Publicado el 9 Marzo, 2014 a las 4:11 pm

Movimiento estudiantil post-elecciones: Integrándose al aparato de dominación (GAKE)

movimiento estudiantil

Mucho se ha hablado de sus virtudes, pero las recientes elecciones también nos han mostrado como el movimiento estudiantil sirve como estupendo trampolín para acceder a cargos de poder. 4 ex-dirigentes ahora son diputados de la república y reviven el viejo mito que reza que desde dentro del sistema también se pueden cambiar las cosas.

Y aunque el movimiento siempre pregonó (al menos discursivamente) su espíritu de autonomía frente al poder estatal, ahora, como triste tragedia, tiene a parte de sus voceros siendo representantes de la institucionalidad.

Pero… ¿realmente existe eso que llaman movimiento estudiantil? Lo cierto es que durante todo el año 2013 los y las estudiantes casi ni se pronunciaron. Las tomas fueron un fantasma y las marchas una anécdota (sobre todo comparándolas con 2011, e incluso 2012). Cualquiera que se diera una vuelta por alguna universidad el pasado 2013, por ejemplo, hubiera visto a los estudiantes en clases, haciendo lo que deben hacer, estudiando (como buenxs chicxs). Lo que pudimos ver, eso sí, fueron muchos estudiantes (con sus respectivas organizaciones) apoyando entusistamente a uno que otro candidato, para eso sí que ocuparon fuerzas. Nuevamente depositando su fe en copar el aparato estatal, creyendo que todos podríamos “caber en la moneda”.

Ya, pero, no seamos tan duros, hagamos como que eso que llaman “movimiento estudiantil” verdaderamente existe, al fin y al cabo, hay 4 nuevos diputados que vienen de ahí. Por otro lado, seguramente, algún estudiante que lee este texto ya está bastante exaltado exigiendo que no se les mezcle con esos personajes, ya que esos nuevos diputados ya no son parte del movimiento estudiantil, porque ellos se han “dado vuelta la chaqueta”, porque son unos “traidores”, etc. Claro, en algún sentido nosotrxs también pensamos algo similar, sin embargo nos atrevemos a decir que su actitud, en realidad, es bastante concordante con muchos aspectos que envuelven al famoso movimiento estudiantil. Más que frente a traidores, lo cierto es que estamos ante la expresión de una subjetividad hondamente instalada en los grupos que conforman este movimiento ¿o qué esperaban? ¿que los dirigentes desperdiciaran esta oportunidad y dieran la espalda a su adicción congénita al poder? ¿o quizás creían que las bases podían tener algún poder sobre sus dirigentes para evitar sus rampantes postulaciones a la cámara de diputados?

Como dice Ivan Ilich los dirigentes de movimientos, partidos políticos, empresas y sindicatos son como los capitanes de un barco. Se les puede exigir que cambien de rumbo, que anden más lento, o que den el visto bueno para que se ocupen combustibles menos contaminantes, sin embargo lo que no se les puede pedir es que dejen el timón. La dirigencia puede ser más “democrática”, “menos autoritaria”, “más simpática”, “más ecológica”, “más libertaria”, etc. Pero no tienen la capacidad para invertir la institución que dirigen, hacer esto equivaldría a renunciar a su poder. Lo único que sabe hacer un dirigente estudiantil es manejar el timón y, por eso, cuando termina su mandato oficial como lider universitario, naturalmente sigue haciendo (ahora fuera de la universidad) lo único que sabe hacer y en lo que se ha especializado: ser dirigente, ahora no en la federación, sino en el estado, en el sindicato e incluso en la corporación (los casos de ex-dirigentes estudiantiles en el tiempo de la UP y de la dictadura, los cuales ahora son prominentes burócratas y empresarios así lo demuestra).

Hoy, a 2014, se puede apreciar que cada vez existe un mayor desprecio por la clásica figura del dirigente. Dos visiones pueden ser fácilmente caracterizadas (simplificando el asunto, claramente), por una parte la crítica de los marxistas y, por otra, la de los anarquistas. La de los primeros se basa en una crítica a los dirigentes, porque, sencillamente no pertenecen (como ellos quisieran) a sus partidos y agrupaciones políticas. La crítica anarquista, por su parte, se basa en una negación inabdicable contra el autoritarismo y cualquier figura que lo encarne, en este caso el dirigente. Lo cierto es que ambas críticas no logran penetrar al fondo del problema, porque no permiten entender profundamente la maquinaria que se esconde tras esta estructura. La crítica marxista es oportunista, mientras que la crítica anarquista sólo queda en la mera negación romántica y apasionada contra la autoridad.

