Publicado el 27 Julio, 2014 a las 7:46 pm

A propósito de los buses del Transantiago en llamas y los cuarenta años del golpe militar.

El siguiente texto fue publicado originalmente en el libro "Punto de Quiebre: memorias de lucha en la región chilena", surgido en 2013 producto de una convocatoria que realizó Ediciones Crimental para recolectar escritos con experiencias de lucha en esta región del planeta. Más allá de representar las opiniones "verdaderas", el libro expone diferentes visiones desde la especial subjetividad de los actores que han participado en las últimas revueltas vividas en la región chilena. Seguiremos subiendo artículos de este libro en las próximas semanas. Saludos!

04-Encapuchados incendiaron un bus en Villa Francia.

Este ensayo intenta abordar la problemática generada por la acción incendiaria contra el transporte público, problema de orden político que debe plantearse en una dimensión simbólica, donde ciertos objetos revisten una semiótica de la consciencia moderna, frente a lo cual el nihilismo coléricomanifestado en una pasión destructora y en una irracionalidad urbana, alza el fuego de manera espontanea ante los imperativos del pensamiento utilitario.

Palabras claves: Transantiago, protesta, irracionalidad, modernidad,negatividad.

Introducción.

Gran impacto causó en la prensa el ataque incendiario a varios buses del Transantiago durante la conmemoración de los cuarenta años del Golpe de Estado, situacionesregistradas en Providencia, La Florida, Lo Prado, San Bernardo, La Reina, La Pincoya, Villa Francia y Lo Hermida. Ante tales hechos y como suele suceder, la prensa, la clase política y la gente común, opta por cerrar los ojos y abrir la boca, criminalizando dichas acciones bajo la categoría simplista de “actos delictuales”, nombre que sí bien reflejan en gran parte la realidad de los hechos, también muestra el carácter despectivo con que la sociedad observadichos actos antisociales. Sin embargo, dichos acontecimientosson un fenómeno bastantes interesante ya que revisten una carga simbólica que va más allá de ser la explosión de la rabia contenida ante la falacia del proyecto modernizante del transporte público santiaguino, sino que también apelan a una dimensión más amplia de la existencia, específicamente a la noción y la experiencia del control social.

Producto de esta dimensión simbólica inherente al fuego y al objeto incendiado, cabe observar cierta dimensión ritual, donde la inmolación de ciertas mercancías, debe ser entendida como una práctica que goza de cierta regularidad y periodicidad, las que son producto de un devenir inconsciente e irracional que habita subyacente enla conciencia,y que es una suerte de resistencia instintiva, animal y anárquica frente a los imperativos del orden, la diferenciación social y funcional. La rabia desmesurada que se mantiene viva en el nihilismo colérico, se alzacontra la reificación de las mercancías en un acto ritual de destrucción y negatividad, el que se realiza contra el poder de los objetos y su rol en la articulación del control y el orden racionalizante.

 

Vandalismo y el control social.

Los buses del Transantiago como mercancía revisten una cualidad extraña que la diferencia de las demás, y este hecho aparece oculto ante los ojos de la muchedumbre, quienes bajo una crítica mediocre engullida en la más básica de las doxas burguesas, condenan y clasifican bajo una óptica judicial y punitiva la acción destructora del fuego y la de sus protagonistas. Y es que es cierto, es delito y es vandálico quemar un bus, sin embargo, es la materialización de una pasión que se alza espontáneamente contra los iconos del poder y de la vida moderna, al igual que la destrucción de telares propia de la reacción Luddita en los comienzos de la Revolución Industria, donde las maquinas industriales venían a destruir el viejo orden de producción artesanal para codificar un nuevo modo de vida en función del maquinismo.

Dicha pasión destructora que se transforma en un acto vandálico, también fue observada en otros actos crípticos y enigmáticos, como por ejemplo, en la destrucción de los relojes públicos durante el París de 1830; al igual que el incendio de autos durante el Mayo Francés, actos absurdospara la razón utilitaria pero que son portadores de una crítica radical ala lógica capitalista, a sus modos de ser y hacer.

