Publicado el 4 Junio, 2016 a las 6:53 pm

2 visiones anarquistas sobre los sucesos del 21 de mayo y la muerte de Eduardo Lara

El 21 de Mayo de 2016 se viviò en Valparaiso una nueva protesta que destacó por la gran cantidad de acciones contra la policia y la propiedad privada. En ese contexto falleció una persona mientras se quemaba una farmacia y un edificio del centro de la ciudad. El hecho en concreto ha provocado una gran conmosión en las autoridades estatales, sectores de la sociedad chilena, y también en los circulos que defendemos la violencia callejera como método de lucha y autodefensa. A continuación dos articulos que, sin suponer un análisis acabado ni responder todas las interrogantes que surgen frente a estos sucesos, sí aportan en profundizar el necesario debate que debemos fomentar frente a este tipo de situaciones. Sin duda Falta bastante más que discutir y profundizar. Pueden enviar más articulos a nuestro mail (metiendoruido@riseup.net)

fuego

Una opinion anarquista ante los hechos de Valparaíso

Nada más conveniente para el Estado que la muerte de un trabajador. Trabajadores que al capital les da lo mismo. Trabajadores que han sido asesinados por el ejército y por carabineros muchas veces y a lo largo de la historia de Chile y del mundo.

La violencia contra los trabajadores no es algo nuevo, el capital lo practica todos los días. Es cosa de ver las cifras por accidentes laborales. El Estado asesina a trabajadores sin miramientos de vez en cuando, como a Rodrigo Cisternas, Nelson Quichillao, Juan Pablo Jiménez, muertos de Iquique, o cuando el ejército asesinó a más de 205 personas en un lejano Santiago de 1905 sin ningún pudor.

El Estado es experto en asesinar trabajadores. El capital también. Pero lo que ocurrió el 21 de Mayo no fue el Estado, pero la muerte del guardia de seguridad es conveniente, a fin de cuentas, para los mismos de siempre: El Estado.

Una muerte que apena todo un país. Una muerte que claramente es funcional al Estado y los medios de comunicación, donde darán noticias y reportajes sobre la violencia callejera de ese día. Como no lo hicieron con Rodrigo Cisternas, como tampoco lo hicieron con Matías Catrileo, Daniel Menco, la Claudia López y tanto otros.

La noticia nos conmueve y nos da una pena enorme. Nos gustaría que ese trabajador estuviera con tu familia en ese momento, abrazando a sus hijos, como lo hacen muchos otros en estos momentos. Pero el destino decidió otra cosa.

Por otro lado, personalmente, no creo que las personas que practican la violencia callejera quieran matar a alguien o hayan siquiera pensado que existía aquel riesgo. Realmente se me hace difícil pensar que alguien que quiera quemar una farmacia, donde sus dueños son unos delincuentes que asaltan a personas como Eduardo todos los días, quisiera ese resultado. Por lo general este tipo de actuar es contra la propiedad no contra la vida humana. Queremos aclarar que no estamos justificando nada. Sólo tratamos de entender los hechos

Creo que hay que reflexionar dos cosas:

1) Creo que las personas que practican la violencia callejera, tienen que reflexionar en torno al hecho puntual, de cómo se práctica el accionar. Y que analicen bien los resultados de esta acción el día de hoy, por que no es algo menor: Una persona resultó muerta. Sus hijos lloran, sus nietos también. Sus amigos, sus compañeros de trabajo. Tenemos que reflexionar en torno a la violencia que puede ser liberadora, (por ejemplo la de los milicianos en la guerra civil del que trataron de evitar el Fascismo en España) o que puede ser un acto horrible como en este caso.

 2) ¿Qué hace un trabajador en un edificio donde se sabe que puede correr peligro? Ya que no es primera vez que hay disturbios un 21 de Mayo en Valparaíso, y no es primera vez que una Farmacia es objetivo de un ataque incendiario. Ante ello ¿Por qué los empleadores envían a trabajar a sus empleados sabiendo que estas acciones ocurren?

Como dije antes dudo que la intención de estas personas haya previsto la posibilidad de este resultado. Y creo que en estos momentos esas personas no deben estar pasándolo bien. Yo personalmente no los juzgo.

Este clima de violencia no nos conviene, en el 2011 mataron a Manuel Gutiérrez, el 2013 a Juan Pablo Jiménez, el año pasado un desquiciado asesinó a sangre fría a dos estudiantes. Y hoy muere accidentalmente un trabajador. El panorama es desolador. Si bien algunos dicen que estamos en una guerra, pues miren ¡Estamos Perdiendo!

