Publicado el 5 Julio, 2014 a las 4:16 pm

Escolarización, domesticación y movimiento estudiantil (GAKE 4)

Este texto fue escrito originalmente en el año 2011. Fue levemente modificado para publicarse en la actualidad. Es un intento por ampliar la discusión sobre el "problema de la educación". Saludos!

educacion 8

            No somos expertos en educación ni queremos serlo, sin embargo hemos aprendido sobre ella porque nos hemos visto involucrados, porque la hemos vivido, nos la han dictado, la hemos sentido en nuestros cuerpos y eso nos permite entenderla profundamente y no desde una mirada falsamente “objetiva” y “científica”. Querámoslo o no, hemos estado -más que en cualquier otra cosa- en lo que llaman educación. Son 8 horas al día durante 14 años contando educación pre-escolar, básica y media ¿Les parece poco?

La educación actual es mala, todos tienen la licencia para decirlo y ya se ha asumido casi como un cliché. ¿Y por qué es mala? “porque no cumple con los estándares internacionales”, “porque la educación pública no tiene recursos”, “porque no hay profesores de calidad”, “porque es muy anticuada”, “porque no hay investigación”, “porque los profesores no tienen autoridad en la sala” (¡!???), “porque el chileno es flojo” (¡!???). Si… puede ser un poquito de eso… Esas respuestas la hemos escuchado antes ¿O no? Pero si recuerdas, y te pones a pensar, los problemas también han sido otros: ¿Nunca sentiste ganas de salir de la sala e ir a tomar aire, ir al baño, ir a conversar, tomarte un café, ir a acostarte, PERO NO PODIAS? ¿Jamás pensaste en lo injusto de la nota que te habían puesto? ¿Por qué tenemos que ir a distintos liceos de hombres y mujeres? ¿Por qué se le llama “copiar” al hecho de compartir o responder juntos? Acaso no te preguntaste ¿Y pa´ qué me sirve aprenderme esta cuestión? ¿Por qué tenemos que estar uniformados? ¿Por qué tengo que cortarme el pelo? ¿Por qué el viejo que tengo en frente más parece un gendarme que un profesor? ¿Por qué me hacen competir por ser el “mejor alumno”, “alumno integral” o estar en el “cuadro de honor”? ¿Por qué me hacen memorizar cosas, mientras nos niegan la posibilidad de imaginar?

Los problemas en la educación claramente son mucho más complejos de lo que se escucha a los tecnócratas de la tele o se lee en El Mercurio, incluso en las asambleas, donde muchas veces todo pareciera dar vuelta en torno a números, cifras y mecanismos. Es cierto, los problemas en la educación son más complejos que eso, incluso son distintos dependiendo del prisma con el cual los miremos, la forma en que entendamos la educación, y lo que sea que esperamos de una educación de “calidad”. Pero hay algo claro, la educación no se mejora solo con recursos económicos y programas pedagógicos profesionales que ajustan todas las cifras de forma perfecta, porque siempre hay algo que no se puede cuantificar, experiencias horribles y buenas que no aparecerán jamás en un índice con el cual nos comparen para ver si nos volvimos –mágicamente- desarrollados. Hay cuestiones que no pueden ser medidas por la PSU o el SIMCE, cuestiones que al estar invisibilizadas parecen no importar. Aquí intentaremos esbozar algo, hacer un esfuerzo, y plasmar el prisma con el cual miramos nuestra realidad.

Aunque se exijan y se destinen –hipotéticamente- un mayor porcentaje del PIB a la educación de los $hilenos, probablemente el cambio no sea sustancial y no se produzca la revolución educativa que necesita la “revolución en la medida de lo posible” de nuestra podrida izquierda institucional (aunque… ¿Serán de izquierda realmente?, quizás sí, quizás no, pero pensándolo bien, quizás la izquierda es sencillamente eso: un montón de giles sentados a la izquierda de un rey, peleándose el poder con el argumento de que son menos malos que la derecha). Bueno, a lo que íbamos, más allá de que se inyecten más recursos, probablemente seguirá habiendo un negocio redondo tras la educación, ya sea para los burocratillos del Estado o para los privados de siempre. Ya que para ambos la prioridad número uno es producir capital en el futuro, y para ello necesitarán mano de obra en el propio futuro. Por eso, probablemente seguirán disminuyéndose las horas de artes, música, historia y filosofía, para meter más matemáticas a los niños, y quién sabe, si los resultados en el SIMCE o la PSU van mal, incluso podríamos reducir las horas de recreo y de almuerzo ¿No es mala idea o no? Total, la cuestión es llegar rápido al desarrollo y dejar este lastre vergonzoso de país cochino y tercermundista. Seguiremos creyendo que aprendimos qué era la poesía porque memorizamos los nombres de un par de autores, sin jamás haber experimentado algún sentimiento (quizá lo más cercano fue un bostezo). Estoy seguro que seremos muchos quienes continuaremos sintiéndonos ahogados en las salas –aunque sean lujosas, calefaccionadas y con power point- porque se seguirá enseñando lo mismo y bajo la misma lógica: ¡Enseñar para domesticar, para ser competitivos, para ser líderes, para ser memoriones, para ser malos en la cama pero buenos produciendo, para ser mano de obra obediente, para evitar la creatividad y la imaginación, ya que imaginar nuevas realidades puede ser peligroso para la estabilidad del sistema!

