Publicado el 6 Febrero, 2015 a las 5:32 pm

Relato sobre la represión a los peñis violentados el 21 de enero

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21 de enero, 9.30 AM.

Nos reunimos con una amiga en la Plaza Acevedo. No se veía nadie más por el lugar, salvo las personas que pasaban con pensamientos matutinos. A penas nos reunimos, dimos cuenta que habíamos visto a un conocido en otro extremo de la Plaza, así que fuimos donde él. Éramos cuatro de un momento a otro. Hablamos un rato y dimos vueltas por la Plaza, para encontrar más personas. Encontramos a uno más, en bicicleta al igual que yo, que se quedó cerca de nosotrxs.

Después de una espera, apareció ella. Nos dijo que esperáramos. Un taco en San Pedro había demorado a las comunidades que llegaran a la hora señalada. Esperamos sentados. Hablamos de muchas cosas incoherentes, muchas cosas que provocaban risa. Nos siguieron muchos perros y una señora se alteró porque “dejábamos” que los perros le ladraran a la gente que pasaba… como si fuésemos dueñxs de sus ladridos, dueñxs de su interpelación a lxs transeúntes del lugar… en fin.

Se colgó un lienzo cerca y poco a poco llegaban más personas, mientras nosotrxs, un poco apartadxs, esperábamos entre anécdotas y risas.

De un momento a otro, cuando ya empezábamos a dar señales de frío y cansancio debido al inesperado día gris que cubría Concepción, empezaron a moverse las personas que esperaban, hacia el costado de la Plaza. Dimos vuelta la cara y venían allí, caminando grises, peñis y lamgnes con toques de color en el cabello de las lamgnes, miembros y miembras de las comunidades mapuches.

Nos reunimos, un poco atrás nosotrxs. Alcancé a escuchar que iríamos a entregar un recurso, por el peñi agredido y que tendríamos que esperar fuera y tranquilxs, porque era recinto militar.

Bien, iremos. Pensé que iríamos a la fiscalía conocida, pero el peñi apuntaba en la otra dirección. Imaginé entonces que iríamos al regimiento, fiscalía militar. “Ay” pensé, qué mala idea andar en bicicleta, en esas condiciones. Qué mala idea traer la bicicleta y la cámara en la mochila. Qué ilusa pensar que podría “reportear” algo.

Nos pusimos en medio de la calle y extendieron lienzos. Las bicicletas (4), nos quedamos atrás. Se empezaron a escuchar bocinazos, algunos. Se escuchó fuerte y claro el llamado de la trutruka y lentamente comenzamos a caminar.

Algunos gritos se escucharon, diversos, entre la pequeña marcha. Debíamos caminar aproximadamente una cuadra para llegar al recinto militar. Aquí la marcha se detuvo, giró para encontrarse cara a cara con los muros blancos, las bayas, los militares.

Saqué de mi mochila la cámara, luego de un rato, para fotografiar de alguna manera el momento. Lxs “periodistas” de los medios de comunicación grandes estaban a un costado. Al dirigirme hacia ese lugar –porque era el mejor ángulo para fotografiar- una niña pasa por mi lado y le dice a un viejo “dicen que tú lo debes tocar”. Al volverme, un viejo sujetaba un gran kultrun, y un niño comenzó a tocar, lentamente, con un ritmo de muerte, un ritmo de ceremonia, un ritmo de dolor.

Casi al tiempo se escucha el sonido de la sirena del guanaco. Rodeo la congregación, recupero mi bicicleta y guardo mi cámara. Qué mala idea haber venido en bici.

Mientras, las micros y colectivos ya tomaban caminos alternos y seguían su rumbo por la misma calle. La gente de la marcha hacía caso omiso. No queríamos cortar más la calle, no. Sólo queríamos hacer guardia frente a los muros blancos, para apoyar la entrega del recurso.

Se asoma el guanaco y la micro, por la esquina de la Plaza. Me muevo hacia un costado, para no entorpecer a nadie en la bici. El guanaco se pone frente a la gente. Un niño vestido de verde se pone nervioso, se mueve, llora silencioso, quiere correr. La madre lo tranquiliza “quédate tranquilo!”. Tiene razón. En esos momentos, debes tener la cabeza fría para saber qué hacer, un poco de nerviosismo y podrías caer.

De dentro del guanaco sale una voz impaciente, por megáfono, avisando que debemos despejar la calle. La mitad de la gente se ha replegado a la vereda, y a la entrada de vehículos del recinto militar, hay muchxs niñxs entre estas personas. Niñxs y mayores. La otra mitad está en la calle.

¿Habrán pasado 5 segundos? Luego de que termina la frase, dice “se hace el segundo llamado” seguido de un chorro del guanaco que tiran encima. Me doy vuelta, monto la bicicleta y me alejo, mientras me llega un chorro de agua que me impulsa hacia adelante, mantengo el equilibrio y pedaleo hacia los edificios del sector. Miro hacia atrás y veo gente corriendo, gente tirando piedras, gente en la calle parada, gente en la entrada de autos… veo militares haciendo ademanes de sacar a la gente que está allí, hacia la calle, echándolos como a perros. Me doy la vuelta, reviso la mochila mojada, no podré sacar la cámara con la bicicleta. Me retiro a un lugar y observo, y espero. Veo a mis amigxs, mojadxs, caminando; veo que se reagrupan en la esquina frente a la fiscalía, que da entrada a una calle. Pedaleo hasta fuera del consultorio militar. Aquí hay señoras mirando, por las rejas. Señoras que están diciendo “qué horror!”, “Cómo saldremos de aquí, señor mi dios!”, mientras militares las apaciguan “Señora, entre inmediatamente, dentro estará a resguardo”. Salgo a los edificios donde las señoras gritan “Flojos de mierda!!”…

Me encuentro con mi amiga y nos acercamos al grupo congregado en la esquina, para saber qué sucede, cuáles serán las acciones, para dónde irán. Estamos allí, veo al GOPE en la calle, mirándonos. Me alejo un poco, no recuerdo por qué. En ese movimiento, el guanaco suelta un chorro potente, hacia el lugar. Desde ahí todo es confuso.