El asunto no es tanto la crítica a los dirigentes como la crítica a la maquinaría que los presenta como inevitables. Demoliendo el mecanismo que los sustenta, los dirigentes ya no se hacen necesarios, los profesionales de la dirigencia se extinguen cuando ya no tienen razón de ser, así como cuando las fronteras nacionales se eliminan, el milico no tiene razón para seguir existiendo.

El problema escencial aquí es la especialización que aqueja al movimiento. No nos sorprende que las organizaciones que los medios llaman “ultras” y que desenfundan una estética “popular y radical” apoyen sin ningún pudor a candidatos presidenciales o cualquier aspirante a representante estatal. La impresionante maquinaria electoral que montan para ganar federaciones obviamente se traducirá, en un futuro, en montar estas mismas maquinarias para luego acceder al aparato de dominación del estado. Su experiencia electoral es un capital, para ellos la figura carismática del dirigente estudiantil no se puede desperdiciar, la vocación de poder los llama, el programa lo exige, de ahí a postular a algún cargo representativo burgués un solo paso.

Hacer esta crítica es fundamental porque las elecciones del 2013 demostraron que el “movimiento estudiantil” es una excelente trampolín para acceder a los cargos dentro del estado, por tanto la ambición por dirigirlo será doblemente apreciada por grupúsculos adictos al poder que se disfrazaran con toda gala de vestidos “democráticos”, “radicales”, “libertarios” o “ciudadanos” según más convenga a la ocasión, pero que posterioRmente desenfundaran sus vestiduras para mostrar su verdadero religión, la fe en el estado y sus instituciones.

El asunto central, por tanto, radica en eliminar la especialización dentro del movimiento, para así transformarlo en una dinámica inapropiable por el sistema capitalista, maquina de la segregación y la especialización. ¿cómo se consigue esto? Bueno, no vamos a ofrecer aquí la solución (eso se lo dejamos a los candidatos y mesías de cualquier tipo), porque evidentemente ésta no provendrá de ningún grupo en especial (como el nuestro, por ejemplo), sino de una discusión anclada en la construcción continua de una teoría y práctica radical.

Sin embargo, creemos que esta discusión debe partir por reconocer a la institución escolar como un aparato de dominación esencial para el modelo capitalista. No nos queremos extender mucho en este punto, porque existe una literatura vastísima al respecto, pero es necesario comprender que la escuela fue diseñada bajo el paradigma de la producción industrial y el liberalismo, e históricamente ha propiciado la reproducción de enormes contingentes de jóvenes y niños dóciles frente al modelo de dominación. La universidad, por otro lado, hace tiempo que dejó de ser esa institución “iluminadora del espíritu” (como le gusta recitar a rectores, académicos y especialistas del conocimiento) y se ha transformado en una mega-maquina productora de conocimientos, los cuales son puestos a disposición de mineras, pesqueras y forestales, las mismas instituciones que usufructúan de la fuerza de trabajo de miles de personas y que a la vez destruyen las condiciones materiales para nuestra propia existencia como humanidad. Por otro lado, las ciencias sociales ancladas en las universidades funcionan como una maquina de generación de conocimiento para el estado, empresas privadas y organizaciones progresistas tipo ONGs, las encuestas y los estudios que producen estos consorcios del conocimiento ayudan a legitimar el modelo y le proporcionan información valiosa para su perpetuación.

El problema es que en las condiciones espectaculares de producción que acentúan la separación de las esferas de la vida, la universidad efectivamente produce conocimientos, pero el monopolio de la puesta en práctica de dichos conocimientos lo tienen exclusivamente las grandes empresas y los burócratas anclados en el Estado. Esta realidad es tanto para universidades públicas como privadas, el conocimiento y el perfil de “profesionales” que generan no está en función de las necesidades de la humanidad, sino en virtud de la producción incesante de capital.

