Publicado el 24 Octubre, 2014 a las 12:31 pm

3 hipótesis sobre lxs bombazos y un llamado a los anarquistas de la región chilena

anarquismo

El siguiente texto es escrito por anarquistas. No tenemos problemas con explicitar esta posición política desde un comienzo, lo creemos necesario en estos momentos. Participamos del “movimiento anarquista” o profesamos estas ideas hace al menos 8 años. Creemos fundamental comenzar a discutir los últimos acontecimientos, con el objetivo de ir afinando nuestras ideas y prácticas como colectividad antagónica al E$tado.

  Este texto pretende exponer algunas hipótesis sobre quiénes pudieron ejecutar los últimos bombazos en Santiago de Chile. En particular, el bombazo del 8 de septiembre en el Subcentro del Metro Escuela Militar, que dejó al menos a 8 civiles heridos. Este suceso ha hecho circular una serie de especulaciones y ha dejado a los anarquistas y otros grupos afines con una serie de interrogantes circulando por el ambiente. Partiremos entonces con 3 hipótesis acerca de quién o quienes fueron los responsables de los bombazos, para luego manifestar nuestra posición.

Hipótesis 1- El E$tado.

Todos hemos escuchado alguna vez el término “Terrorismo de Estado”. A nivel general el E$tado, al intentar monopolizar el ejercicio del violencia, pone en práctica cotidianamente formas de represión sobre la mayoría de la población en función de resguardan los intereses de las clases dominantes y sostener aquello que ellos llaman “gobernabilidad”. El E$tado, como principal garante de la normalidad capitalista, ejecuta una violencia explícita cada vez que se ve amenazado por la protesta social a través de diversos grados de represión: exilio, tortura o encarcelamiento. Por otro lado, ejecuta una violencia implícita a través de sus leyes y demás estatutos que establecen la dominación de la burguesía (clase social hegemónica en el capitalismo), a través de la imposición de un sistema económico, político y cultural específico que mantiene a amplias capas de la población sometidas a los imperativos de un sistema que tiene a la propiedad privada como su crisol sagrado. Esta violencia cotidiana implica para la mayoría de la población, tener que vender su tiempo vital y someterse a un trabajo asalariado para vivir, además de estar excluido de las decisiones políticas que influyen en su propia vida. Esta violencia sistemática invalida, además, todas las otras formas de vida propias y únicas de cada comunidad, homogeneizandolas y asimilándolas culturalmente.

Sin embargo, este terrorismo cotidiano a veces no basta. Cuando la violencia estatal no es suficiente para mantener a raya a la población, son otras las estrategias que emanan desde el poder. Es ahí cuando la historia nos ha demostrado hasta qué punto puede llegar la represión del E$tado. Sin ir más lejos, hace un poco más de 20 años, los servicios de inteligencia del E$tado tenían prácticas habituales de construcción de montajes para validar la tortura masiva, el asesinato selectivo y el exilio. Durante la dictadura militar fueron asesinadas alrededor de 3.000 personas, una cifra no muy grande si la comparamos con otras dictaduras latinoamericanas, sin embargo fueron torturadas cerca de 200.000 personas y otros cientos de miles obligados al exilio. En el Régimen de Pinochet se tenían claras las prioridades a la hora de generar temor. Así, el Terrorismo de E$tado, sin caretas amigables, era practicado de forma sistematizada hasta hace no mucho tiempo en nuestro territorio. Pero no sólo durante la dictadura se realizaron estas acciones. Llegada la democracia, la CNI y la DINA (principales instituciones represivas de la dictadura), fueron sustituidas por un organismo llamado “La Oficina” que estaba integrado ya no por militares y matones a sueldo, sino que por los propios personeros de la “Concertación”, un conglomerado de partidos autodenominados de “centro-izquierda” (todos de tendencia reformista y neoliberal) que tomaron el poder gubernamental después de la dictadura de Pinochet, además de personas que se descolgaron de organizaciones que luchaban contra la dictadura. “La Oficina” también fomentó la utilización de “trabajos sucios” a través de informantes y agentes infiltrados que generaron algunos montajes como “el traslado de armas de 1992”, una trampa que tendió “La Oficina” al FPMR y al MIR; y que terminó con muchos militantes encarcelados.

Así, las intrigas derivadas de montajes han sido una práctica habitual del E$tado, no sólo en su fase dictatorial, sino también democrática, así lo atestigua la historia. El conocido “Caso Bombas” de 2010 es la representación más reciente de este fenómeno. Este caso, que tuvo con un rol protagónico a la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), las fiscalías y el gobierno de Sebastián Piñera, tuvo como objetivo encarcelar a algunos anarquistas de la región chilena. Luego de una prisión preventiva de alrededor de un año, los 14 acusados salieron libres por falta de pruebas. Si uno mira un poco más atrás en la historia, podrá darse cuenta que estas prácticas de montajes contra anarquistas no han sido exclusivas de nuestra época. En la década de 1920 fue conocido el caso de “los subversivos”, el cual consistió en una trama de mentiras del E$tado $hileno y los medios de comunicación que culparon al movimiento anarquista (muy fuerte entre las capas obreras de la época) de acciones violentistas. El hallazgo de dinamita en una de las sedes de la IWW (principal sindicato anarquista de la época), así como otros hechos de los que eran culpados los anarquistas fue descubierto como un burdo montaje, sin embargo, antes de que esto se conociera, el E$tado tuvo tiempo de amedrentar, torturar y encarcelar a muchos miembros de movimiento ácrata en la región chilena.

Otros ejemplos más cercanos en el tiempo de estrategias de criminalización y montaje son los sucesivos casos de encarcelamiento de los mapuche que luchan en el centro-sur del país. En estos casos se utiliza principalmente la figura de los “testigos protegidos” o “testigos sin rostro”, que consiste básicamente en la utilización judicial de sujetos sin identificarse que dan testimonio sin ningún tipo de prueba para que los peñis sean encarcelados.

Otros elementos que hacen reflotar suspicacias fueron los relativos a la discusión de las leyes represivas del E$tado chileno, las cuales extrañamente justo se estaban discutiendo antes del bombazo, agilizando este último los tramites para el perfeccionamiento de estas leyes coercitivas y demás aparatos de inteligencia. Otro hecho es que antes de que explotara la bomba hubieron protestas importantes en el metro de Santiago en contra de las alzas de pasajes, lo cual, de no haber sido por la bomba, pudo haber tomado ribetes más combativos (no hay que olvidar que en la región brasileña, durante el año pasado explotaron sendas protestas callejeras a propósito de tímidas manifestaciones relacionadas con el transporte público y las alzas del pasaje colectivo).

En tal sentido es que exponemos que el E$tado y sus aparatos de inteligencia siguen siendo un sospechoso probable de los últimos acontecimientos en donde se generaron bombazos, debido a su largo historial de intrigas y montajes en contra del movimiento social.

Hipótesis 2- La extrema derecha.