Burgos debe estar contento en su oficina. A quienes provocaron el incendio los están buscando con lupa, pero no así a quienes tenían a un guardia de 70 años trabajando un día feriado, conociendo los peligros que corren los 21 de mayo. Están buscando a gente y si no la encuentran inventaran “culpables”, porque así opera el Estado si no encuentra los culpables los inventa. Todos los vimos con el Caso Bombas, con el caso PDI.

Burgos con todo su arsenal neo-fascista. Recordemos que él operó en La Oficina en los 90 cuando dejó de funcionar la CNI. Es alguien que sabe, que se maneja en estos temas. El Estado con este caso está contento puesto que se levantará con más fuerza que nunca, y ahora con más apoyo que nunca con el cuerpo social que queremos conquistar para su emancipación. (Llámenlos como quieran: ciudadanos, pueblo, trabajadores, chilenas, hombres y mujeres que queremos que se emancipen del Estado apoyarán la persecución real o ficticia de un accidente).

Las noticias son lamentables, tengo pena. Tanto por el recién fallecido, como por lo que se vendrá después.

Si algún familiar de don Eduardo, algún amigo, algún compañero de trabajo lee esto. Quiero comunicar que este hecho le duele a todos. Sé que mi dolor no es equiparable al que ustedes deben estar sufriendo pero quisiera mandarle un abrazo. Quizá no ayude de mucho. No se lo que se siente, no se lo que sienten. Pero quisiera acompañarlos en sentimiento, tanto como los acompañan en sentimiento muchas personas de esta región dominada por el Estado de Chile.

Por último queremos compartir una reflexión de Errico Malatesta sobre la violencia, que nunca estará demás recordar.

Los anarquistas están en contra de la violencia. Es sabido. La idea central del anarquismo es la eliminación de la violencia de la vida social; es la organización de las relaciones sociales fundadas en la libre voluntad de las individualidades sin la intervención de los gendarmes. Por esa razón somos enemigos del capitalismo que, respaldándose en la protección de los gendarmes, obliga a los trabajadores a dejarse explotar por los dueños de los medios de producción, también a estar ociosos o a pasar hambre, según los patrones estén o no interesados en explotarles. Por eso somos enemigos del Estado que es la organización coercitiva, o sea, violenta, de la sociedad. Pero, si un caballero dice que considera bárbaro y estúpido entenderse a golpes de bastón y que es injusto y malvado obligar a alguien a cumplir la voluntad del otro bajo amenaza de pistola, ¿a caso es razonable el deducir que ese caballero tenga la intención de hacerse apalear y de someterse a la voluntad ajena sin recurrir a los medios más extremos para defenderse?… La violencia es justificable solo cuando es necesaria para defenderse a uno mismo o a los demás de la violencia. Donde termina la necesidad empieza el delito… El esclavo siempre está en un estado de legítima defensa, así que su violencia contra su patrón, contra el opresor, está siempre moralmente justificada y tiene que ser regulada solo con el criterio de su utilidad y de la economía del esfuerzo humano y de los sufrimientos humanos.

«Umanità Nova» 25 de agosto de 1921

 

Reflexiones en torno a lo ocurrido el pasado 21 de Mayo en Valparaíso desde una perspectiva anti-capitalista/anti-autoritaria.

Quienes nos posicionamos desde la perspectiva revolucionaria de que la liberación no será total sino hasta haber barrido con la totalidad del mundo capitalista, y que concientes de nuestra realidad, concientes de que la historia no es sólo un cúmulo de documentos que testifican sobre nuestra derrota, sino que la historia es movimiento, y por tanto todavía nos queda mucho de nuestra parte por incidir en ella; quienes queremos hacer de nuestra actividad vital una práctica de subversión de esta realidad difícilmente podríamos condenar las acciones de irrupción violenta contra la policía y la urbe capitalista. Bastante al contrario, podrían haber distintas apreciaciones sobre la utilidad de ésta y las maneras de emplearla, pero una condena total es injustificada sin a su vez posicionarse en defensa del orden.