Uno de los espejismos habituales dentro del discurso convencional es aquel que divide la educación en un binomio reduccionista. Nos referimos a la dualidad publico/privado. El sentido común, bajo una mirada al menos mecanicista afirma la siguiente ecuación:

Educación Pública: Buena Educación Privada: Mala

Lo cierto es que tanto la educación pública como privada sigue reproduciendo las lógicas de producción capitalista, porque los conocimientos que se imparten en estas instituciones vienen a fortalecer los valores capitalistas de competencia, individualismo y consumo. En el caso de las escuelas, por ejemplo, no se trata de decir que las condiciones son parejas para todos los estudiantes. Evidentemente existe una división social educativa en virtud de las diferentes clases sociales. Quien niegue que la sociedad esté dividida en clases es porque no quiere ver lo que está pasando, la ideología dominante lo ha consumido o quizás se compro el cuento del buen ciudadano progresista.

Sin embargo, lo cierto es que en todos los niveles los niños y jóvenes son adoctrinados según su posición de clase. A los jóvenes de liceos públicos se les enseña a ser mano de obra barata, a los de colegios particulares se les enseña a ser futuros profesionales o empresarios. En ambos casos las condiciones de adoctrinamiento son similares, unos tienen cárceles más lujosas, mientras que otros más precarias, pero no se puede olvidar de que todas las escuelas son en principio recintos estructurados bajo el mismo patrón de las cárceles, es decir imponen normas y restringen al individuo a seguir ciertos patrones. Clasifican el tiempo dentro de las (j)aulas y en los patios, aplican sanciones a los indisciplinados y medican a los sujetos anómalos. Uno puede hacer una cárcel más linda, con mejor comida, gendarmes más simpáticos, pero seguirá siendo una cárcel.

Por otro lado, los fondos estatales a las escuelas públicas son cada vez mayores en virtud de las movilizaciones sociales y de la disminución de establecimientos y matriculas en los mismos (ya que muchas escuelas municipales/estatales se están cerrando), lo cual distribuye más dinero estatal a cada estudiante de escuela pública. Pero aún con escuelas públicas con calefacción central, computadores último modelo, talleres artísticos y proyectores en cada sala (cuestión que poco a poco se está viendo cada vez más), eso no significa siquiera un mayor ascenso social o que obtengan eso que llaman “capital cultural”, ya que incluso los mismos estudios de la intelectualidad burguesa internacional tipo OCDE siguen diciendo que lo principal es la base social de los estudiantes, su vida familiar y las condiciones que viven en sus barrios, poblaciones y comunidades. El estudiante “vulnerable” (como le gusta decir a los especialistas) podrá tener escuelas de lujo, pero llegará a su casa al final del día y en la esquina seguirán vendiendo pasta base y estará sólo porque sus padres son asalariados a tiempo completo. Por otro lado, a los niños de estratos más burgueses se les podrá enseñar a ser mejores personas, más equitativas, etc, pero seguirán viviendo en barrios en donde no verán jamás a un pobre (excepto aquellos que son sus empleados), en el fondo seguirán acumulando temor hacia aquellos que no comparten su clase social, seguirán viendo la felicidad como se la pintan sus barrios y sus familias que ven el éxito como sinónimo de tener dinero y ascender en la escala social, en definitiva, ser alguien sin importar si te cagas al de al lado o das sueldos miserables.

Otra paradoja distinta ocurre a nivel universitario, con las demandas de educación pública se favorece a las universidades tradicionales, en desmedro de las privadas. Sin embargo, aunque ciertas universidades privadas son antros de la burguesía, otras concentran gran cantidad de jóvenes pobres que son totalmente abandonados por el movimiento estudiantil que supuestamente quiere “educación para todos”. El aumento de fondos a las universidades públicas (demanda muy popular entre estos círculos) no asegura en ningún caso esas supuestas pretensiones de equidad (además hay universidades públicas muy muy muy elitistas).

Estas son algunas de las paradojas, esbozadas muy limitadamente aún, que se pueden encontrar dentro de la “cuestión educativa”, que problematizan la supuesta dicotomía entre educación pública y privada. Al parecer el problema no es que el estado o los privados se hagan cargo del sistema educativo, sino que las propias comunidades quiebren el monopolio que ostentan el estado y los empresarios en este ámbito de la vida. Una educación administrada por uno o por otro, da lo mismo si no se cuestionan las bases mismas del concepto de educación, en el mejor de los casos será un cambio de gestión de la misma dominación escolar. Sin embargo, lo cierto es que falta muchísimo aún por problematizar y reflexionar al respecto.

