenicos monsanto

Mientras que la candidata presidencial del ala radical derecha, la udista Evelyn Matthei, anda preocupada en su correría electoral por el país porque a los policías les dicen durante las manifestaciones “Paco culiao”, nada dice sobre la aprobación en el Congreso Nacional de un Convenio (el UPOV 91) que entrega a los privados los “derechos de obtentores vegetales”. Es decir, el Congreso aprobó que los campesinos chilenos no pueden volver a usar sus semillas, porque tienen que sembrar las “certificadas”, las manipuladas genéticamente, y aunque no se menciona, se sabe mundialmente que la productora de esas semillas es la firma estadounidense Monsanto (logo), empeñada en controlar la producción mundial de alimentos. Y los precios.

La manera de operar con esta nueva legislación sería que las grandes firmas nacionales, que se surten de proveedores, por ejemplo la azucarera Iansa, que se surte de los pequeños y medianos remolacheros, o les “arriendan” sus cultivos, pedirán que estos proveedores demuestren el uso de “semillas certificadas”, con el argumento de que son “más seguras”. O simplemente, Iansa misma se encarga de “certificar” las siembras.

La Marcha Mundial contra Monsanto, realizada el 25 de mayo pasado, tuvo efecto en Europa, porque allá se rechazó “la importación masiva de semillas transgénicas”, debido a que en Europa, al parecer, son menos ignorantes y menos peleles que en Chile, donde Monsanto reinará, como la gran proveedora de biotecnología para el mundo entero.

Lo triste es que en Chile, personas que se dicen “socialistas”, como los señores Camilo Escalona y Juan Pablo Letelier, no movieron un dedo para defender a los campesinos chilenos, o la soberanía nacional, sino que se instalaron en ese espacio cómodo de Poncio Pilatos, y se “abstuvieron” (¿se abstuvieron?, sí, eso hicieron) al momento de emitir el voto. Argumentarán, seguramente, que “no podían ir contra los Tratados de Libre de Comercio ya firmados por Chile”.

También se abstuvieron, “patrióticamente”, los demócratas cristianos de “izquierda”, Hossain Sabag, Patricio Walker y Andrés Zaldívar, seguidores furibundos de la candidata presidencial socialista Michelle Bachelet, a quienes ella, en reciprocidad, los apoya en su publicidad electoral. Michelle Bachelet tampoco dice algo sobre la aprobación del convenio a favor de Monsanto (o en su defecto, a favor de Syngenta, Bayer, y Dupont/Pioneer, los otros, minoritarios, “certificadores de semillas”).

Claramente en contra de enterrar a los campesinos y la producción chilena de alimentos, o al menos para tener su independencia y capacidad de decisión sobre las semillas que quieren usar, votaron los demócratas cristianos Ximena Rincón y Jorge Pizarro, el radical José Antonio Gómez, el pepedista Jaime Quintana y del Movimiento Amplio Social, Alejandro Navarro.

Y en favor (o con un “Sí”) de las semillas transgénicas, “certificadas”, muy probablemente de Monsanto, votaron los siguientes congresistas, que los ciudadanos deben tener presentes cuando vayan a votar para integrar el nuevo Congreso Nacional:

–Carlos Cantero, Juan Antonio Coloma, Hernán Larraín, Pablo Longueira, Jovino Novoa, Jaime Orpis, Francisco Chahuán, José García, Alberto Espina, Carlos Kuschel, Carlos Larraín y Baldo Prokurica, todos los anteriormente mencionados, dignos representantes de la derecha recalcitrante chilena. Pero además, el “izquierdista” del Partido Por la Democracia, Eugenio Tuma, que resultó menos hipócrita que los abstencionistas, y se alineó, derechamente, donde más rentablemente se sintió.

El convenio que han firmado los congresistas (el UPOV 91) privatiza la comercialización, importación y exportación de las semillas para la siembra nacional. Son los mismos congresistas que se llenan la boca diciendo que Chile es un país autónomo y libre, y ellos “voceros del pueblo soberano”. Los mismos congresistas que están entregando a la empresa privada llamada Monsanto (o a sus pequeñas competidoras Syngenta, Bayer, y Dupont/Pioneer), la disponibilidad alimentaria nacional.

La noticia de esta jugada legislativa, por cierto, pasó prácticamente invisible en todos los medios de comunicación.

Pero entre tanto, la candidata presidencial apoyada por estos personajes está muy preocupada en sus discursos porque los manifestantes les digan “Paco culiao” a los policías, cuando éstos arremeten contra los indefensos que protestan.