Seguramente los profesores seguirán siendo profesores, con la misma posición frente a los alumnos, aunque estén completamente tatuados, hablen idiomas y estén llenos de postgrados en el extranjero. Continuarán creyendo que los niños son ignorantes y que deben aprender lo que dice el Ministerio por orden de un chuchesumadre, que llegó al cargo por pituto y porque pertenece a un partido político rancio. El nuevo profesor crítico post-reforma seguramente emitirá juicios más progresistas, pero seguirá creyendo que los estudiantes son demasiado tontos para educarse de forma horizontal y por eso será él (el especialista) el que les entregue el conocimiento paternalistamente. Los jóvenes continuarán sintiéndose orgullosos de sacar un buen puntaje, de obtener un número que los legitime en la sociedad, que los califique de acuerdo a cuan normalizados están y qué tan serviles y útiles pueden ser al sistema productivo y de dominación.

Aunque no paguemos nada, continuaremos creyendo que tenemos que ganarnos una beca o un puesto antes que otro se lo gane, que los logros son personales y que tenemos que hacerlo por nuestra familia, por MI pareja, MIS hijos, MIS metas, MI futuro, MI casa, Mi auto, Mi perro, Mis vacaciones, MIS cosas. Es seguro que continuaremos creyendo que la ciencia occidental tiene la verdad y que los saberes, que no pueden enmarcarse en esa matriz de pensamiento, son simples falacias pre-modernas. El conocimiento de mapuches, pobladores, mujeres y niños son pura superstición o ignorancia con buenas intenciones. Como sociedad aún diremos que si lo hacen los países desarrollados nosotros también tenemos que hacerlo, ellos saben, tenemos que aprender de ellos, ir a perfeccionarnos allá, tratar de subir en los ranking de puntaje en educación de la OCDE y la ONU, conocer cómo es la vida de los países que tienen “desarrollo” sin cuestionarnos que esa condición sólo puede ser posible a costa de la pobreza y la destrucción de nuestros territorios tercermundistas.

Aunque tengamos los mejores notebooks en la sala, y tarjetas de Sodexho infinitas para comer completos, lo más seguro es que todo siga igual, los adultos podrán ir a trabajar 8 o más horas, y podrán también demorarse un par más en el auto o en la micro mientras sus hijos están en esa burbujita con rejas aprendiendo como será su vida laboral, la que se puede resumir en: cumplir órdenes; solucionar problemas –jamás provocarlos, formularlos ni cuestionarlos-; reprimir sus emociones que interfieran en su desempeño; reproducir jerarquías, modelos, morales, creencias, prejuicios, verdades oficiales, todo aquello que es “normal”; adecuarse a un horario mecánico de 2 horas de clases y 15 minutos de recreo de forma continuada; establecer prioridades y obligaciones y por supuesto cumplirlas; lograr metas (casi todas cuantitativas); acostumbrarse a una jornada productiva y un ritmo de trabajo; perder las esperanzas de algo distinto y resignarse a lo que hay; desquitarse emocional y físicamente pateando, golpeando o humillando al más débil de la sala (al que le hacen bulling); emprender, es decir, buscar un nuevo lugar donde exprimir a otro; y, por supuesto wachitos míos: C-O-M-P-E-T-I-R.

La educación, entendida en un sentido amplio, debe ser una herramienta para la liberación, para la superación de las discriminaciones por género, un espacio para el cultivo de nuevas posibilidades de vida, al igual que un lugar que nos capacite para destruir las cadenas. Para tomar el abanico de posibilidades teóricas para hacerlas útiles, decontruirlas y construir otras nuevas, cosa que ver al conocimiento fluir en concordancia con nuestras vidas. La diversidad debe habitar en la educación, así como el poder de decisión de las comunidades, y la solución de sus problemas.