Quizás, el primer paso sea empezar a problematizar el concepto de educación, así como su puesta en práctica como actividad. El movimiento ya no se definiría como representante de los estudiantes, entendidos estos como consumidores de un bien llamado educación, el cual es impartido por una institución ajena a ellos (sea pública o privada). El movimiento sería un conjunto de personas productoras y generadoras de educación, por tanto la dicotomia y especialización que se impone entre estudiantes y profesores desaparecería, así como la idolatría y sumisión generales que tienen los estudiantes con las instituciones que los adoctrinan (escuela o universidad). En el nuevo movimiento se representarían todas la contradicciones del sistema, por tanto ya no seria más un movimiento estudiantil, sino algo mucho más amplio, en donde la identidad estudiantil sería un mero dato, una fútil identidad impuesta por un modelo obsesionado con la escolarización, la especialización y la división entre aquellos que no saben y los sí (estudiantes/profesores, ciudadanos/políticos, adultos/niños, etc).

Las luchas contra el endeudamiento estudiantil pueden ser una excelente oportunidad para empezar a discutir estas cuestiones. La demanda por eliminar el sometimiento a las instituciones financieras y estatales que manejan los fondos que hacen funcionar la máquina educativa son caldos de cultivo para críticas más radicales. Sin embargo, se debe tener una conciencia clara de que la lucha contra el endeudamiento y el sometimiento al capital financiero deben adquirir nuevos matices si no queremos que esta demanda solo se traduzca en un mecanismo para que los estudiantes puedan ascender socialmente dentro de la sociedad de clases sin endeudarse.

Mientras el movimiento estudiantil siga creyendo que la escuela y la universidad son modelos que solo pueden reformarse, pero jamas abolirse, nunca podrá proponer la abolición del estado, en vez de su mera re-estructuración. Mientras siga viendo a la escuela y la universidad como los naturales monopolizadores del conocimiento y la educación, seguirá viendo al estado como la natural institución monopolizadora del poder y la coerción.

La salida, quizás, va por reconceptualizar de forma radical el concepto de educación. Ya no como algo que se suministra, un bien de consumo (da igual si otorgado por el estado o por el mercado) sino como una realidad construida de forma colectiva y que va mucho más allá de cualquier institución formalmente “educativa”. El punto de salida, tal vez, y como lo propuso Illich, está en pensar la sociedad descolarizada, aquella que logra entender que escolarización no es sinonimo de educación, y estado no es sinónimo de comunidad. La verdadera salida está en reconstruir la sociedad convivencial y volver a poner al conocimiento como una relación social emanada desde la comunidad humana, y no desde instituciones que se afanan en el adoctrinamiento o la estandarización.

Y aunque los datos económicos y las cifras constituyen un conocimiento importante a la hora de reflexionar sobre estos temas, no son el asunto central. La cuestión educativa no es un problema económico/técnico como rezan muchos estudiantes y burócratas, no es un asunto de inyectar más dinero, sino una cuestión mucho más amplia y estructural. La subyugación que imponen las instituciones financieras a los miles y miles de estudiantes endeudados son producto de la dominación total que ha generado el mundo del capital en nuestras vidas cotidianas, pretender que el asunto se arreglará con mayores fondos estatales o renacionalizando recursos naturales no llega a la médula del problema. No decimos que estas demandas no sirvan para nada, de hecho pueden ser un paso importante para otros niveles de crítica, pero sólo si se tiene bien claro que el problema central es la falta de poder y decisión sobre todos los aspectos de nuestras vidas. La crítica a la sociedad escolarizante, la especialización y el conocimiento como mercancía es fundamental si este movimiento quiere tener alguna proyección trascendente ¿o qué van a hacer los estudiantes cuando el estado transmute en una forma más progresista y les entregue la tan ansiada educación gratuita? ¿Ahí se va a acabar la lucha? ¿Se irán todos a sus casas?

La eliminación de la especialización del conocimiento y el monopolio nefasto que esta realidad provoca en el mundo moderno es el paso que logrará poner a la educación ya no como patrimonio de alguna institución, sino como un espacio de construcción colectiva, anclada en la totalidad de la vida cotidiana, único espacio susceptible para la consumación de una revolución integral.