Al igual que el E$tado que desenfunda sus ropajes para generar una transición desde su “terrorismo cotidiano”, hacia otro más elaborado y complejo, los grupos que denominamos genéricamente como “la derecha” también sufren, en determinados momentos históricos, ciertas transformaciones que desenfundan sus posturas más radicales. Estos grupos tienen la capacidad de desestabilizar y generar terror en virtud del poder económico que detentan, sus contactos familiares y sus redes íntimas con los grupos de poder. Una tendencia histórica recurrente es que siempre que aumentan los flujos de protesta social, los grupos fascistas se rearticulan y crecen por una razón natural: no están dispuestos a ceder sus privilegios y lucharán con todos sus medios por mantener su poder.

El ejemplo más concreto que ha sucedido en nuestro territorio se vivió durante el periodo de la Unidad Popular (1970-1973). Ciertos grupos derechistas se radicalizaron, generando políticas sistemáticas de boicot económico al gobierno de Allende. Sus acciones más comunes buscaban generar terror en la población civil a través de la desaparición de alimentos y productos básicos; una especie de terrorismo económico. Incluso llegaron a tener la capacidad de montar grupos paramilitares de choque como “Patria y Libertad” y “Comando Rolando Matus” que generaban acciones que buscaban explícitamente infundir el terror. Cabe destacar que estos grupos generaban acciones de boikot complejas, instalaban bombas, hacían barricadas y marchas de intimidación. Importantes figuras de la política chilena como Andres Alamand han confesado haber participado en este tipo de manifestaciones derechistas en la calle.

Como sea, la radicalidad de estos grupos de extrema derecha durante los años setenta llega a tal punto que no tienen problemas con atacar incluso a miembros de su propia clase para así conseguir sus fines, este es el caso del famoso asesinato del General constitucionalista Rene Schneider en 1970 que ejecutó “Patria y Libertad” con otros militares fascistas. Esta acción fue realizada en el marco de una serie de atentados con bombas ejecutados por esta agrupación contra diferentes instituciones. Cabe mencionar que el asesinato de Schneider fue reivindicado por un grupo llamado “Brigada Obrero Campesina” que finalmente sería un grupo falso creado por “Patria y Libertad” para fomentar la persecución de la izquierda chilena y así evitar que Allende tomara el poder. Después del asesinato de Schneider la poderosa cadena de prensa El Mercurio culpó a los izquierdistas sin ninguna otra prueba que el falso comunicado (¿podemos ver alguna semejanza con la situación actual?).

En el ámbito internacional existen muchos ejemplos de este tipo. Solo por mencionar uno conocido tenemos el Atentado de Piazza Fontana en Italia en el año 1969 que dejo a varios muertos y en donde un grupo de neofascistas quiso culpar a grupos anarquistas e izquierdistas del atentado.

Por todas estas razones es que en la actualidad estos grupos continúan siendo sospechosos válidos en relación a los últimos bombazos. Además, es necesario recalcar que estos grupos fascistas no fueron desarticulados ni por la dictadura ni por la democracia concertacionista, por lo cual sería ilógico pensar que en la actualidad no se encuentran libres por el territorio, diferentes individualidades y grupos con estas ideas. La capacidad militar y operativa de estos grupos no debe ser subestimada, en función de los recursos económicos con los que cuentan y sus fuertes lazos sociales y familiares con integrantes de las Fuerzas Armadas.

Por otra parte, en el sector de la Araucanía, los mapuche en lucha por el control territorial han denunciado la existencia de células fascistas armadas (como el presunto comando “Hernan Trizano”) que violentan a las comunidades mapuche, y que contarían con armamento y preparación militar. Periódicamente estos grupos amenazan con panfletos racistas, e incluso han surgido acusaciones de asesinatos que han quedado impunes y se han reportado profanaciones de tumbas, como en el caso de Rodrigo Melinao Licán en 2013.

Por otra parte, hace algunos días, el embajador de Chile en Uruguay del Partido Comunista declaró que los culpables de los bombazos estaban vinculados a la derecha empresarial en Chile. Aunque luego se retractó, sus declaraciones causaron un gran revuelo político. El embajador fue llamado a Chile y ofreció disculpas públicas. Definitivamente un hecho extraño. Pero no solo eso, incluso uno de los fundadores del grupo fascista más famoso en chile “Patria y Libertad” declaró ante la prensa que considera factible que los atentados hayan sido perpetrados por sectores ultraconservadores ligados al pinochetismo.

Los actuales tiempos que vivimos, en donde la protesta social ha aumentado, son un caldo de cultivo más que óptimo para el resurgimiento y activación de este tipo de grupos, es por eso que los apuntamos como otro de los sospechosos de los últimos bombazos.

Hipótesis 3- Insurrecionalistas

No podemos decir que todo siempre es un montaje. Grupos revolucionarios y anarquistas efectivamente han perpetrado actos de violencia explícita o puesto bombas a lo largo de más de un siglo de historia, en una actividad que se conoce como “propaganda por el hecho”. Muchas veces estas acciones han cumplido su objetivo que era asesinar a miembros de la clase dirigente, expropiar dineros para la lucha o dañar la infraestructura del E$tado. Pero otras veces estas acciones no han resultado como se quisiere o simplemente no se han pensado bien, y sus resultados han generado muertos en el propio bando anarquista, o muertos en la población civil, personas que a todas luces eran inocentes. Estas acciones vienen manifestándose desde el siglo XIX en todo el mundo. En la actualidad, con el auge mundial del anarquismo, es más probable que reaparezcan o se hagan más visibles estas acciones.

La ideología insurrecionalista es una corriente teórica que constituye una derivación del anarquismo, surgida en los años 80 y generada por uno de sus principales teóricos: el italiano Alfredo M. Bonanno. El insurreccionalismo ha tenido una expansión durante los años 90 y 2000 en diversos países del mundo como: Grecia, España, Mexico, Italia, Chile, EE.UU, etc. Esta apuesta ideológica ha tenido cierto auge en la región chilena en los últimos tiempos, aunque limitándose casi exclusivamente a Santiago, ya que en otras zonas de la región chilena su influencia es casi nula. El anarquismo insurreccionalista genera una serie de críticas a los métodos formales de organización revolucionaria y ha apostado por potenciar organizaciones informales basadas en relaciones de afinidad entre sus adherentes. Sus partidarios argumentan que esta opción organizativa sería más eficiente en la lucha contra el E$tado ya que dificulta la infiltración de agentes de seguridad y policías, y además, al no poseer estructura jerárquica sería teóricamente más difícil de desarticular. Estos grupos han expuesto su intención de potenciar la guerra inmediata contra las estructuras de dominación, a través de diferentes mecanismos, siendo la acción directa violenta contra los símbolos del poder una de las principales acciones ejecutadas. Son innumerables los escritos que han circulado durante años en la web y que han reivindicado bombazos a cajeros automáticos o edificios institucionales en la región chilena y han llamado explícitamente a atacar estos objetivos. Es por estos argumentos de carácter histórico-político-ideológico (y no argumentos técnicos-criminalisticos como los presentados por las policías en referencia a que el dispositivo puesto en el metro era de similares características al puesto en otras ocasiones por grupos insurrecionalistas, boletas de tarjetas BIP!, o imágenes de camaras de seguridad de tipo orwelianas que muestran a los supuestos culpables) que afirmamos que estos grupos también pudieron ser posibles autores del bombazo en el Subcentro de Escuela Militar el 8 de Septiembre.