En Valparaíso vimos un despliegue destructivo masivo, contundente y con objetivos claros que a varios nos recordó la noche de jueves del 28 de Mayo del 2015 en Santiago, hace ya un año, cuando enormes grupos de iracundos, unos organizados y otros no, aprovecharon la oscuridad que ofrecía la convocatoria nocturna para barrer con todo aquello que mereció ser barrido. Cuando eso sucedió, recién hace una semana, en la manifestación anterior, había ocurrido el caso de Rodrigo Avilés, militante de la organización amarilla UNE que quedó en riesgo vital luego de que el chorro del guanaco lo azotara en el pavimento en la marcha del 21 de Mayo del 2015 en Valparaíso. Ese incidente habría inhibido el actuar de la yuta en la siguiente manifestación en Santiago, lo que, sumado a la disposición de ánimos de quienes íbamos deliberadamente con la intención de tomar por asalto las calles esa noche, resultó en la bacanal callejera que se recuerda hasta el día de hoy.

Este año en Valparaíso se dio la pelea fervientemente contra la policía, a la vez que eran destruidos los locales y mercancías que encarnan la dictadura del Capital. Si bien estas formas de prácticas críticas se vienen agudizando de hace algunos años, es primera vez que se ve con tal intensidad de una manera tan “pulcra” (en el sentido de que la violencia se desató, en principio, de manera contundente y sólo contra aquello que decimos merece ser barrido), y decidida y premeditadamente. Hordas de tapados martillando el asfalto, rasgando la superficie grisácea que se expande por el mundo mercantilizado llamada urbanización, para crear más material con el que darle duro a los esbirros, mientras otros se enfrentaban a ellos con este material y fuego, a la vez que otros habrían los locales de grandes tiendas comerciales para destruir la mercancía (o robarla, que es otra manera de destrucción de las mercancías al desviar la utilidad del objeto). Los enfrentamientos se daban en cada esquina. El material saqueado a las tiendas que era irrecuperable como pantallas e impresorasiba a alimentar el fuego de las barricadas apostadas en esas mismas esquinas. A lo lejos se comenzaba a divisar el humo de la farmacia que se consumía por el fuego. Y hasta ahí todo bien.

Para partir estas reflexiones críticas hay que partir por posicionarse con respecto a lo sucedido. La muerte de Eduardo Lara es lamentable, pero los accidentes pasan y damos por hecho que casi nadie de entre quienes celebramos el incendio pensó en el momento en las consecuencias últimas que esto podría tener. El título de guardia le quedaba grande al viejo, que en la práctica no pasaba de ser nochero, y que a su edad tenía que hacer todavía dos pegas de mierda para “ganase la vida” (¿¡le podemos decir a esto vida!?). Quienes celebran la muerte del viejo porque era guardia o porque “cada ciudadano es cómplice”, o bien son de los compañeros que están entrampados en la creencia de que basta el con la destrucción física de lo existente para su abolición o bien no creen siquiera posible la destrucción real del mundo de la mercancía. Con los ‘compas’ que sufren de un nihilismo autoderrotista y que no creen posible la superación real del capitalismo y la destrucción del Estado, o sea, no creen en la revolución (con lo que asemejan tristemente a los ciudadanos de los que se creen tan distantes), no nos interesa entrar en mayor diálogo, por lo menos por esta vez y en lo respecta a este punto. Están reflexiones están dirigidas a quienes sí creemos posible la destrucción de lo existente y orientamos nuestras prácticas en esa dirección.