Para explicar dicha crítica al capital, y ver el carácter ritual y subversivo inherente a la inmolación de algunas mercancías, se vuelve necesario realizar una exposición de los hechos nombrados anteriormente y hurguetear en su sistema semiótico.

La destrucción de relojes como acontecimiento subversivo.

Dicha reflexión sobre el poder codificante de los objetos no es nueva. Walter Benjamin en la Tesis de Filosofía de la Historia[1] hace hincapié en el acontecimiento simbólico de los disparos y piedras lanzadas contra los relojes públicos de las iglesias y los palacios durante la primera noche de revuelta en julio de 1830, donde en el contexto de la “Revolución de las Barricadas” los actos se sucedieron espontáneamente, problematizando de manera indirecta el trascurrir del tiempo, su linealidad y su cronología, pero por sobre todo, el poder y la hegemonía de este aparato sobre la vida, el cual en su devenir mecánico nos va susurrando un constante “apúrate”, imposición hacia el movimiento de los sujetos en concordancia con los imperativos capitalistas del tiempo útil, cuantificable,y racionalizable. El reloj en este contexto, es el objeto simbólico del control social, es el aparato que permite encauzar la cotidianidad en el eterno fluir de las acciones útiles, en las funcionalidades y eficacias productivas,lo que se sintetiza en las pretensiones de organizar la vida en una tendencia modernista que reclama el movimiento de los cuerpos y la acción constante del sujeto.

La acción de detener el tiempo, era una acción revolucionaria que apelaba al olvido del tiempo objetivo y cuantificable, lo que implícitamente lleva asociada la idea de una vida que no quiere ser sumida en la vorágine del calculo y la medición. Así, es la protesta contra el engranaje del control social, y a su vez, es la protesta contra el calculo, la historicidad y el sentimiento de progreso.

 

Explota el barrio y arden los autos.

El icono de la metrópolis y el capitalismo avanzado bajo llamas.

Situación análoga es replicada cada vez que a la juventud francesa se obsesiona con quemar los autos, los cuales como mercancíasno sólo son un medio de transporte, sino también revisten una carga simbólica como portadores de felicidad, status y confort, ideología de la alienación que opera como elemento indispensable dentro de la metrópolis, espacio de acumulación urbanística propia del capitalismo avanzado, la que necesita del auto y la micropara trasladar a los sujetos a sus hogares y a sus trabajos, poniendo así en circulación el trabajo, elemento micropolítico del orden capitalista.

Durante las protestas de París en 1968 los jóvenes optaron por quemar varios autos,objetos útiles inmolados como señal de una crítica radical ante los convencionalismo arcaicos y las instituciones tradicionales. Fenómeno similar ocurrió durante el año 2006, donde fueron quemados 9.193 autos, los que ardían inexplicablemente en la periferia parisina ante lamuerte de dos jóvenes emigrantes de segunda generación, quienes murieron fulminados mientras escapaban de un control de identidad estando desprovistos del documento, incluso, uno de ellos con el documento en curso de regularización. Ante la circulación del rumor y la tragedia, los jóvenes salieron a calle y comenzaron a destruir paraderos y quemar coches, actos que reflejaron toda la rabia contenida contra la policía y contra las políticas racistas de la Comunidad Europea, a raíz de lo cual, la clase política optó por llamar “escoria” a los jóvenes protagonistas de estos actos, cuya ira se materializó en constantes hogueras hechas con la maquina cotidiana icono del urbanismo, símbolo por excelencia de la vida moderna, la velocidad, del status y el confort.  Pero ¿Qué es lo que tienen en común los buses del transporte urbano, los autos y los relojes?  y ¿Por qué razones son incendiados? Esta es la pregunta que intentaré responder.

 

La irracionalidad frente a los imperativos del capitalismo.