Aunque esta hipótesis puede ser plausible, también hay que tener en cuenta que hasta la fecha los ataques de estos grupos no habían tenido como objetivo a la población civil, sino solo a estructuras del poder financiero (cajeros automáticos, bancos) o del poder represivo/mediático (instituciones policiales, edificios de los medios burgueses de comunicación, etc). De hecho, hasta el 8 de septiembre, las únicas personas dañadas por estos bombazos habían sido los propios ejecutores de las acciones, como el caso de Mauricio Morales y Luciano Pitronello, el primero muerto y el segundo con visibles daños en su cuerpo.

De todos modos, durante la semana siguiente del bombazo del 8 de septiembre, en muchos medios masivos de prensa escrita (La Tercera, El Mercurio, y La Segunda) y otros no tan masivos (The Clinic, El Mostrador) han intentado exponer algunos argumentos en torno a supuestos congresos anarquistas en México donde una red de organizaciones, las denominadas “Células del Fuego” habían hecho pública su propuesta de cambio de blancos, desde instituciones y “símbolos” a blancos humanos. Una rápida revisión del material alusivo a las “Células del fuego” disponible en Internet, arroja resultados contradictorios. Por una parte, pareciera ser que más que una organización, se trata de una propuesta organizativa. Y además, a los blancos humanos que suelen referirse este tipo de grupos, son siempre policías, burgueses o miembros del clero, no transeúntes, por lo cual aún continúa sin tener respaldo aquel argumento que están usando algunos medios de comunicación en Chile para culpar públicamente a los anarquistas-insurreccionalistas del bombazo del 8 de septiembre.

En cualquier caso no debemos cerrarnos a la hipótesis que postula que fueron anarquistas insurrecionalistas los que pusieron la bomba (más allá de que haya sido con intención o no de dañar a civiles). Un compañero escribió hace poco que: “La reacción por parte de la mayoría de compañeros/as fue casi la misma: los/as anarquistas no podrían haber realizado esta acción, atacar deliberadamente a ciudadanos comunes no está dentro de la táctica subversiva, etc. El problema de dar por sentado esto solo porque incomode nuestra moral y nos ponga en un problema ético es que nos cierra a la reflexión sobre el hecho”. En el mismo artículo el compañero recuerda los hechos ocurridos en el año 2013 en el sector Macul con Grecia en donde encapuchados que armaban una barricada atacaron con bombas molotov a un bus del Transantiago con pasajeros, lo cual dejó con quemaduras a civiles que se encontraban al interior del bus. Este ejemplo nos demuestra que efectivamente existen elementos dentro del movimiento que no tienen un control real de sus prácticas y acciones violentas, las cuales muchas veces pueden terminar en acciones absurdas y que en nada sirven a la construcción de un movimiento antagónico al E$tado y el Capital.

Por otro lado, y aunque muchos anarquistas no pensemos así, algunos insurrecionalistas (al menos en sus comunicados) han expuesto ideas en donde manifiestan su “odio incondicional” hacia la “sociedad”, diluyendo todo análisis de clase y también generando virulentas críticas a todo “ciudadano” manifestando que estos sujetos son cómplices y no prisioneros del sistema y por tanto merecen “nuestro desprecio”. Aunque no llaman explícitamente a atacar a civiles, si intentan propagar un odio a la “sociedad” (más que definir a qué sector, grupo o clase de la sociedad buscan atacar, afirman ser enemigos de la “sociedad” entera), por lo cual un cambio en las estrategias hacia ataques en donde incluso civiles pueden verse afectados tampoco parece algo tan descabellado. Esta hipótesis continúa siendo débil ya que discurso y prácticas no son necesariamente equivalentes, además que ningún ataque anarquista ha tenido la característica de atacar a “ciudadanos de a pie”, pero de todos modos creemos que esto debe tomarse en cuenta para que cada uno saque las conclusiones que quiera. Por otro lado, aunque resulte difícil creer que el ataque haya sido deliberadamente contra civiles, al menos tiene que considerarse la hipótesis de que bajo las ideas insurreccionalistas no se esté tomando muy en serio los daños colaterales hacia “ciudadanos” en sus acciones. Otro hecho importante a considerar es que el comunicado con que se reivindicó el bombazo (si consideramos que era real) lamentó el daño a civiles y dijo que no era su intención, aunque examinándolo bien tampoco se le dio mucha importancia al suceso (al menos como se la damos muchos otros grupos anarquistas). Igual de raro es que el comunicado se escudara en el hecho de que “habían alertado a las policías antes del bombazo” (¡¡¡10 minutos antes!!!), tratando de decir que dejaron en manos de la policía el acordonammiento de la zona y la evacuación de los transeúntes, actitud extraña que parece dejar en manos de los poderosos el destino de la acción, algo a todas luces ilógico proviniendo de grupos que se declaran contra el poder.

El famoso comunicado reivindicativo aparecido después del bombazo también presenta grandes inconsistencias como para hacer un análisis concluyente. Primero: apareció en Internet en un momento propicio para realizar detenciones y tan sólo un par de días después de que muchos medios de comunicación online comenzaran precisamente a propagar la idea de que había grupos anarquistas que atacaban blancos humanos, y que además se hacían llamar “Células del Fuego”. Segundo: apareció más de una semana después del atentado del 8 de Septiembre, ¡Y más de 2 meses después del bombazo en el carro del Metro en la estación Los Domínicos!, hecho que tampoco tenía adjudicación. Así, este comunicado apareció de la nada para reivindicar los dos hechos que hasta ese momento estaban envueltos en el misterio más absoluto, incluso para quienes somos cercanos a círculos anarquistas ¡Que conveniente!.

Por otra parte, el comunicado presenta grandes errores en las fechas y además, frases que no parecen provenir de círculos anarquistas. Bueno, sabemos que las policías y los servicios de inteligencia también están aprendiendo acerca del discurso y las prácticas anarquistas, por lo que también pueden ser capaces de copiar el lenguaje antes utilizado y redactar comunicados falsos. Para muchas personas, el comunicado sonaba efectivamente como auténtico. Si fuese así, esto sería altamente preocupante para el movimiento anarquista en Chile.