Los discursos esgrimidos desde la izquierda y la ultraizquierda tampoco son un aporte a la práctica subversiva. La izquierda patética tiene un discurso fundamentalmente ciudadanista y ni siquiera merece una réplica aquí. La idea de que los ‘violentistas’ (como si la violencia fuera una cualidad particularmente nuestra) son en realidad pacos infiltrados pertenece a una izquierda ciudadanista que pareciera que nunca ha asistido a una marcha, o a una izquierda igual de ciudadanista pero que acusa a la infiltración policial para “lavar” la imagen de los movimientos sociales y así sacarse los balazos . Y desde la izquierda más radical se elaboran cuestionamientos tales como “¿de qué sirve atacar locales comerciales que están asegurados y por lo tanto no hay pérdida monetaria para las empresas?” o “¿cómo esto beneficia a los trabajadores?”. El pensar el problema de la destrucción en actos de los edificios capitalistas, la urbanización y la mercancía en términos meramente cuantitativos (pérdida monetaria de las empresas) tiene el riesgo de ser peligrosamente reduccionista. Cuando los subversivos demuestran en actos el rechazo al mundo de la mercancía no sólo lo hacen con el objetivo de provocar la pérdida material para los capitalistas, sino que el acto de destruir explicita en la acción misma su contenido: el rechazo a una forma de vida esclavizante que se encarna en estos objetos. Además, lejos de ser mero simbolismo, la destrucción y el enfrentamiento con la policía son una subversión real pero momentánea del tiempo y espacio que el capitalismo nos usurpa en todo lugar y en todo momento. Por último, lo que esta izquierda radical entiende por “beneficios para la clase trabajadora” serían las victorias de luchas parciales y reformistas que, si bien en ciertas ocasiones puede adquirir un carácter algo subversivo, en la práctica no dista de un programa socialdemócrata, como pasa con todas las variantes de izquierda leninista y/o disque libertaria y plataformista. Por lo que, teniendo en vista su perspectiva socialdemócrata de la revolución, es comprensible que en más de algún punto nuestra práctica tenga que chocar con la de ellos. Si hay luchas de la clase trabajadora que nosotros consideremos revolucionarias son aquellas que sirvan a la destrucción de las clases y el trabajo.

La “eficacia” de las distintas acciones vista desde términos como los que mencionamos más atrás tampoco interesa aquí. Aquí interesa poner en tensión nuestras prácticas y su eficacia en los términos de una la lucha anticapitalista y antiautoritaria. Para quienes llamamos a la proliferación de las prácticas combativas es difícil que un llamado a poner en cuestión estas prácticas no nos suene inevitablemente a un llamado a la calma y la pasividad. Pero lejos de eso, es un ejercicio esencial e inevitable si lo que se quiere es dotar de dinamismo a nuestra lucha y hacer más certeras nuestras críticas y prácticas. Si ponemos en tensión toda una realidad y llamamos su destrucción apostando a que nada es eterno e inamovible, entonces no deberíamos hacer de nuestras prácticas y las perspectivas que tengamos de ellas algo también algo incuestionable e inamovible.

La cuestión no es un llamado a dejar estas prácticas, sino que a cuestionarlas, a no hacer de ellas un ritual autosuficiente. Para apostar a la propagación de la revuelta se debe entender que la violencia agudizada en cierto punto se puede escapar de las manos y puede resultar en cosas como esta, de manera de actuar teniéndolas en consideración. Hace falta poner en cuestión aspectos éticos, como las consecuencias que ciertos ejercicios de la violencia podrían tener para terceros, pero también incluso cuestiones técnicas del tipo de qué manera puede ser puesta en práctica tal o cuál acción sin que implique riesgos para otros. También vale poner en cuestión, a veces muy a pesar nuestro, si estas prácticas realmente ponen en tensión la realidad, o si responden a veces a cierto fetiche de la violencia (desde la perspectiva de quienes escriben esto, en la realidad están ambos aspectos en distintos matices). Aquí no tenemos fórmulas de cómo movernos desde ahora, ni qué hace falta precisamente poner en cuestión. Lamentablemente puede que éste sea el aspecto sobre el que menos tenemos para decir (a pesar de que haya sido el eje central de estas reflexiones). Quienes escribimos aquí lo hacemos desde la urgencia que implica para nosotros la creación de escenarios agitativos para la ruptura subversiva, de manera que escribimos con una intención bastante lejana a la de un llamado a la calma, sino que al contrario. Porque todavía nos entusiasma y nos esperanza la idea de un 2016 de revuelta es que llamamos a tensionar nuestras prácticas para hacerlas más certeras en sus objetivos.

Algunos creímos que la muerte de Eduardo acabaría con el contenido potencial de revuelta que tenía la coyuntura de este año. Al parecer y afortunadamente nos equivocamos ¡así que a la calle que todavía hay bastante por hacer! ¡Que se hunda el mundo del Estado y la mercancía!

 

Propagalo!

Publicado el Sábado 4 Junio 2016 a las 6:53 pm
Deja tu comentario aqui abajo ▼

Usamos una licencia Creative Commons porque puede servir de algo.

Los contenidos de terceros son señalados respetando a su fuente.

Comentarios

Suscríbete al Boletín

Recibe en tu correo las noticias y articulos

Name
Email *
 

Metiendo Ruido es un colectivo de contrainformación y agitación del Bio-Bio (Región Chilena) | 2010-2014 | Creative Commons | ®