Pareciera que por participar del movimiento estudiantil, no se pudieran hacer críticas y tuviéramos que decir que sí a todo para no caer en ninguna contradicción, ni mucho menos “dividir” el movimiento. Sin embargo consideramos que estas críticas son necesarias. Creer que la solución al problema de la educación sólo es exigir más recursos económicos al Estado, es caer en un asistencialismo mediocre. Es cierto, hoy debemos endeudarnos para estudiar y muchos no pueden acceder a la educación porque vivimos en un país extremadamente desigual. Es cierto, nadie dice lo contrario, por eso es relevante el problema del financiamiento y los recursos económicos, por eso nos hemos movilizado, peliando con los pacos, roto los ventanales de bancos, hecho actos culturales, tomas de establecimientos que duran meses, talleres de arte gratuitos, etcetera.

¡Pero la wea de la plata sólo es una arista del problema! El problema de la educación es mucho más que eso, principalmente porque entendemos a la educación que actualmente se imparte por instituciones privadas o estatales como un mecanismo para el adoctrinamiento de los individuos. No podemos exigir “más y mejor educación” si seguimos pensando bajo el mismo paradigma, ¿Más y mejor adoctrinamiento? No gracias.

Sin embargo, ¿Debemos desmarcarnos del conflicto educacional y ocupar nuestro tiempo en otras actividades? Pareciera que la cuestión no es tan fácil.

El movimiento por la educación ha sido una importante instancia de concientización, no entendiéndola como “apréndete lo que dice tal autor, él tiene la verdad y así hay que hacerlo”, sino, como un espacio donde se van generando inquietudes, críticas y cuestionamientos sobre la opresión cotidiana que vivimos. Se han compartido experiencias entre las personas generando una interacción que es contraria a la impulsada por este sistema que siempre está tratando de aislarnos o mantenernos en la ilusión de que nos comunicamos y compartimos. Se ha salido a la calle, hemos compartido en lugares públicos, hemos ocupado liceos, universidades, plazas, calles, etc. y han vuelto a ser nuestros pese a todos los intentos por arrebatárnoslos nuevamente. También se han creado redes de apoyo, solidaridad, difusión etc. Se han potenciado las afinidades de quienes han tenido que trabajar juntos. El movimiento estudiantil ha ayudado a hacer confluír sectores sociales que se encontraban distanciados, como pobladores, trabajadorxs, estudiantes, incluso gente de otros países que se han contagiado con el movimiento. Se han construido espacios comunitarios en las tomas, en donde se ha puesto en práctica una educación distinta, en donde la solidaridad y el apoyo mutuo se contraponen a la competencia y el individualismo capitalista, tan presente en la escuela tradicional. Han surgido coyunturas que han roto la normalidad que nos impone el sistema, nos hemos pillado en las calles haciendo barricadas o enfrentándonos contra la policía.

También ha habido un “no-poder”, un “empoderamiento” o una “contrahegemonía” (se puede llamar de muchas formas) entendida no como el poder que ejercen los Estados, las empresas y las religiones, donde hay un mando y una obediencia, sino que en el sentido creativo y destructivo de “poder hacer” y decidir en cada momento de forma libre y autonóma. El movimiento ha conllevado la pérdida del miedo impuesto a fuego en dictadura, el término del chanta conformismo concertacionista y una desafiante actitud frente al gobierno de Piñera que recien pasó. Y todo gracias a nosotrxs, los anonimxs que construimos esa pequeña realidad rebelde que se desplegó durante algunos meses de 2011. Y aunque los medios mostraran a la Vallejos o al Jackson, éramos nosotrxs los que estábamos rompiendo la rutina, los dirigentes no eran más importantes que cualquiera de nosotrxs que estábamos dando la pelea en una toma o enfrentándonos a los pacos, el movimiento jamás fue de los dirigentes.

Aunque el movimiento estudiantil tiene su lado bastante reformista, no podemos ser dogmáticos y rechazar completamente estas instancias. Críticas hay, pero también muchos elementos positivos. Las situaciones pueden aparecer en cualquier momento y no podemos dejar que pasen. Ni hacernos los weonxs porque supuestamente el movimiento no piensa como nosotros, es economicista o reformista. No podemos marginarnos de estas experiencias que, aunque en su discurso muchas veces reproduce el sistema, tienen espacios en donde se genera solidaridad, apoyo mutuo, autonomía, autogestión, debate y construcción de ideas. También porque, como sujetos que intentan crear constantemente estas situaciones, somos parte de la escuela-liceo-universidad, parte de la mierda que la crea y que la acepta, parte constitutiva de la comodidad de ser alumnos, acepción de estudiante al cual le inyectan conocimientos.