Volviendo al tema de nuestra hipótesis, en ningún momento estamos tratando de decir que los culpables del bombazo fueron los actuales detenidos por el E$tado. Es evidente que desde un comienzo, aún sin ninguna prueba en las manos, los medios burgueses y el E$tado apuntaron a los grupos de tendencia anarquista como los culpables. En tal sentido necesitaban desde un comienzo tomar a alguien detenido que cumpliera el perfil de los culpables que ellos mismos propagaron. Los detenidos pudieron haber sido cualquier grupo o individualidad anarquista, nosotros, tu, ellos, etc. Lo importante para el E$tado, las policías y fiscales era mostrar eficiencia y profesionalismo (si no hubieran sido Nataly Casanova, Juan Flores o Guillermo Durán, otros anarquistas estarían hoy bajo las garras del E$tado). Además, otro hecho a considerar son las supuestas pruebas “irrefutables” de la fiscalía y las policías que incluyen grabaciones, recorridos de una tarjeta Bip! y otras “pruebas” que verdaderamente no han logrado convencer a la mayoría. Pruebas que han sido difundidas por los medios burgueses y su típico lenguaje criminalizador servil de los poderosos.

Dicho todo lo anterior, y sin querer inculpar a nadie en específico, sino que tratando de generar un juicio general en cuanto a la efectiva existencia de grupos insurreccionalistas en la región chilena es que creemos que no podemos negarnos 100% al hecho de que el bombazo del 8 de septiembre pudiera haber sido perpetrado por grupos de esta tendencia ideológica. Creemos poco probable que otros grupos de izquierda revolucionaria hayan cometido el acto porque para los antiguos y nuevos militantes del MJL, FPMR o MIR, este tipo de acciones “simbólicas” desde hace tiempo que no son vistas como una alternativa. Además otros grupos de tendencia radical no han reivindicado acciones de carácter explosivo con estas características en los últimos años de forma sistemática, como sí lo han hecho grupos de orientación insureccionalista en el proceso de profundización de lo que ellos denominan “la guerra social”.

Hipótesis de síntesis y un posible cuarto actor

A manera de síntesis, lo que estamos planteando en este artículo, es que existen tres actores que tienen posibilidades de haber perpetrado el bombazo del 8 de septiembre. Estas tres hipótesis no tienen un afán meramente especulativo, sino que buscan favorecer nuestra orientación frente a tres posibles escenarios. Sea cual sea el correcto, todos implican una profunda reflexión en torno a nuestros movimientos en el contexto actual. Es por esta razón que los hemos enunciado, ya que mientras no sepamos la verdad deberemos reflexionar en tres direcciones para así generar respuestas que den una buena lectura al periodo que vivimos en la actualidad.

Podríamos empezar a especular cuál de las tres hipótesis es más probable. Por ahora no entraremos en este debate, simplemente dejaremos las cartas sobre la mesa para que cada cual profundice según su punto de vista.

Hacemos expresa también una cuarta posibilidad que constituye una especie de mezcla entre estas tesis. Es decir, que exista una confabulación entre el E$tado y grupos fascistas, o bien que exista una infiltración del E$tado en grupos insurreccionalistas. Decimos esto último porque hay sobrada documentación histórica de infiltración estatal en movimientos antisistémicos, un ejemplo claro es retratado en el libro “La Trampa” de editorial LOM en donde se narra la infiltración de agentes de la dictadura en un órgano del MIR que termino con 2 jóvenes militantes muertos; otro suceso famoso de esta índole fue el “Caso Scala” que involucró al movimiento anarquista de Cataluña en el año 1978. Básicamente hubo una infiltración de agentes estatales en células de jóvenes anarquistas que empujaron a estos últimos a realizar un atentado que terminó con la vida de 4 personas inocentes y que posteriormente significó un descrédito al movimiento anarquista en general y una purga represiva hacia el mismo, principalmente a la CNT, principal organización anarco-sindicalista de la región que por esos años, posteriores a la dictadura de Franco, estaba resurgiendo con potencia entre el proletariado y las juventudes combativas de los años 70.

Por último, y como otra pincelada para matizar estas hipótesis, nos gustaría decir que no es desdeñable que aparatos de inteligencia internacionales se vieran involucrados en este tipo de actos, como por ejemplo la CIA. No es descabellado que la principal potencia capitalista del mundo que desde el año 2001 ha llevado una política y un discurso global “contra el terrorismo” estuviese involucrada en este suceso. La CIA ya financió grupos fascistas chilenos para derrocar a Allende, y en tal sentido lo podría volver a hacer. Ya sea en unión con fascistas, o en unión con su aliada de la región Michelle Bachelet. Ahora, por supuesto, no para derrocar a un gobierno, sino a los movimientos sociales antagónicos a sus intereses. No hay que olvidar tampoco que durante la Guerra Fría Estados Unidos creó una compleja y muy sofisticada red internacional de represión y espionaje anticomunista para perseguir cualquier intento de revuelta en cualquier lugar del mundo. En los actuales escenarios mundiales en donde protestas en todo el mundo se agudizan, y en donde es visible un resurgimiento de posturas anarquistas en todas estas luchas, no es una hipótesis improbable que el principal Imperio capitalista del mundo este orquestando (con el apoyo de otros E$tados) una red internacional de persecución y purga de anarquistas a través de sus conocidas maniobras sucias de criminalización, infiltración, represión y montajes. Nada mejor para poner en práctica este tipo de acciones que un país sumamente servil a los intereses gringos como $hile, el cual tiene estrechas relaciones diplomáticas con Estados Unidos, y en donde ya se han realizado importantes experimentos del imperialismo capitalista ($hile fue nada menos que el laboratorio en donde Estados Unidos puso en práctica por primera vez las teorías neoliberales surgidas en las escuelas universitarias gringas de economía, en plena dictadura de Pinochet). Como dato, hay que tener en cuenta que el gobierno $hileno pidió al FBI ayuda logística y de “inteligencia” para averiguar quién era el supuesto autor del bombazo del metro. También no debe olvidarse que en chile ya está operando una base de la ONU en el sector de Con-Con (Valparaiso) la cual fue inaugurada en 2012 por el propio embajador de EE.UU. en chile y que simula un escenario belico urbano en donde tropas militares entrenan frente a posibles escenarios de guerra o protestas en las ciudades.

Junto con todo lo anterior no podemos dejar de mencionar la muerte en extrañas circunstancias de Sergio Landskron el 25 de septiembre de 2014. Este joven murió en las calles de Santiago tras explotar una bomba y todo indica que no tendría ninguna conexión con grupos anarquistas. Lo extraño y turbio del caso abre más hipótesis que van desde una muerte accidental al manipular la bomba que pudo haber sido puesta por algún grupo, o bien que el mismo Sergio Landskron haya sido pagado por el E$tado o alguna organización fascista para poner la bomba que lo mató. Podríamos plantear más hipótesis, pero más que eso enunciamos que este suceso viene a enrarecer y a esparcir más piezas en este rompecabezas que no parece solucionarse tan fácilmente.