Por Julio Suarez Anturi

¿Es posible derrotar a Monsanto?

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Una de las mayores multinacionales del mundo está siendo asediada por diversos movimientos y múltiples acciones, programadas y espontáneas, a través de denuncias, movilizaciones de todo tipo que convergen contra una empresa que representa un serio peligro para la salud de la humanidad. Constatar la variedad de iniciativas existentes y aprender de ellas puede ser un modo de comprender un movimiento de nuevo tipo, transfronterizo, capaz de articular activistas de todo el mundo en actividades concretas.

El campamento en las puertas de la planta de semillas que Monsantoestá levantando en Malvinas Argentinas, a 14 kilómetros deCórdoba, es uno de los mejores ejemplos de la movilización en curso. La multinacional planifica instalar 240 silos de semillas de maíz transgénico con el objetivo de llegar a 3,5 millones de hectáreas sembradas. La planta usará millones de litros de agroquímicos para el curado de semillas y una parte de los efluentes “se liberarán al suelo y al agua, provocando un grave perjuicio”, como sostiene Medardo Ávila Vázquez de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

El movimiento contra Monsanto consiguió victorias en Ituzaingó, un barrio de Córdoba cercano al lugar donde se pretende instalar la planta de semillas de maíz. Allí nacieron una década atrás las Madres de Ituzaingó que descubrieron que 80 por ciento de los niños del barrio tienen agroquímicos en la sangre y que es una de las causas de las muertes y malformaciones de sus familiares. En 2012 ganaron por primera vez un juicio contra un productor y un fumigador condenados a tres años de prisión condicional sin cárcel.

El campamento en Malvinas Argentinas ya lleva un mes, sostenido por la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida. Consiguieron ganar el apoyo de buena parte de la población: según encuestas oficiales 87 por ciento de la población quiere una consulta popular y 58 por ciento rechaza la instalación de la multinacional, pero 73 por ciento tiene miedo de opinar en contra de Monsanto por temor a salir perjudicado (Página 12, 19/09/13).

Los acampantes resistieron un intento de desalojo del sindicato de la construcción (Uocra) adherido a laCGT, el acoso policial y de las autoridades provinciales, aunque cuentan con el apoyo del alcalde, sindicatos y organizaciones sociales. Recibieron apoyo del Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo. Consiguieron paralizar la construcción de la planta al impedir el ingreso de camiones.

El asedio a Monsanto llegó hasta un pequeño pueblo turístico del sur de Chile, Pucón, en el lago Villarrica, donde 90 ejecutivos de la trasnacional provenientes de Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile llegaron hasta un lujoso hotel para realizar una convención. Grupos ambientalistas, cooperativas y colectivos mapuche de Villarrica y Pucón se dedican estos días a “escrachar” la presencia de Monsanto en el país (El Clarín, 13/10/13).

Son apenas dos de las muchas acciones que se suceden en toda la región latinoamericana. A mi modo de ver, las variadas movilizaciones en más de 40 países nos permiten sacar algunas conclusiones, desde el punto de vista del activismo antisistémico:

En primer lugar, las acciones masivas en las que participen decenas de miles son importantes, pues permiten mostrar al conjunto de la población que la oposición a empresas como Monsanto, y por tanto a los transgénicos, no es cuestión de minorías críticas. En este sentido, jornadas mundiales, como la del 12 de octubre, son imprescindibles.

Las movilizaciones de pequeños grupos, decenas o cientos de personas, como las que suceden en Pucón y en Malvinas Argentinas, así como en varios empendimientos mineros en la cordillera andina, son tan necesarias como las grandes manifestaciones. Por un lado, es un modo de estar presentes en los medios de forma permanente. Por encima todo, es el mejor camino para forjar militantes, asediar a las multinacionales y difundir críticas a todas sus iniciativas empresariales.

Es en los pequeños grupos donde suele aflorar el ingenio y en su seno nacen las nuevas formas de hacer capaces de innovar la cultura política y los métodos de protesta. Allí es donde pueden nacer vínculos comunitarios, vínculos fuertes entre personas, tan necesarios para profundizar la lucha. Después de un mes acampando en Malvinas Argentinas, los manifestantes “comenzaron a levantar paredes de adobe, construyeron un horno de barro y armaron una huerta orgánica a la vera de la ruta” (Día a Día de Córdoba, 13 de octubre de 2013).