El chorro y gente corriendo, súbete a la bici, muévete, no puedo, algo ha pasado, la gente grita, miro, el chorro, el agua, una niña, está vestida de rojo, qué pasa, se da vuelta y lo veo, su ojo!!, veo sangre y se lo cubre, corren las lamgnes, la sacan, el ojo, sangre, correr, los gritos, me alejo, lxs niñxs corren a cubrirse dónde estoy, al lado del edificio no llega el agua, un niño pobre, grita, llora, ¿será su hermana?, no lo sé, al menos su hermana de sangre es, de sangre mapuche, de sangre dolida, de sangre rebelde y aplastada, cómo llora y grita ese ñiño, se ven lacrimógenas, el aire se pone blanco, sale una niña entre el humo, la pequeña de rojo ha desaparecido en la humareda, sale una niña entre el humo, grita, grita, grita, llora desesperada, una mujer la abraza, la niña está en el suelo, sólo puede llorar y gritar, el niño cae al suelo, de rodillas, sólo gritan y lloran que por qué, por qué les hacen esto, eso gritan. Que por qué, si ellxs no han hecho nada. Levantan a lxs pequeñxs, les agarran de la mano y movámosnos. Mierda, me he quedado atrás, hay que salir de aquí. Pero qué, a mí no me van a pescar. Mi piel blanca hoy no les interesa.

Miro desde la mitad del pasaje hacia adelante y veo gente atrincherada en el banco observando el horror. El sistema funciona bien. La gente, dentro del cajero automático se siente a salvo…

Se me nublan los ojos y se me salen las lágrimas. Sólo puedo recordar la niña, tendría unos 13, 15 años en su polerón rojo, tapándose su ojo con su carita cubierta en sangre… Me doy media vuelta y veo el escenario. Agua, humo, piedras, y gritos… Veo las caras de dolor de pequeños y pequeñas, las caras de dolor ya internalizado de lamgens y peñis que intentan cobijar y cobijarse, las caras de alerta de todxs quienes quieren escapar del chorro, de la yuta asesina, de la tortura implacable del guanaco.

No sé cuánto tiempo habré pasado observando el escenario. Se me ha hecho un nudo en el estómago, no sé qué hacer. La pena se va levantando en rabia, en impotencia, en dudas y preguntas… ¿cómo puede existir, ahí, al lado mío, en una ciudad “normal”, tal brutalidad? ¿Cómo puede ser que sigan tirando agua cuando le han reventado el ojo a una niña? ¿En qué momento esto se volvió normal? ¿En qué momento dejamos de vivir en nuestro propio territorio? ¿Cuándo pasó que el internet se volvió más importante, cuando creemos que por compartir una foto y leer una noticia, estamos aportando en algo?

¿EN QUÉ MOMENTO GANÓ EL MIEDO?

Nos retiramos hacia la otra esquina. Hay un gran taco por Av. Collao. La gente en los autos mira, miran y tienen miedo. Se les nota en sus caras de impaciencia, miran hacia donde estamos, miran hacia adelante al semáforo, “que se apure”, pensarán.

Mientras, escucho llamadas de teléfono de los peñis y lamgnes. Vamos al hospital, quedó la cagá, no sé cómo está, no vengas ahora, juntémosnos en el hospital. Caminamos hacia la plaza de vuelta.

Me encuentro con mi amiga y nos quedamos más atrás. Ya me he enjuagado las lágrimas, pero las imágenes de lxs niñxs y sus gritos han quedado en mí. Las caras de fuerza de las lamgnes me han calmado a mí también. Atrás nos enteramos por algunas personas que pasan dándose noticias, la niña está en el hospital, dicen que han disparado un perdigón en la cara a un joven. Un perdigón, aquí, en medio de la ciudad, no allá lejos en las comunidades… Aquí, cerquita de tu casa, el Estado policial dispara perdigones, acéptalo. Se acerca una mujer y me pregunta si le puedo sacar las piedritas de las heridas. Tiene el pantalón roto a la altura de la rodilla, se entrevé sangre. Tiene heridas en las manos, las que tomo con cuidado y amor y le comienzo a sacar las piedritas encrustadas… A cada intento, ella dice “ay”, bajito. Mientras veo al niño pequeño nervioso del principio, su madre le está diciendo que no debe ponerse nervioso, que ella lo cuidará, que tiene que pensar que esto a muchos niños les pasa en su propia casa, en su propio jardín “piensa, papito, si esos niños a los que les balean en el patio, se pusieran nerviosos, ¿cómo vivirían? Tú tienes que ser fuerte, aquí hay gente mirando, aquí ellos no hacen nada…” La mujer a la que le saqué las piedras nos mira y nos dice “imagínense cómo es allá en el campo dónde nadie los ve”.

Pienso en el ojo de la niña, los gritos, la sangre, el perdigón en la mejilla del otro muchacho.

Tiene razón, aquí en medio de la ciudad, eso no es nada…

Miro con desesperación y rabia a mi amiga, “¿Qué podemos hacer nosotras!?” … Unas mujeres que están cerca me miran… y dan vuelta la vista, sin respuesta alguna.

Escrito por Naturaleza Indómita

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Publicado el Viernes 6 Febrero 2015 a las 5:32 pm
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