Otro hecho extraño es que dos días después de la muerte de Sergio Landskron en el bombazo del Barrio Yungay, hayan aparecido panfletos con “amenazas anarquistas” contra un recinto de gendarmería. Ninguna adjudicación, sólo una amenaza y, nuevamente, bastante tardía, la cual sirvió para que los medios volvieran a apuntar a grupos anarquistas como los culpables. Algo sumamente raro por estos tiempos donde la inmediatez de la información marca la pauta en los medios de comunicación. Otro hecho que cabe destacar es el sospechoso auto Opel Corsa de color rojo que estaba en Escuela Militar el 8 de Septiembre y que después desapareció, al parecer, tanto de la investigación como de los medios de comunicación, excepto para avisar (justo en medio de la paranoia que envolvía al país) que sólo se trataba de policías en un “procedimiento”.

Concluyendo, afirmamos que uno de los 3 actores expuestos anteriormente pudieron haber sido los perpetradores del atentado: el E$tado, organizaciones fascistas o anarquistas insurrecionalistas. También, como cuarta hipótesis auxiliar, cabe alguna posibilidad de intromisión de aparatos de inteligencia internacionales, o bien una mezcla de varias de estas hipótesis en función de una alianza Estado-fascistas o bien alguna especie de infiltración del Estado o fascistas en grupos insurrecionalistas, entre otras combinaciones posibles.

Un breve llamado a los anarquistas de la región chilena.

Lo importante es no confundir el hecho con las intenciones, y al condenar el hecho malo, no omitir el hacer justicia a las buenas intenciones. Y esto no sólo por respeto a la verdad, no sólo por piedad humana, sino también por razones de propaganda, por los efectos trágicos que nuestro juicio puede producir

Errico Malatesta

Las hipótesis expuestas anteriormente parecen haber sido escritas bajo una intención de “neutralidad” y “esfuerzo analítico” de los autores, sin embargo las tramas de sentido que le dan forma provienen desde una visión anarquista (o por lo menos intentan), y en ese sentido no tienen nada de neutras. Están fundadas en las ideas ácratas de los autores, así como de los datos históricos que manejan.

En este sentido, las hipótesis anteriores ya dicen bastante de lo que pensamos, pero creemos que es necesario explicitar aún más nuestra posición en estos tiempos que se vislumbran brumosos e inciertos para muchos.

Lo primero es lo primero, y esto es un hecho independiente de todas las anteriores hipótesis, el bombazo, quién sea haya sido el responsable, es una acción que solo sirve al poder. Quienes han sacado mayor provecho del mismo han sido periodistas, políticos y burgueses. Los primeros generando una mercancía comunicativa vendible y rentable mientras difundían el miedo y el morbo, los segundos aprovechando el hecho para acumular apoyo y legitimidad para modificar sus leyes represivas, y los terceros felices con la actitud de los dos perros falderos anteriores que los blindan para seguir impunemente con sus negocios. Todo lo anterior cimienta el camino para modificaciones importantes en el aparato juridico-represivo chileno y la re-estructuración de los aparatos de inteligencia en beneficio del control de la población y los movimientos sociales.

Intentaremos, a continuación, mostrar nuestra posición frente a los tiempos que se avecinan. Plantearemos, para esto, nuestra visión estratégica en el periodo actual, algo que no se suele dar mucho en los círculos anarquistas. Cuando hablamos de plantear una visión estratégica, no nos referimos a enrostrar un “programa” definido para alcanzar la “revolución” como lo hacen muchos partidos u organizaciones que pretenden ser “la vanguardia del pueblo”, sino simplemente para plantear un equilibrio entre nuestros medios y nuestros fines, equilibrio que los anarquistas siempre hemos intentado lograr. No tenemos miedo a plantear estas estrategias, ya que en ningún caso constituyen un ejercicio de autoridad frente a los demás compañeros, porque no es esta nuestra intención y porque ni siquiera tenemos el poder para imponerlo al resto. Esto es, para nosotros, nada más que una obligación moral, decir lo que creemos y explicitar nuestras convicciones, con la intención de influir en nuestros compañeros a través de los argumentos y no de la fuerza.

Los planteamientos que expondremos no son un mensaje para el E$tado, los grupos fascistas, los medios masivos de comunicación o la burguesia, todos actores que podrían estar involucrados en el atentado del 8 de Septiembre. No nos interesa plantearle nuestros argumentos a ellos, a ellos no se les puede convencer, solo combatir. A los que sí nos interesa dirigirnos es a los anarquistas, con quienes podemos dialogar y reflexionar mutuamente. No podemos darnos el lujo de que estas acciones que sólo benefician al poder sean cometidas por compañeras/os, para evitarlo no nos queda más que el poder de la palabra y el argumento, y hacia allá vamos. Aquí escribiremos guardando la posibilidad de que grupos anarquistas hayan cometido este acto, o en el caso de que no hayan sido ellos, para evitar que alguna vez algún anarquista pretenda una acción como la del 8 de Septiembre o similares.

Los planteamientos estratégicos que podríamos esbozar para el movimiento anarquista de la región chilena pueden ser muchísimos, pero solo nos abocaremos aquí a algunos puntos específicos y al tema de la violencia revolucionaria. Esta discusión no es para nada nueva y los anarquistas la vienen dando hace más de un siglo. Nos valdremos principalmente de algunos textos de Errico Malatesta para dar pie a este llamado y a esta visión estratégica. Malatesta, incansable propagandista de origen italiano vivió durante el periodo histórico donde el ilegalismo anarquista y la acción directa violenta se empezaron a masificar, a fines del siglo XIX y principios del XX. En los periódicos en donde escribió dio su visión al respecto y son estas reflexiones las que ahora exponemos. En primer lugar, y tal como se lee en el epígrafe del autor que hemos expuesto más arriba, Malatesta dice que no debemos confundir un hecho irracional con los sinceros sentimientos que los hacen posibles. En ese sentido aquí no nos interesa cuestionar los sentimientos que pudieron llevar a anarquistas a cometer estos actos (y otros en el pasado o eventuales futuros), puede que sus sentimientos sean más sinceros que los nuestros, pero hablando con la cabeza fría, a un enemigo tan poderoso como el E$tado no se le derrota a base de buenos sentimientos y sinceras intenciones. Se requiere mucho más que eso.

Malatesta no dudó que las intenciones de muchos de sus compañeros ilegalistas fueran positivas, pero tampoco dudo en llamar “estúpidos” aquellos actos que en nada servían para la masificación de la anarquía. En este sentido es que criticó sucesos como los del “Atentado de Diana”, en donde las bombas de presuntos anarquistas asesinaron a diversos asistentes de un teatro italiano, hecho que significó un descrédito de las ideas ácratas y una persecución de sus prácticas.