Una educación distinta no es una cuestión que exista en las mentes radicales de unos cuantos apasionados teóricos revolucionarios, es una realidad que se genera día a día con las miles de prácticas antagónicas al capitalismo que se realizan cotidianamente. Eso que llaman “movimiento estudiantil” también genera estas prácticas en cada toma, manifestación callejera, actividad solidaria, espacio de auto-educación y tantos otros ejemplos, los cuales destruyen lentamente el paradigma de una educación amparada en la esfera privada/estatal, así como anclada en jerarquías y conocimientos-mercancías.

La idea es potenciar esas prácticas y desechar las alienantes. La idea es profundizar la crítica para la construcción de una teoría verdaderamente radical. La idea es conjugar práctica y teoría para mantener el barco a flote para así enfrentarnos a esos momentos cruciales de la historia que se acercan a nosotros. En lo posible con una subjetividad radical en construcción y una auto-conciencia en desarrollo.

Este es el segundo comunicado del Grupo de Amigos Kontra la Escuela (GAKE)

Escrito por Grupo de Amigos Kontra la Escuela (GAKE)

Propagalo!

Publicado el Domingo 9 Marzo 2014 a las 4:11 pm
1 Comentario todo cagón

Usamos una licencia Creative Commons porque puede servir de algo.

Los contenidos de terceros son señalados respetando a su fuente.

Comentarios

  • altacomposicionorganica

    Todo muy lindo y loable, pero fallan en lo que más importante: ¿cómo chucha enfrentamos y luchamos contra el enemigo de clase prácticamente?. Esto les escribí a los cabros de la CER en febrero:

    IV. Estatismo y gratuidad

    a) Si la cuestión es “incorporar más compas (hijos de obreros) a la lucha”, entonces la pregunta que hay que responder es bajo qué condiciones esta lucha puede existir y desarrollarse con más y mejores posibilidades. Hay varias maneras de encarar esta pregunta

    (i) En términos funcionales, Estado y empresa privada son estructuralmente diferentes (weber está equivocado en su analogía). El capital privado está dirigido al beneficio y el Estado no lo está. Si bien las funciones del Estado son amplias y complejas de definir (cuestión que trato más abajo), ya esta delimitación “negativa” nos permite aprehender una dimensión fundamental de la diferencia entre ambos: el estado puede no subordinarse a la lógica de costos mercantiles, el Estado (bajo una formación capitalista) tiene la posibilidad de operar en cero o con números rojos. Esto le quita una barrera de contención importante a la hora de generar espacios de lucha (lo que usted llama incorporar más compas a la lucha). Ante la ampliación del acceso, la democratización de la institución, etc, el Estado no puede argüir “los números no nos van a calzar”.

    (ii) En términos económicos, el Estado tiene la posibilidad de no vender mercancías capitalistas. Un privado tiene mucho menos posibilidades (e.g. corporaciones, fundaciones) de esto. Asimismo, la ampliación de las estatizaciones reduce la esfera de inversión del capital privado, generando más posibilidades de crisis e inestabilidad (e.g. aumenta la guerra competitiva entre capitalistas). Por otra parte, los miembros de la entidad estatizada hacen la prueba con la planificación, viendo cómo la misma es imposible y negada por la anarquía mercantil capitalista. Así, existen posibilidades de cuestionar la premisa (mercado capitalista)

    (iii) En términos políticos, la movilización reivindicativa bajo la propiedad estatal adquiere rápidamente un carácter político. Esto lo vimos en Hungría y Polonia en 1956, en Alemania del este en 1953, en Bolivia en 1985, etc: estos ejemplos no son gratuitos, para mí el mismo es un rasgo estructural-general. La misma huelga en Sidor es un ejemplo: antes que preguntarnos acerca de cómo responden los patrones ante la paralización, nos tenemos que preguntar por qué en Sidor (estatal) pudo darse este tipo de lucha. En el caso boliviano actual (que estudio ya hace un tiempo) suceden cosas similares.

    La cuestión es que la dimensión política del problema colinda de manera muy estrecha con las funciones propias del Estado capitalista (i). El Estado capitalista no es mero instrumento de la clase explotadora, no sólo domina, no sólo reproduce las rsp, no sólo organiza a la clase dominante y desorganiza a la clase dominada; el Estado, en tanto “capital en idea” (Engels), requiere generar “legitimidad”. No me estoy poniendo gramsciano, pero me parece que esta necesidad estructural, de hecho abre espacios de lucha (pongo un ejemplo: en la Bolivia actual existen movilizaciones en empresas estatales, las mismas se conocen a la brevedad y se llega al momento de negociación en ocasiones; en el caso del mundo privado (muy mayoritario) nadie conoce lo que está sucediendo (con los obreros) porque la dirección del trabajo no tiene recursos ni voluntad para implementar derechos democráticos mínimos (precondición de cualquier movilización).