En tercer lugar, es fundamental sustentar las denuncias con argumentos científicos y, si fuera posible, involucrar autoridades en la materia. El caso del biólogo argentino Raúl Montenegro, premio Nobel Alternativo en 2004 (Right Livelihood Award), quien se comprometió con la causa contra Monsanto y con las Madres de Ituzaingó, muestra que el compromiso de los científicos es tan necesario como posible.

La cuarta cuestión es la importancia de las opiniones de la gente común, difundir sus creencias y sentimientos sobre los transgénicos (o cualquier iniciativa del modelo extractivo). La subjetividad de las personas suele mostrar rasgos que no contemplan los más rigurosos estudios académicos, pero sus opiniones son tan importantes como aquellos.

Por último, creo que es necesario poner en la mira no sólo a una multinacional como Monsanto, una de las más terribles de las muchas que operan en el mundo. En realidad, ésta es apenas la parte más visible de un modelo de acumulación y desarrollo que llamamos extractivismo y que gira en torna a la expropiación de los bienes comunes y la conversión de la naturaleza en mercancía. En este sentido, es importante destacar lo que hay en común entre los monocultivos transgénicos, la minería y la especulación inmobiliaria que es el modo que asume el extractivismo en las ciudades. Si derrotamos a Monsanto, podemos vencer a las otras multinacionales.

Por Raúl Zibechi

Escrito por Lucía Sepúlveda / Julio Suarez Anturi / Raúl Zibechi

Propagalo!

Publicado el Martes 22 Octubre 2013 a las 9:14 am
4 amiguitxs comentaron

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Comentarios

  • Daniel Norero

    Les dejo un artículo sobre las mentiras y mitos sobre la ley Monsanto que difunden grupos activistas anti-OGM – “Chile y el Mundo Según Monsanto”: http://www.aech.cl/2013/10/chile-y-el-mundo-segun-monsanto.html

  • Alejandro Montesinos

    Gracias Daniel por tus comentarios. Soy agrónomo, conozco algo del tema agrícola, y también de genética, por mi formación. Tu postura tan documentada, hacia falta ante tanto disparo al aire, sin argumentos que sean comentables. He recibido varias invitaciones a sumarme al movimiento anti, he respondido diciendo que me parece poco serio, inducir a la opinión publica a pronunciarse sobre temas que no conocen. Me molesta especialmente que se basuree a Erick von Baer, y por añadidura a su hija Ena. Lo conozco desde muchos años, y conozco bastante bien su trabajo, aportando año a año nuevas variedades de trigo y otras especies. Lo hace en la IX Región, a la par con INIA, y solo el entra en la verdadera ensalada entre transgénicos (sin saber de que se trata), la suscripción a la UPOV, la prohibición de pequeños agricultores a usar sus semilla, a la protección de semillas genéticas, la votación de ello en el parlamento, al medio aparece Monsanto, el envenenamiento de la población, el hambre en el mundo, la producción orgánica o sin pesticidas, etc. Es violento leer tanta panfleteria, de temas que no tienen conexión uno con otro, pero que mueve masas a hacer manifestaciones, funas, reuniones, sin información seria o medianamente informada, en defensa de no se que. El colmo, es enterarse que existen parlamentarios de uno y otro lado, que legisla sin antecedentes serios, rechazando una normativas que es de importancia capital para el país, para el desarrollo de la agricultura. Si no reconocemos el derecho de propiedad de nuevas variedades, tendremos que volver a sembrar variedades antiguas de rendimientos menores, susceptibles a enfermedades, ya que no seremos confiables como usadores de variedades de punta.

  • EMMY

    QUE BUEN ARTICULO ME AYUDO PARA EXPLICAR A MI HIJA DE 17 AÑOS LO QUE ERA MONSANTO EN CHILE

  • Bart Camps

    Escuché a algunas personas hablar muy mal del la Ley Monsanto, una iniciativa atroz que implicaba puras calamidades en beneficio de una transnacional. Inicié una revisión de documentos y reportajes en la Web.
    Para ser justo, uno tiene que leer info y opiniones diversas. Mi conclusión es que no había tal atrocidad, que la LA LEY NO HACE OTRA COSA QUE LEGISLAR SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR CUANDO ALGUIEN O UNA EMPRESA INVENTA UNA SEMILLA. Todo lo demás, como “apropiación” de semillas tradicionales, es pura campaña del terror, muy típica de algunos activistas ambientales, en especial los que atacan todo lo que huela a capitalismo y empresa.

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