Lejos estamos aquí de hacer una defensa de la paz y una crítica a la violencia como método valido de autodefensa de los oprimidos (el propio Malatesta fue uno de los mayores partidarios de la propaganda por el hecho). Creemos que la violencia anarquista es absolutamente menos dolorosa que la que infringen el E$tado y los burgueses cotidianamente contra la mayoría de la población mundial. La sociedad dividida en clases, el rascismo y el patriarcado generan todos los días la exclusión de miles de millones de personas sometidas a condiciones de miseria y degradación. Es por esto que nuestras acciones para derrocar este sistema, jamas serán tan violentas como las que impone un modelo basado en el dolor y la esclavitud de miles de millones de personas. Pero así como aceptamos esto, también somos capaces de ver que la violencia no es un fin, sino solo un medio. La utilizaremos sólo cuando nos sirva para conseguir nuestros fines, y la desecharemos cada vez que no sea necesaria y tengamos otros medios más efectivos para conseguir nuestras metas. Además debe ser un arma sumamente bien utilizada, que debe ser descargada contra la autoridad no solo en base a pasiones de liberación (muy necesarias, por cierto), sino a criterios definidos por sólidos procesos de reflexión y lectura de los momentos históricos que atravesamos. La violencia o autodefensa más efectiva contra el E$tado dependerá del periodo histórico que atravesamos, y ese periodo debe leerse e interpretarse para luego actuar; en palabras de Malatesta: “esto quiere decir que cada uno debe aconsejar, defender y practicar la táctica que crea más adecuada para lograr la victoria en el tiempo más breve con el menor sacrificio posible”.

Y la lectura estratégica que hacemos y defendemos nosotros, en relación a la violencia revolucionaria en los tiempos actuales puede ser resumida en la siguiente tesis:

TESIS: La violencia antiestatal, en los tiempos actuales, tiene que estar unida a una aguda capacidad de leer los tiempos históricos que nos envuelven. Esta lectura nos empuja a propiciar que esta violencia no sea un monopolio de los anarquistas, ni de ningún otro grupo especializado ideológicamente, sino una actividad colectiva que sea patrimonio de la mayor parte de la comunidad humillada por el Estado. Esta violencia, se diferencia de la violencia individual o de pequeños grupos de afinidad en el hecho de que es colectiva y comunal, y es la única que estratégica y simbólicamente puede dar golpes certeros y eficaces contra los poderosos. Como anarquistas nuestro deber es integrarnos al ejercicio de esta violencia y propiciar, en la medida de su utilidad, su expansión.

Esta es nuestra lectura. Un planteamiento que no proviene de una iluminación teórica de quienes escribimos, sino de una realidad práctica: la violencia colectiva ha sido la única que ha asestado golpes certeros al poder en los últimos años. Mapuche, estudiantes, pobladores, trabajadores e incluso ciudades enteras han hecho gala de esta violencia comunal sobrepasando los aparatos represivos del E$tado, y en algunos casos, controlando territorialmente grandes porciones de espacio e interrumpiendo el flujo del capital. Tomemos sólo los últimos años. Resistencia ambiental en Mehuín (2006) Protestas estudiantiles (2006 y 2011), protestas en Dichato (2011), revueltas en Aysén (2012), revueltas en Freirina (2012), protestas en Tocopilla (2013), protestas y control territorial en territorio mapuche, entre otras. Todas se caracterizaron por poner en práctica una violencia colectiva que sobrepasó en muchas instancias al propio E$tado generando pequeñas desestabilizaciones y crisis en la normalidad capitalista, desacreditando al sistema político, dañando la circulación de capital y suscitando (en mayor o menor medida) el apoyo de la población.

Tomemos un solo caso: Freirina. En 2012 un pueblo de 6000 personas genera una revuelta sin precedentes, a miles de kilómetros de distancia de Santiago y enfrentándose durante semanas a la represión estatal. ¿Su objetivo? cerrar una megafábrica de producción de cerdo que les hacia la vida insufrible. ¿Qué consiguieron? clausurar por completo uno de los centros agroindustriales más grandes del país, cerrando la boca a los empresarios dueños de la fábrica y a los políticos que con su arrogancia solo enviaron fuerzas policiales militarizadas para que sofocaran las movilizaciones. Casos como los de Aysén y Tocopilla también son buenos ejemplos, ciudades de no más de 20.000 habitantes lograron controlar durante un tiempo prolongado sus territorios en base a la autodefensa y a través de su efectiva organización.

Frente a este tipo de ejemplos, nos hacemos la pregunta ¿Pudo una violencia individual o ejercida por pequeños grupos lograr algo así? No, ningún grupo tiene la capacidad operativa para realizar una acción así. Y también ¿Pudo una violencia individual haber tenido esos niveles de aprobación y apoyo por parte de la mayoría de la población y por tanto haber aportado simbólicamente al menoscabo de los poderosos? No lo creemos realmente.

Tomar el camino de la insurrección de masas no es una cuestión moralmente superior que la insurrección individual, ni tampoco se funda en el fetiche del numero de sus participantes, sino que abogamos por ella simplemente porque consideramos que estratégicamente es la única forma de violencia antagónica al E$tado y al Capital que puede surtir efectos positivos en hacer retroceder las ganancias de los poderosos y propiciar soluciones prácticas a las penurias de la población, así como a la difusión de perspectivas anárquicas en el actual periodo histórico que atravesamos. Nos hemos inclinado por este tipo de violencia no por los resultados de algún “estudio científico revolucionario” que hayamos realizado o porque así está escrito en algún polvoriento libro anarquista, sino por el brillo en los ojos que vemos en vecinas/os, familiares, amigas/os y gente de la calle cuando hablamos de las revueltas de Aysén, Freirina o Tocopilla, y la indiferencia rampante cuando nombramos, por ejemplo, los bombazos a los cajeros automáticos. En principio, es nuestro “sentido común” el que también nos hace apuntar los ojos hacia esta alternativa.

Consideramos que la acción de los anarquistas debe ir hacia la potenciación de este tipo de revueltas. Es por eso que estratégicamente consideramos que no es óptimo potenciar los ataques insurrecionales individuales. Esta estrategia llevada a cabo por diversos grupos en los últimos años (casi exclusivamente en Santiago, hay que decirlo) no ha traído éxitos tan relevantes como los vividos en los ejemplos que dimos anteriormente. Decimos esto porque no han logrado generar una real amenaza económica para los burgueses (cosa que si se ha logrado en insurrecciones masivas en donde se cortan las arterias y carreteras que impiden que circule la sangre del capital: sus mercancías) y tampoco ha logrado legitimarse en la población, generando un agrietamiento simbólico débil del sistema. Es más, esta estrategia insurreccional basada exclusivamente en intenciones individuales o relaciones de afinidad ha terminado con la vida de un compañero (M. Morales), y casi se ha llevado la vida de otro (L. Pitronello) y mantiene a muchos compañeros bajo los ojos de la inteligencia policial. El conocido “Caso Bombas” de 2010, de haber sido planeado más inteligentemente por las autoridades, haber existido más presión de la prensa burguesa a los tribunales, o de no haber contado con defensas jurídicas apropiadas, bien podría tener tras las rejas a decenas de otros compañeros y compañeras.