    (iv) En términos concretos, hoy, en el Chile actual, las posibilidades de movilización (de lucha y organización) son mucho mayores en la ues estatales. Los compas en las privadas ni siquiera pueden tener organizaciones estudiantiles (e.g. en la central acaban de echar a unos cabros sólo por organizarse, sin siquiera justificar la medida; en la hurtado sucedió esto en 2012…y estamos hablando de universidades privadas que se venden como democráticas). Y esto no se da porque en el mundo privado los patrones sean malos y en el estatal no lo sean. Se da porque las instituciones estatales no tienen patrón particular (más allá del estado como patrón abstracto). En las entidades estatales lo que existe es una subsunción al mercado capitalista, pero una subsunción en el cual las decisiones son en alguna medida más anárquicas que en la esfera privada

    Al final del día, respecto de este tema hay que plantear las cuestiones de urgencia práctica:

    – Si mi objetivo es incorporar más compas a la lucha, ¿Dónde tendrán éstos mayores posibilidades de organizar esta lucha?

    – Si mi objetivo es infligir daño a los explotadores, ¿qué harán éstos si ofrezco subvencionarles o financiarles su negocio otorgando educación gratuita en el mundo particular?: 1) Celebrarán la medida; 2) Invertirán en educación, mercantilizando más todavía la vida social de manera directa, aumentando su base de acumulación y ampliando su esfera de explotación. Más todavía, ¿qué sucederá con éstos si sólo propongo gratuidad estatal y su ampliación como tendencia?: 1) Atacarán la medida; 2) Verán su base de acumulación/explotación reducida

    b) Si la premisa es generar, hacer perdurar y desarrollar la independencia de clase, manteniendo el objetivo a), entonces el problema pasa por la jerarquización que realicemos entre ambos. Si enfatizamos en “a” siempre está el riesgo autonomista. Si enfatizamos en “b” está el riesgo colaboracionista (como usted bien señala). Si bien de entrada tiendo a entender que debe otorgársele prioridad a “a”, no tengo el asunto resuelto. Algunos elementos que ayudarían a la hora de abordar esta cuestión serían: a) elaborar una propuesta materialista; b) desarrollar un planteamiento histórico. En términos materialistas (a) parece ser que debe otorgársele prioridad a “a”. Aquí no nos preguntamos si debemos apoyar un sindicato “amarillo” o uno” independiente” (la respuesta es obvia, aún si el “amarillo” pueda tener más recursos y otorgar más beneficios cortoplacistas a sus miembros); nos preguntamos si la organización obrera debe priorizarse por fuera o por dentro de la entidad estatal en tiempos “normales” (inexistencia de crisis prerrevolucionaria y revolucionaria). Pienso que, materialmente, existen más posibilidades de meramente existir (pero también de desarrollarse) “por dentro”. Esto porque el Estado tiene el monopolio de la fuerza y la violencia. Históricamente (b): 1) las organizaciones obreras lucharon por incorporarse al Estado capitalista (e.g. sufragio universal para los cartistas, para Marx incluso); 2) las organizaciones clandestinas (típicamente guevaristas) desaprovecharon una infinidad de buenas oportunidades revolucionarias en AL (como señala Nahuel Moreno).

    En fin, la cuestión es cómo potenciamos “a” manteniendo la independencia de clase. Creo que esa es esencialmente una respuesta práctica.

    V. “Mera redistribución”, demandas transicionales y período normal de lucha de clases

    La pregunta no es “quien entrega un mejor sistema”, sino dónde tengo mayores posibilidades de lucha desde la perspectiva de los explotados. En lo anterior, he deslindado cómo bajo propiedad estatal estas posibilidades son mayores (carácter directamente político que adquieren las huelgas, necesidad de legitimidad, inexistencia de un patrón particular, estrechamiento de la base de acumulación/explotación de clase capitalista, no irrenunciabilidad de la orientación al beneficio, experiencia con el método de planificación, etc)

    En los razonamientos anteriores he puesto el foco en “dónde tenemos más posibilidades lucha desde la perspectiva de los explotados”, no en una mejor distribución del ingreso. Por lo demás, he fundamentado cómo, en momentos de lucha de clases normal (no situación revolucionaria ni prerrevolucionaria) las posibilidades de lucha se amplían.

