Publicado el 15 Abril, 2014 a las 11:16 pm

Lo que pasó en los cerros de Valparaiso se llama neoliberalismo

valpo incendio

 

Cuando todavía humeen los escombros del infierno que azotó Valparaíso, vendrán las recriminaciones, las acusaciones, y la eterna y estéril búsqueda de responsables. Para algunos, por ahí pasó la mala suerte. Los más audaces, responsabilizaran a la gente que elige vivir en situaciones de riesgo. Los religiosos, a un castigo divino.

Pero la verdad es que eso que humea entre los escombros y la pena de la gente, no es otra cosa que neoliberalismo en su estado puro.

Una periodista proveniente de Neptuno o Plutón, pregunta a un poblador por qué elige vivir ahí. La respuesta es de este planeta: los pobres no eligen donde vivir.

Y así es. Los pobres lo hacen donde le permite la subsidiariedad del Estado y por lo general, llega con sus miserias a formar guetos alejados de la vistas de los turistas y los poderosos que detestan tener a la vista a esas villas miserias.

Así ha sucedido en las grandes, medianas y pequeñas ciudades de nuestro país. Los pobres no deben salir en la foto de este país soberbio en macro cifras, que por pura mala suerte no se ubica cerca de Luxemburgo o en la Costa Azul.

Resulta natural que siempre que arrecia una tragedia de cierta magnitud, los que pagan las consecuencias son exactamente los mismos pobres, ya sea que habiten el enorme campamento iquiqueño de Alto Hospicio, los cerros olvidados de la parte alta de Valparaíso, las frías estribaciones de los volcanes sureños o purguen años en una cárcel abarrotada.

Como si fuera un destino inmodificable, los pobres salen en las noticias sólo cuando los azota la tragedia.

Pudimos ver muy de cerca el incendio a una hora demasiado temprana como para pensar que no podía ser controlado. El aire olía a desgracia y las caras asombradas de los habitantes de esas favelas porteñas no hacían más que mirar esa colosal columna de humo a la espera que cambiara la dirección del viento.

La ciudad se comenzaba cubrir con el olor de las casuchas calcinadas. Y habría que esperar mucho para que se vieran en el horizonte los primeros avioncitos de juguete lanzando agua que se evaporaba antes de tocar tierra, y luego algunos helicópteros que iban y venían dejando caer un volumen de agua francamente risible, comparado con esa masa terrible de fuego.

Mientras tanto, en hangares secretos, al amparo de los ojos inconvenientes y del polvo que daña los mecanismos, centenares de aviones hechos para matar, descansan a la espera de una guerra nunca llegará. Y más allá, inmensas moles de acero mantienen sus orugas y cañones disponibles para los primero combates que nunca serán. A menos claro, que sea en contra del pueblo, como ha sido tantas veces.

Estas tragedias confirman la necesidad de deshacerse de los F 16, los Leopard, y de cuanto juguete de muerte exista y destinar esas fortunas a mejorar las condiciones de vida de la gente.

Es hora de hacer un trueque de esas maquinarias de muerte, por aviones que apaguen incendios y vehículos que salven seres humanos.

El enemigo de la nación no es el país vecino. No son los pueblos del otro lado de la cordillera. No son una amenaza para la seguridad del país la existencia de otras gentes, con otros puntos de vista y otros valores.

El enemigo de la gente es la pobreza en sus versiones encubiertas y desembozada. Es el abandono, la segregación y el desprecio. Es el efecto que hace sobre la gente el modelo económico que campea en esas poblaciones y que de vez en cuando se disipa en forma de humo.

El enemigo de la gente, la nuestra y de toda la humanidad, es la existencia de millonarios más allá de toda razón, lógica o entendimiento. Esos que no dudan en enriquecerse a costa de la depredación de la naturaleza, hombres, mujeres y niños, incluidos.

El verdadero peligro para las personas humildes es la casta de políticos, corruptos, ambiciosos, sucios, matreros, rábulas, fuleros, mediocres, sumisos al poder; son los empresarios sin alma, los presidentes, presidentas, generales, almirantes y gerentes cobardes, mentirosos, cínicos. Todos miembros de la misma piara que pulula en los palacios, los fortines y las mansiones.

Es cierto. Por ahí pasó la muerte tantas veces. Pero ni por asomo la mano del Estado, de las instituciones, de las autoridades obligadas a tomar medidas para prevenir sucesos luctuosos.

Esos pobreríos salen en las noticias no más cuando les caen los remanentes de la política económica en sus versiones de tragedias como estas, o cuando la delincuencia, hija predilecta de la pobreza, llama la atención de los matinales y periodistas poca cosa.

Y, por cierto, cuando de vez en cuando la gente entiende que sólo peleando se conquistan los derechos que el sistema les quita en su eterno egoísmo, y se alza.

Y ya viene haciendo falta una gran rebelión de la gente apaleada, despreciada, quemada, terremoteada. Es necesario un momento en que se entienda que nada es eterno, cuando se adquiere la convicción de hacer que las cosas cambien. Y que la fuerza reside en la pelea de todos juntos.