Más de algún compañero/a nos podrá replicar, pensando que nosotros estamos poniendo excusas al desarrollo de la acción directa, que estos “son los costos lógicos de la guerra social, de la lucha”. Nosotros les responderíamos, sí, es verdad, en la lucha debemos asumir costos, pero lo lógico es aminorar los costos al mínimo para nuestro bando y reservar el daño mayor para nuestro enemigo. Y también les diríamos que lo más arriesgado no es sinónimo de lo más radical, poner una bomba puede ser muy arriesgado, pero su utilidad puede ser nula. Una insurrección generalizada puede hacer mucho más daño al capital, por ejemplo Freirina logró cerrar una mega fabrica de cerca de 450.000 cerdos dañando visiblemente las ganancias de Agrosuper, principal empresa de la burguesía agroindustrial nacional, daño mucho mayor que la destrucción de un cajero que prontamente será repuesto por el seguro de un banco. Y lo que es más importante, daña simbólicamente mucho más al sistema al estar legitimada en la población y mostrar como válidos los procesos de autodefensa, enardeciendo el espíritu de combate de las gentes. Por otro lado, la experiencia de una insurrección colectiva acumula experiencias muy valiosas en sus participantes y desarrolla ideas radicales en la población, aunque estas no puedan verse ahora, en un futuro podrían ser fundamentales para crear alternativas al capitalismo. No se trata de idealizar estas revueltas como auténticamente revolucionarias y radicales, ya que debemos admitir que aún albergan en su mayoría posiciones reformistas, sino de visibilizar que su puesta en marcha constituye pasos importantes de comunidades que han perdido el miedo y han tomado al menos momentaneamete el control de su territorio, todo lo cual acumula experiencias de autogestión, apoyo mutuo en la población y experiencia en una lucha concreta y real.

También podemos sumar a nuestros argumentos que la violencia comunitaria y colectiva es mucho más eficiente, en tanto su legitimidad nos blinda de la criminalización. En los últimos años hemos sido testigos de cómo la represión se articula complejamente en tramas que no sólo involucran a la policía, sino a medios de comunicación burgueses, fiscales y políticos. El “Caso Bombas” y la represión al pueblo mapuche nos muestran el rol fundamental que juegan los medios en este proceso y su influencia decisiva a la hora de permitirles a políticos y fiscales imponer sus condenas. Una violencia legitimada socialmente es mucho menos criminalizable para los medios, y por tanto mucho más difícil de reprimir por los esbirros del poder.

En el mismo sentido, cuando intentamos generar una violencia que pretende estar legitimada simbólicamente frente a la población no solo estamos mandándole un mensaje de guerra al E$tado, también estamos enviando un mensaje a los miles de explotados por este sistema y los estamos obligando a tomar posición. No hay que olvidar que el sentido de la “propaganda por el hecho”, es exactamente eso ¡HACER PROPAGANDA! Si nuestros ataques son solo tomados en cuenta por el E$tado, pero le son indiferentes a la población en general, no estamos haciendo un acto de propaganda, sino, más bien, generando un dialogo exclusivo con el E$tado. Estamos simplemente haciendo una declaración de guerra a nuestro enemigo (que realmente le hace poco daño), pero en ningún caso un llamado amplio a luchar contra él.

Por otro lado, la violencia comunal no requiere ningún tipo de especialización. Cualquiera puede enfrentarse al E$tado y sus fuerzas represivas en colectivo. Todos saben atacar con piedras y otros elementos, y nadie más que las comunidades conoce tan bien el territorio específico en que lucha, porque lo habita y recorre cotidianamente, lo cual es una ventaja fundamental y estratégica para enfrentarse victoriosamente a las fuerzas represivas. Además, en caso de que sea necesaria la lucha con armas, las comunidades en conflicto pueden recurrir a ella de una manera legítima, y pueden hacerlo muy fácilmente en caso de contar con esos recursos. Recurrir a la violencia individual o asentada en grupos de afinidad aislados requiere un proceso de especialización, un ejemplo concreto es poner bombas. La violencia anti-estatal no debería ser patrimonio de especialistas, sino una actividad colectiva, comunitaria y al alcance de todos.

En momentos históricos en que los anarquistas y sus ideas están tan aisladas y en donde nuestras fuerzas son limitadas, resulta imprescindible ocupar esta fuerza de forma inteligente. Lejos de una especialización en el campo de la violencia debemos potenciar su alcance colectivo. Las cosas que podemos aportar en este tipo de escenarios como los vividos en las revueltas en los últimos años son innumerables. Desde apoyo en la generación de propaganda para el conflicto, hasta campañas públicas de apoyo desde una perspectiva antiautoritaria; desde apoyo en cuestiones logísticas, hasta propagación de las ideas ácratas y antiautoritarias en estas revueltas. No se puede descartar tampoco el apoyo a través de actos de sabotaje surgidos desde individualidades y grupos de afinidad anarquistas, sin embargo estos deben estar pensados para acoplarse material y simbólicamente como apoyo a estas revueltas, y no como un hecho aislado sin aparente sentido. En último caso, también, debemos tener en cuenta que el principal problema de las revueltas colectivas no es que no sean capaces de poner en marcha una auto-defensa efectiva contra el Estado (Mehuín, Aysén, Dichato, Freirina y Tocopilla han demostrado que la población sabe muy bien defenderse de la policía), sino la aparición de caudillos y líderes que domestican el conflicto por la falta de una política clara antiautoritaria y anticapitalista. Ahora, en todo caso, no es el momento de enumerar como podemos apoyar, ver como solidarizamos con estos procesos debe ser algo que debemos discutir como movimiento.

Creemos que el resurgimiento del anarquismo en nuestra región ha sido obra principalmente de intenciones e inquietudes individuales, o asentadas en grupos de afinidad. No se puede negar que, frente a la interrupción de la tradición anarquista en la región, han sido estos últimos el motor que ha hecho girar el desarrollo de las prácticas anárquicas en nuestro territorio durante los últimos años. En ningún caso abogamos por su disolución, al contrario, deben seguir surgiendo. Pero también es visible que cada vez se hace más necesaria una coordinación que supere la mera afinidad en función de generar estrategias colectivas que nos permitan asestar golpes certeros al E$tado. Las relaciones de afinidad son necesarias, pero insuficientes, por más que queramos no podemos conocer a todos los compañeros de la región chilena, ni trabar amistades con todos. Por eso es necesario generar una afinidad en las prácticas y posiciones teóricas que nos parezcan más eficientes a la hora de agrietar la estructura del poder. Necesitamos una coordinación que no esté cobijada en una macro-organización anarquista, sino en el debate práctico/teórico que nos entregue lineamientos mínimos y colectivos como comunidad ácrata. Esto solo se puede conseguir autocriticando nuestras falencias y proponiendo nuevos caminos que, dejando de lado los amiguismos de nuestros circulos, así como los burocratismos típicos de las grandes organizaciones, nos permitan expandir las ideas y las prácticas de orientación anti-Estatal.