    Si se arguye que los “treinta dorados” (1945-1975 en Europa) muestran cómo nuestra tesis no se cumple (supuesta estabilidad), podemos responder: a) la relativa estabilidad es más corta de lo que se cree (sólo de 1950 a 1968); b) la misma adviene luego de la guerra mundial más devastadora y terrible que ha existido (y bajo el temor nuclear de que otra vuelva a suceder); c) el período mencionado fue uno de excepcional crecimiento capitalista y renovación radical la base tecnológica (lo cual pudo tener que ver con la existencia de propiedad estatal, pero esto no es necesario ni a priori detemrinante); d) existencia de un estado obrero degenerado y otros obreros deformados que amenazaban al mpc y limitaban su competencia interna destructiva

    VI. ¿Estado instrumento?

    Un punto axial de nuestro debate está dado por el hecho que usted unilateraliza la tesis leninista que considera al Estado como mero “instrumento”. El estado tiene “autonomía relativa” (con respecto a los capitalistas particulares y sus organizaciones). Poulantzas tiene algo de razón. Desarrollo un poco esta cuestión:

    a) El Estado no es mera expresión del sujeto-clase “burgués”, sino que está traspasado por conflictos interburgueses. La misma tarea del Estado burgués, organizar a la clase dominante/desorganizar a los dominados, requiere la formulación explícita del conflicto y la contradicción. De hecho, el sujeto-clase burgués no existe como “sujeto”. No es uno ni se encuentra unificado; está traspasado por la competencia guerrera. Existe como clase agencial determinada por un conflicto interno constitutivo. Así, una estatización bajo una formación capitalista es, ciertamente, burguesa. Pero esto no implica mero dominio no contradictorio. Implica medidas irracionales que llevan a la crisis (analogía con la TDTMG). El capitalismo no es un modo de producción que se autorreproduce meridianamente, excepto cuando el proletariado le plantea lucha frontal. El capitalismo supone las crisis (que plantean el momento y la posibilidad de la superación de este modo de producción), se organicen los obreros en partidos revolucionarios o no. Una estatización puede acusar las contradicciones burguesas (políticas y económicas).

    b) Las medidas que adopta el Estado capitalista no son meras voliciones de un sujeto-clase, consciente éste de todas sus causas y posibles consecuencias (y capaz de manipularlas). Una determinada acción estatal expresa una correlación de fuerzas, una demanda puede ser impuesta (hasta cierto punto). La lucha tiene condiciones materiales (e.g. Marx luchó por el sufragio universal masculino, por la jornada de 10 horas, etc). Una estatización va en el mismo sentido (y tiene mayores posibilidades de desarrollo todavía)

    c) Plantear la estatización “con control obrero” es muy necesario porque: i) otorga una lectura práctica inmediata de lo que constituye el horizonte mediato (forma transicional); ii) recuerda que el Estado no es neutral y que tiene un contenido de clase; iii) llama a transformar las relaciones de producción/explotación; iv) si esto se materializa en algún punto de la formación social, nos indica que estamos en una situación plausiblemente prerrevolucionaria (funciona como guía para la acción…)

    VII. Sentido público

    Por todo esto: “carácter directamente político que adquieren las huelgas, necesidad de legitimidad, inexistencia de un patrón particular, estrechamiento de la base de acumulación/explotación de clase capitalista, no irrenunciabilidad de la orientación al beneficio, experiencia con el método de planificación, etc)” …el mentando sentido público sólo tiene posibilidades de ser “probado” bajo propiedad estatal. Que los agentes experimenten la posibilidad de materializar este sentido público, pero que a la vez vean frustradas sus expectativas en tanto continúa vigente la anarquía del mercado capitalista, es una cuestión de importancia sustantiva.

Suscríbete al Boletín

Recibe en tu correo las noticias y articulos

Name
Email *
 

Metiendo Ruido es un colectivo de contrainformación y agitación del Bio-Bio (Región Chilena) | 2010-2014 | Creative Commons | ®