Sin embargo, así como no podemos aislarnos, tampoco podemos participar del movimiento sin hacer las necesarias críticas que se merece. Debemos en todo momento criticar el ciudadanismo que busca cambiar el sistema dentro de las reglas que nos impone la clase dominante, ¿Alguien sigue creyendo que cambiaremos de verdad las cosas así? Debemos criticar también el hiperteoricismo fetichista que muchos dirigentes y compañeros adoptan, utilizando un discurso muchas veces ridículo y descontextualizado, similar al de un economista burgués o de un aspirante a Diputado. Además de caer en al ilusa idea de que el problema es técnico, cuando en realidad el problema es ideológico.

El sistema educativo no es un asunto solo de billetes, sino principalmente de ideas. Nuestra actual sociedad dividida en clases sociales no superará sus fracturas a través de una “mejor educación”, este es el mito original con el que se creó la escuela durante la Ilustración. Supuestamente iba a ser la Institución, la herramienta social que nivelaría a todos, permitiendo que a pesar de ser negros, amarillos, pobres o ricos los mejores serían los premiados. Sin embargo, siempre fue un mito y lo seguirá siendo, porque la escuela está hecha para eso: para dividirnos y adoctrinarnos. Las clases sociales no se eliminarán con “mejores escuelas”, sino con comunidades que sean capaces de decidir verdaderamente en la construcción de sus barrios, vidas y relaciones cotidianas. La propuesta de educación pública es un sólo un eslogan, porque está centrada en inyectar más platita a un sistema que no beneficiará a los más desposeídos, sino que seguirá engrosando la billetera de algún tecnócrata, y seguirá normalizando a los niños y jóvenes del país.

Debemos criticar las facciones institucionales del movimiento que buscan capitalizar toda nuestra fuerza y potencialidad para llevar sus nuevos rostros al Congreso. Los que vayan por este camino, están optando por el camino del poder, y por lo tanto ya no son nuestros compañeros. Debemos criticar el activismo monotemático y empezar a pensar. No basta con hacer mil actividades o marchas si no somos claros en lo que queremos lograr con esas acciones. Debemos criticar a los grupos vanguardistas que suelen hablar por el movimiento, como si fuéramos todos iguales, cuando en realidad el movimiento tiene muchas visiones e ideas diferentes. Debemos criticar todas estas visiones incluso este mismo texto. Y seguramente muchos nos acusarán de dividir el movimiento, sin embargo las críticas no dividen, sino que simplemente evidencian las diferencias. A pesar de lo que dicen los amantes del concepto de la “unidad”, esta última no se puede lograr sin un continuo proceso de crítica. Estancar nuestras ideas en función de la “unidad del movimiento”, no es más que hacerle la pega a las típicas visiones, que creen que con un discursillo suave y buena onda podremos cambiar el modelo económico. No hacer las necesarias críticas es dejar el caldo de cultivo para que aparezcan los típicos dirigentes que, bajo la idea de la “unidad del movimiento”, evitan hacer cualquier cuestionamiento serio al sistema, y buscan que todos nos uniformemos bajo una demanda superflua y carente de sentido verdaderamente crítico.

Más allá del debate público y privado, se debe atacar la propia lógica de la escolarización, sistema utilizado por todo tipo de Estados para normalizar, adoctrinar y homogenizar culturalmente a la población, obligándolas a creer que son mejores personas por someterse a un modelo competitivo, y que la educación está dentro de las escuelas o universidades, cuando sabemos que la educación es un proceso que se da en todas las esferas de nuestra vida: en nuestro barrio, en nuestras relaciones amorosas y de amistad, en la familia, en la calle, en el trabajo, etc. Nos han hecho creer que la única forma de “educarnos” es así. Eso debe empezar a ponerse en duda ahora, no podemos dejarlo para después, ahora es el momento, no mañana.

Es por eso que no podemos aislarnos y dejar que vengan los iluminados, los dirigentillos o los profesionales de la revolución a desvirtuar el movimiento y extirpar las cosas buenas que aún mantiene en su interior. Por supuesto, las críticas debemos hacerlas, no basta con reproducir el discursillo economicista y ciudadano del movimiento, pero también debemos criticar, no para eliminar una instancia que muchas veces es un precioso caldo de cultivo para la insurrección y la organización, sino que tenemos que volcarnos con todo nuestro ímpetu para imaginar un movimiento distinto, radical y transgresor de esta realidad.

 

 

Escrito por GAKE (Grupo de Amigos Kontra la Escuela)

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Publicado el Sábado 5 Julio 2014 a las 4:16 pm
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