Volviendo al tema de las revueltas que se han dado en los últimos años, debemos remarcar que estas se han generado por el espíritu de comunidad que aún perdura invisiblemente en muchas partes de nuestro territorio. Es eso lo que hay que potenciar. Hemos llegado a un punto del capitalismo en donde la ideología del poder se ha instalado en el inconsciente de la mayoría de la población, incluso de aquella que sufre más fuertemente la explotación del sistema. Los ideales de felicidad burguesa basadas en el sin sentido del consumo y la apariencia se han extendido alarmantemente. Mientras no seamos capaces de agrietar simbolicamente estos ideales de vida tan profundos y nocivos, difícilmente podremos desencadenar procesos de revuelta significativos que desemboquen en experiencias de experimentación revolucionaria.

Un ejemplo claro de un grupo que en la historia ha logrado generar un espíritu colectivo de desobediencia y lucha en la sociedad son los anarquistas. En nuestro territorio, a principios de siglo, los anarquistas efectivamente eran una amenaza para el E$tado. Esto no provino exclusivamente de la violencia explícita que lograron exponer contra los poderosos, sino principalmente de la violencia simbólica y el trabajo de hormiga de periódicos, centros sociales, grupos de difusión de la idea, escuelas libertarias, sindicatos ilegalistas, etc. Este trabajo tan necesario hoy en día no está lo suficientemente difundido y pareciera ser primordial para expandir una perspectiva anárquica a mediano y largo plazo al interior de la sociedad. Estas acciones, que no tienen la espectacularidad, ni causan la excitación fetichizada de la lucha violenta explícita, pueden ser, en los tiempos actuales, igual y más radicales que estas últimas. Estas acciones tampoco son más “fáciles” que planear actos violentos, requieren de la perseverancia y la consecuencia de toda una vida de lucha, lo cual no es para nada algo “fácil” o que debamos mirar en menos.

Creemos, como Malatesta, quien argumentó ya hace mucho tiempo, que: Sabemos que lo esencial, lo indiscutiblemente útil consiste no ya en matar la persona de un rey, sino en matar a todos los reyes –los de las Cortes, de los Parlamentos y de las fábricas– en el corazón y la mente de la gente; es decir, en erradicar la fe en el principio de autoridad al cual rinde culto una parte tan considerable del pueblo.

Los burgueses tienen miedo de lo que está pasando, por eso su intención de reformular las leyes represivas, y por eso la mutación del E$tado que tímidamente se acerca hacia una fachada socialdemócrata con discursos más ciudadanos, ecológicos, amigables e incluso integrando a partidos políticos históricamente marginados del poder gubernamental como lo es el Partido Comunista Chileno. Es cierto, nos atacan a nosotros los anarquistas, pero no seamos tan autoreferentes y ególatras, nosotros no estamos ni cerca de ser la mayor amenaza para el E$tado. Su virulencia hacia nosotros es una cuestión histórica debido a los golpes que en cierto tiempo el anarquismo pudo darle a las clases dominantes, así como por el hecho de que siempre podemos ser usados como chivo expiatorio para justificar sus leyes represivas. Sin embargo, nuestra actual capacidad está lejos de hacer tambalear al E$tado. Los grupos que verdaderamente lo han amenazado en los últimos años son sumamente diversos y los anarquistas son sólo una pequeña fracción dentro de los mismos. Además, y en última instancia, destruir al E$tado no será obra de anarquistas, sino de la comunidad en su conjunto, de otra manera no será posible la abolición del sistema opresivo. Creemos que esa dicotomía entre anarquismo social y anarquismo individual es falaz, el anarquismo no existe sin la voluntad individual de lucha de sus partidarios, y tampoco tiene futuro sin una proyección hacia la comunidad y la sociedad. Tanto los anarquistas que han transformado lo “social” como un fetiche para hacer crecer sus plataformas y organizaciones, como los anarquistas que han abogado por atacar a la sociedad o ser anti-sociales, realmente tienen un cadáver en su boca, ninguno tiene una real proyección histórica antiestatal.

Nuestra estrategia, en definitiva, consiste en leer bien los contextos y construir caminos que realmente tengan una proyección histórica. Creemos que es aún necesario hacer un trabajo inmenso en la difusión de las ideas y prácticas anárquicas; en cuanto a la violencia abogamos por la potenciación de la insurrección de carácter colectivo más que individual; por último creemos que es necesario hacer una discusión de tácticas y estrategias que puedan plantear soluciones prácticas y teóricas para derrotar a nuestro enemigo, sin caer en burocratismos o en la centralización de macro-organizaciones o federaciones anarquistas.

Sabemos que no es la opinión de todos los anarquistas, pero cumplimos nuestro deber al sincerarnos y exponer la nuestra mediante argumentos. Repetimos a los compañeros que se vean interpelados en este texto que aquí no estamos menospreciando su sincera intención de lucha, nos gratificamos con su combatividad y espíritu, pero hacemos expresos nuestros reparos a su método, el cual consideramos como altamente inefectivo hasta el momento, y quizás aún más en el futuro.

Finalmente, y retornando al hecho acaecido durante el 8 de Septiembre, del cual se desprende nuestra motivación para escribir esto, no podemos olvidar a los compañeros que ahora están en la cárcel. Para nosotros son secuestrados del poder, el E$tado buscó más que a los culpables a quienes tenían el perfil de anarquista peligroso. Por otro lado, no nos interesa que ellos u otros estén en la cárcel, la idea es que las cárceles no existan y nadie tenga que sufrir esa tortura. Pero así como debemos mostrar solidaridad con ellos y sus intenciones, y también estar atentos a su situación, no debemos quedarnos callados ante las críticas que se merecen determinadas tácticas o estrategias, porque es un hecho que muchas de ellas solo benefician al poder.

Simbólicamente la acción del 8 de Septiembre es por lo mínimo ineficiente, y siendo un poco más duros como Malatesta “estúpida”. Pero, tal como dice Malatesta, no hay que confundir intenciones con métodos, y aunque critiquemos los métodos, no podemos sino reconocer las intenciones. En definitiva, debemos apoyar a los actuales detenidos independientemente de si es que fueron o no responsables por el hecho, así como debemos condenar el suceso independiente de quién lo haya perpetrado: Estado, fascistas o anarquistas.

Esta es nuestra estrategia respecto al movimiento anarquista en nuestro territorio. Que ahora vengan otros y la critiquen en función de mejorarla o establecerla como errada en función de argumentos y hechos concretos. Nosotros ya trazamos una línea en este llamado.

 

Escrito por Grupo de investigación ácrata: “Sherlock Holmes Perez”

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Publicado el Viernes 24 Octubre 2014 a las 12:31 pm
1 Comentario todo cagón

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Comentarios

  • papa

    Me guio mas por lo que sale en el libro la trampa….en aquella época los aparatos de infiltración ya habían cobrado muertes y el desequilibrio de los movimientos paramilitares revolucionarios…todos los movimientos y partidos sabían y saben de estas infiltraciones y atentados que ocurrieron en el termino de los ochentas…sino habría que preguntarle al señor Schilling del ps. Aquellas infiltraciones aun siguen…

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