Básicamente las tres mercancías son iconos de la vida moderna, y pareciesen ser quienes imponen el ritmo de vida dentro de los limites dela ciudad y del capitalismo avanzado. El hecho de atentar contra los relojes, contra los autos y contra los buses del transporte, es un atentado contra la ecuación utilitaria del tiempo y contra el imperativo de la velocidad. Es una manera de atentar contra el movimiento del capital y del trabajo, lo que se da específicamente en actos vandálicos contra los objetoshomogenizantes ycontra la ideología del progreso.

Pareciera ser un poco apresurado mi juicio, sin embargo, los buses del Transantiago como objetos, tienen un rol determinante sobre las vidas de las personas, yen este devenir, vienen a ejercer un rolde Poder sobre las biografías, las que son valoradas en función de su utilidad en la perpetuación orden capitalista.

En el contexto santiaguino de los últimos años, el proyecto Transantiago ha alterado los modos de sery habitar la ciudad, imponiendo la lógica tecnocrática como un imperativo de progreso y bienestar, lo que indirectamente ha alterado la cartografía urbana, generado nuevos hábitos a la hora de movernos, donde la relación micro – metro – paraderos – ascensores – escaleras – fiscalizadores y tarjetas, intentan dibujar un sistema automatizado para el movimientocorporal en concordancia conuna teoría económica del tiempo y una eficacia productiva del transporte.

La falacia de este proyecto modernizante es posible verla desde su comienzo, sin embargo, la acción destructiva del fuego no sólo debe entenderse como la manifestación de la rabia contenida contra la burla política y empresarial, sino que también debe entenderse como una acción ritual inconsciente que apela a un estado primigenio, estado donde los imperativos del capitalismo no ejercían una acción totalizante sobre la vida social. En ese sentido, tanto la destrucción de relojes, el incendio de los autos o el fuego que abraza los buses del transporte público, son la manifestación de una tendencia caótica que apela al retorno de un estado premoderno, donde el tiempo no es cuantificable, y la vida tampoco es utilitaria. De tal forma, dichos actos vandálicos o delictuales son verdaderamente actos revolucionarios ya que son antimodernos, y por ende anticapitalistas, ya que apelan a la destrucción de los objetos y mercancías portadoras de la ideología del Poder y la cohesión social burguesa. En ese sentido, el rito destructivo también apela a la articulación de un orden naturalo primitivo, donde dichas palabras aluden al carácter  indiferenciado y anárquicode la vida misma.

En este caso, la emoción explosiva e irreflexiva de prenderle fuego a la maquina, puede ser consideradacomo un rito siempre y cuando se realice con cierta periodicidad, ya que apela a reactualización de un orden originariopremoderno, específicamente un tiempo vertiginoso y mítico previo a las imposiciones del capital y al cronometro racionalizante del poder establecido.

Así, las acciones de revuelta antes mencionadas, tienen una importancia como posibilidad de articular un lenguaje simbólico contra el discurso modernizante, donde el tentativo de inmolar las mercancías portadoras de la ideología burguesa tiene una carga simbólica, manifestada en la revuelta colectiva e irreflexiva de detener el tiempo, la circulación del trabajo y las mercancías, y en este devenir, ponerle fin a la razón colectiva amparada en el pensamiento moderno, cuyo cuerpo es el Estado.

Así, dichos actos de revuelta debelan la existencia de una tendencia caótica; de un placer irreflexivo y desmesurado que tiene una potencia subversiva; de una manifestación violenta del cuerpo social que inconscientemente apela a destruir la idea del calculo, la circulación del trabajo asalariado y las mercancías. De tal forma, la inmolación del transporte público es un indicador de irracionalidad política, y por ende, un atentado contra los imperativos de la velocidad y el pensamiento racionalista, donde la micro en llamas es un símbolo revolucionario ininteligible para la opinión y la ignorancia burguesa; situación que traza unadistancia cognitiva, valórica y estética que demuestra la imposibilidad de un dialogo con el Poder y sus defensores.

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[1] Benjamin, Walter. Tesis de Filosofía de la Historia, en Discursos ininterrumpidos I. Página 189. Editorial Taurus. Buenos Aires 1989.

Escrito por As de Picas.

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Publicado el Domingo 27 Julio 2014 a las 7:46 pm
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