De la presidenta para abajo, los funcionarios se refieren a la fuerza y coraje del porteño y su capacidad para remontar todas las tragedias que han sido.

Viene siendo la hora que el porteño y todo el resto de los habitantes golpeados por lo que sea, utilice esos atributos que se les cuelga para sobarles el lomo, para enojarse de una vez por todas y llevar sus broncas acumuladas hasta donde reside el origen de sus miedos, fracasos y pobrezas, y desplegar ahí, en donde están los que les roban el voto y el alma, el cataclismo necesario que genera una rabia bien dirigida, y ahora sean ellos a los que les toque la tragedia, aunque sea por la terrible vía de dejar de ganar un poco menos de todo lo que ganan.

Escrito por RICARDO CANDIA CARES

Extraido de http://www.elclarin.cl/

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Publicado el Martes 15 Abril 2014 a las 11:16 pm
6 amiguitxs comentaron

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Comentarios

  • Manuel Alejandro Ceballos Rebo

    Hola, mucha arenga y poca construcción. Harta frustración (en lo que concuerdo) pero nada de estrategia estatista aparte de la amenaza final. Mi pregunta es: ¿qué hará el autor cuando halla quemado todo lo que quería quemar? ¿Cómo construyes un estado garante si destruyes el cimiento de Estado y la idea/falacia llamada Democracia?

    Nótese que no estoy a favor ni nada del neoliberalismo, pero me interesaba conocer algo más allá de una oda a la tragedia o un poema en prosa de la crisis de moda, cuando el tema del sistema político económico es más complejo que artístico. Es tan profundo que incluso si lo quemas de las cenizas puede surgir de nuevo. Porque Chile se sustenta en este sistema y cambiarlo es tarea, por decir, descomunal. ¿Qué harán cuando maten a los ricos? ¿Qué se construye cuando el método es tan violento, siguiendo ideales que se alejan del bien común y apuntan a conciencias que lejos de tener razón solo se esmeran por el populismo y la competencia, por el “tener razón”?

    Dejo al aire esta pregunta a quién quiera proponer. Saludos

    • john

      la muerte

    • ROSAMEL FIERRO

      docil lamevergas me imagino que eres el junior sumiso de alguna pyme

  • Hugo Espinoza

    Es verdad, solamente me gustaría preguntar ¿ cómo los ricos pueden devolverle la mano a los pobres ? considerando la quebra de la banca el año 1982 y el estado respaldó a los mismos que hoy pisotean y esconden la pobreza.Qué dicen esas gigantescas fortunas fraguadas con la complicidad de los políticos. Qué podrían hacer todos esos extranjeros que tienen sus bolsillos llenos a costa de los pobres, la telefonía, los servicios básicos, las carreteras. Simplemente nada, no tienen alma y el signo peso, es ciego, sordo y mudo. No bastaría eliminar a nadie, desaparecen los 17 millones de chilenos que somos .

  • Rix

    Malo tu reportaje, poco sólido y sin bases, atacas desde tu subjetividad. Te recomiendo que estudies un poco más para dar argumentos sólodos

  • Gobierno Dimisión

    No se trata de quemarlo todo ni matar a los ricos, si no de que la
    democracia (poder del pueblo) sea real. ¿Cómo? el Estado tiene la
    obligación de ser garante de que se cumplan los derechos y libertades de
    sus ciudadanos que son quién lo elige y tener una sociedad justa y lo
    más equitativa posible y eso se consigue redistribuyendo mejor la
    riqueza, más impuestos a las grandes empresas, fortunas y clases altas y
    menos a las bajas y dotar al país con unos sevicios públicos fuertes,
    sobre todo en educación, sanidad, y servicios sociales para reducir las
    tremendas desigualdades. Más democracia es más participación ciudadana
    en las decisiones importantes mediante referendum y no solo votar cada 4
    años y que los políticos de turnos hagan lo que quieran incumpliendo
    promesas electorales y abusando de su poder. Este artículo hace un
    llamamiento al despertar de las conciencias de la gente, que estás
    catastrofes no pasan por casualidad, si no porque el sistema neoliberal
    depredador instalado en Chile, hace que mucha gente no tenga la
    oportunidad de tener una vida digna sin ese apoyo estatal y se ven
    obligados a sobrevivir en guetos, los cuales son propensos a ser
    debastados por tragedias como estas. El neoliberalismo es un sistema que aboga por la eliminación de los público, por la no intervención del Estado en la economía y en la vida de las personas (por tanto por la eliminación de la democracia y se imponga la dictadura de los mercados), que el mercado se regule solo, cosa que provoca que el dinero que es algo finito, se acumule en manos de pocos que al tener dinero tienen más facilidad para seguir juntando y por tanto más les falta a otros. El crecimiento y la búsqueda siempre de la máximización de beneficios no son cosas fáctibles, pero se empeñan en seguir buscandolo a pesar de pisotear el medio ambiente y sobre-explotar recursos naturales y derechos humanos. Tenemos que buscar un crecicimiento sostenible que respete el medio ambiente y los derechos laborales buscando una mayor equidad social y económica. Saludos desde España.

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